Río 2016: pogo con sus amigas íntimas, lágrimas familiares y miles de pedidos en la noche inolvidable de Paula Pareto

Pareto, con sus amigas
Pareto, con sus amigas Fuente: AFP
La Peque fue homenajeada con un festejo en la Casa Argentina de Río de Janeiro en una noche frenética; cómo describen a Paula sus amigas y su familia
Germán Leza
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7 de agosto de 2016  • 14:08

RÍO DE JANEIRO.- Sus amigas desde que tiene tres años están ahí. Sus padres, sus hermanos y su sobrina también. Paula Pareto intenta llegar a ellos pero es imposible. Se le interponen un alud de cámaras, micrófonos, curiosos y... políticos. Nadie quiere perderse la foto con la única mujer argentina que ganó una medalla de oro en la historia de los Juegos Olímpicos.

"¿Cuándo viene Paula?", consulta un dirigente. "Ya llega, ya llega", responde otro. La ansiedad de la dirigencia argentina tiene varias urgencias: entre ellas, que Thomas Bach , presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), está en la Casa Argentina que se erigió sobre la avenida Embaixador Abelardo Bueno, a 20 cuadras del Parque Olímpico, y donde se la homenajeará a la Peque. También están el jefe de Gobierno de la Ciudad, Horacio Rodríguez Larreta , Gerardo Werthein , presidente del COA, y Carlos Mac Allister , secretario de Deporte de la Nación. Se pensaba que llegaba por la puerta delantera. Allí estaban todos esperando por ella. Pero la ganadora de la medalla de oro en la categoría hasta 48kg entró por la puerta de atrás y la marea, como un scrum, se movió para el lado opuesto. Algún camarógrafo se llevó un golpe y las amigas de Pareto padecieron el histérico oleaje que suelen ofrecer los periodistas cuando se busca una declaración o una foto.

Sin embargo, con el mismo temple que Pareto soporta la presión de los grandes torneos, sabe elegir el momento justo. Se deshace con gracia de sus asediadores de turno y se lanza con sus amigas y amigos a un pogo en el centro de la Casa Argentina. "Olé, olé, olé, olé, Paula, Paula", corean todos y saltan ante el bombardeo de los clics de los fotógrafos.

Después, la marea de periodistas vuelve a raptarla y algunas de sus amigas vuelven a sufrir el arrebato y los empujones. Una de las víctimas de esa frenética manada fue Paty, una de las amigas de la Peque y compañera de fútbol: "Agobia. Nos cuesta entenderlo porque encima Pau es demasiado perfil bajo en su vida. Es gracioso y contradictorio verla a ella en este rol", describe. Con una remera blanca con las inscripciones de los Juegos Olímpicos de Río y un número de atleta con el apellido "Pareto" en la espalda, se identifica al grupo de amigas y amigos de Pareto, que se acercan a la decena y viajaron a Brasil para alentarla. Anto, otra de su grupo íntimo, tampoco puede creer lo que genera la medallista dorada: "Pobre, lo maneja súper bien pero igual...la conocemos de toda la vida y se complica. No podemos abrazarla", se lamenta.

A Pareto la lleven de un lado para el otro. Que una foto con Larreta, otra con Mac Allister o Werthein. La Peque sigue respondiendo preguntas, prestándose generosamente a la entrevista oficial que le hace Leo Montero. Jamás pierde la calma ni el humor. Relojea a su familia y amigas, cómplices de miradas y comentarios. Ante la consulta de LA NACION de cómo la definirían, su amiga Guadalupe sorprende con la respuesta: "Ácida, simpaticona. Es muy agria, la amo", dice. "Impecable", sentencia Anto. "Es única. Se vende con su sonrisita, como la chiquitita, rubia, de ojos celestes, pero tiene el humor más irónico que pueda haber en todo el grupo", se suma Paty. Y, coinciden todas, "es la mejor compañera".

Pareto se abraza con una amiga
Pareto se abraza con una amiga Crédito: Maxie Amena

Mirta Méndez, su madre, que siempre intenta acompañarla en los torneos importantes, es otra de las más solicitadas de la noche. "Es un momento muy especial, con muchos años de preparación y de sacrificio. Es un premio muy merecido. No llega de casualidad, hay mucho trabajo detrás de esto", le cuenta Mirta a LA NACION, disfónica, con el hilo de voz que le queda. En la Casa Argentina, su hermana Estefanía, su sobrina Juanita, y su padre, Aldo, también están presentes. Y alguien más, con la voz desgarrada por la disfonía y la felicidad: su hermano Marcos. Gracias a él empezó practicar judo a los 9 años. "Queremos que se tome vacaciones porque no lo hace nunca. Estamos en la playa y saca los libros de medicina", le cuenta a LA NACION, mientras que por enésima vez le advierten a todos los argentinos que se retiren. Pasaron las 11 de la noche y hace una hora que debía quedar el recinto vacío. Nadie quiere salir. Todos quieren que esa realidad de ensueño se perpetúe para siempre. Aunque eso ya lo es: la doctora Paula Pareto será eternamente dorada.

gl/ae

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