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Murió Nini Flores, un maestro de la música del litoral

Nini Flores, un maestro del chamamé
Nini Flores, un maestro del chamamé
Sufrió una muerte súbita en su casa; tenía 50 años y en 2015 había tocado en el Teatro Colón
Gabriel Plaza
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8 de agosto de 2016  • 13:25

Los correntinos todavía no pueden salir del estupor por la triste noticia. Nini Flores, uno de los músicos más importantes de la música del litoral de las últimas décadas, fue encontrado muerto en su casa, a causa de un paro cardíaco. El chamamecero tenía 50 años y era un maestro de su generación. El año pasado había tocado en el Teatro Colón con su quinteto, la síntesis perfecta entre la tradición y la modernidad, sin perder esa expresión popular del sapucai, que se escucho en varias oportunidades en esa presentación. Hoy la comunidad le rendirá tributo en el Teatro Vera, el más antiguo de la ciudad de Corrientes, donde serán velados sus restos y la gente le dará su último adiós.

Su sonoridad en el acordeón y el bandoneón, su forma de tocar, su sensibilidad, su humor, su formación tradicional y sus búsquedas vanguardistas, lo pusieron en un lugar diferente. Nini Flores fue un eslabón imprescindible del género -una suerte de construcción salganiana que ligó el pasado y el futuro del chamamé-, alguien que supo transitar la oreja musical del chamamecero de a pie y que supo decodificar la fina y compleja trama de la contrapuntística musical del género con sus arreglos. Su estilo, que había surgido de la expresión instrumental tallada en dupla con su hermano el guitarrista Rudi Flores, fundó una nueva escuela y una nueva tradición para las generaciones actuales. Nini no sólo era venerado en el círculo de los músicos jóvenes sino que era respetado por sus mayores y músicos de otros géneros. Su padre Avelino Flores, (otro referente del género) le enseñó los secretos del género y su raíz más popular, cuando tempranamente lo llevó de gira por el circuito de las bailantas chamameceras.

En 1984, con su hermano fundan el dúo Rudi y Nini Flores, después de una actuación en el encuentro Alternativa Musical, que les abre un camino nuevo para mostrar sus composiciones y nuevos arreglos sobre la música litoraleña. En el 92 se fue con Rudi a vivir a Francia, buscando otros horizontes.“Nosotros agarramos el último período de los bailes de campo, donde trabajaban la mayoría de los chamameceros y casi no había lugares para tocar chamamé ni en Corrientes ni en Buenos Aires. Quedamos medio descolocados cuando aparecimos a inicios de los ochenta, por eso cuando salió la oportunidad del viaje a Francia, finalmente, encontramos nuestro ambiente. Tocábamos en salas donde la gente iba a escuchar y no había que animar bailes ni festivales, entonces los requisitos eran otros y es ahí donde uno tiene que enriquecer su música. Nosotros éramos dos solos. Entonces, teníamos que tratar de arreglar los temas imitando el contrapunto del acordeón y el bandoneón, pero con la guitarra. Eso lo va formando a uno y empieza a redondear una idea. Francia nos ayudó a definir nuestra propuesta musical”, confiesa Nini, el músico que toca bandoneón y acordeón alternativamente en este dueto instrumental explosivo.

Junto a Raúl Barboza se transformaron en la avanzada chamamecera que tocó en festivales de world music y el exigente circuito de teatros europeos. Desde esos años, el dúo volvía regularmente a grabar y tocar en la Argentina. En 2010, Nini empezó a quedarse más tiempo en Corrientes y finalmente decidió volver a vivir en esa ciudad. Fue uno de los organizadores del festival Chamamé de Invierno, que lleva siete ediciones en el Teatro Vera y busca revalorizar a próceres olvidados y ser vidriera de figuras emergentes. También armó junto a Gabriel Cocomarola (nieto de Don Tránsito) una peña llamada El Caldero, para darle espacio al chamamé fuera del circuito de festivales. Su último proyecto, el más ambicioso, era su quinteto, una formación con la que llegó a tocar en el Teatro Colón, un día que según contaba no se lo iba a olvidar el resto de su vida.

Esa actuación fue consagratoria para el músico en términos simbólicos. En el mundo de la música todos sabían perfectamente cuál era el aporte de Nini Flores a la continuidad de la música litoraleña como arreglador y compositor. Su concierto en el Teatro Colón tuvo el condimento que por primera vez su figura era el centro y foco de atención de su propia comunidad. El perfil bajo de Nini era diametralmente opuesto a la grandeza de su música. En ese escenario, donde en la década del sesenta había pasado Ernesto Montiel con su legendario Cuarteto Santa Ana y en el que después tocarían otros referentes del género como Antonio Tarragó Ros, Ramona Galarza y el Chango Spasiuk, que grabó su último disco en ese escenario, Nini Flores finalmente se ubicó en el panteón de los grandes del chamamé.

Nini Flores simbolizó toda una línea histórica y musical dentro del género. Es como si todos los chamameceros de distintas líneas estéticas -creadores e intérpretes- hubieran estado representados en su figura musical y el sonido de su fueye: Isaco Abitbol, Ernesto Montiel, Tránsito Cocomarola, Osvaldo Sosa Cordero, Damasio Esquivel, Tilo Escobar, Roque González, Abelardo Dimotta, Avelino Flores, Francisco Casís, Antonio Giannantoni, Miguel Repiso y Blas Martinez Riera. Pero sobre todo, Nini Flores representaba al correntino y su forma de ser, con esa bonhomía que le permtía demostrar su maestría con naturalidad en un teatro o en una casa de familia tocando hasta la madrugada. "Cuando vivía afuera extrañaba las lindas musiqueadas que se arman acá [risas] –con unos pescaditos a la parrilla recordaba en una entrevista en 2012–. En el chamamé se puede dar para la improvisación como en el jazz y es muy común en Corrientes que vengan músicos de distintos grupos para tocar juntos. Acá vienen muchos brasileños que se vuelven locos. Se arman muy buenas juntadas. Justo esta noche tenemos una linda «pescadeada»". Nini encarnaba en su música la complejidad del género y, también, el ritual cotidiano del chamamé, cuando el sentimiento se transforma en un sonido, una expresión, una voz, un paisaje, un lamento y un sapucai.

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