Locarno recibió a su "hija pródiga"

La idea de un lago, lo nuevo de la argentina Milagros Mumenthaler
Diego Batlle
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9 de agosto de 2016  

Carla Crespo en la piel de la fotógrafa Inés
Carla Crespo en la piel de la fotógrafa Inés Crédito: Festival Locarno

LOCARNO.- El regreso de la hija pródiga. Así podría definirse la relación que une a Milagros Mumenthaler con el Festival de Locarno. En principio, porque esta directora nacida en 1977 en la Argentina vivió en Suiza hasta los 17 años y se la considera (un poco) local; pero, sobre todo, porque fue aquí donde en 2011 se consagró con su ópera prima, Abrir puertas y ventanas, al ganar nada menos que cinco premios, incluido el Leopardo de Oro a mejor película. Y la vuelta de la realizadora a su segundo hogar es con otra película extraordinaria, La idea de un lago.

La expectativa por este reencuentro con Mumenthaler se notó ayer en la función de prensa a sala llena en el Teatro Kursaal (ubicado en el mismo edificio donde funciona el casino de la ciudad). Mientras que hoy, luego de la conferencia matinal, se realizará en el gigantesco Auditorium FEVI la función oficial en el marco de la competencia internacional, con la presencia de la directora y también de la actriz Rosario Bléfari, la productora Rosa Martínez Rivero y los suizos de Alina Film que ayudaron a su financiación.

Inspirada en el libro Pozo de aire, de Guadalupe Gaona, La idea de un lago es un bello y melancólico relato que transcurre en distintas etapas en la vida de Inés (Carla Crespo), una fotógrafa que en el presente está por ser madre soltera, ya que se ha separado de su pareja (Juan Barberini). Mientras prepara un libro autobiográfico de imágenes y poemas, intenta encaminar las relaciones con su madre (Bléfari) y su hermano menor, Tomás (Juan Greppi). Pero la ausencia (el fantasma) del padre, desaparecido en 1977, sigue siendo tan fuerte que la protagonista decide contactar al Equipo Argentino de Antropología Forense, más allá de los reparos de su madre.

Buena parte de la película se desarrolla en la zona de Villa La Angostura, donde varias generaciones de la familia han mantenido una casa. Allí transcurren varias escenas antológicas -con Malena Moiron como Inés de pequeña- que van desde unas escondidas nocturnas con linternas dentro de un bosque junto con otros niños hasta una suerte de baile de a dos dentro de un lago con... ¡un Renault 4 verde!

Entre el avance del embarazo, la publicación del libro, la obsesión por la única foto que Inés conserva con su padre y las cuentas pendientes en el seno de la familia, Mumenthaler va construyendo una película fascinante y de múltiples implicancias emotivas. La apuesta visual (la película tiene por momentos un look como de viejas diapositivas) elaborada con el fotógrafo suizo Gabriel Sandru, el impecable trabajo con el sonido, el uso de la música (de New Order a Neil Diamond, pasando por un tema final de Daniel Melero), la credibilidad de las actrices y, sobre todo, la enorme sensibilidad y capacidad para el detalle y la observación precisa de Mumenthaler convierten a La idea de un lago en una experiencia profunda y duradera.

En diálogo con LA NACION, la directora de premiados cortos como El patio y Amancay expresó que "el tema de la memoria está presente en toda la película, desde ese lugar donde los recuerdos y la imaginación se entremezclan e irrumpen en el presente, y también al hacer memoria desde un derecho cívico. En el libro y en la película el tema de los desaparecidos está descripto no desde los hechos histórico-políticos, sino desde un lugar de intimidad. Preferí concentrarme en lo que queda y cómo se vive con esa ausencia. El principal reto estaba en cómo representar las líneas de pensamiento y mostrar las sensaciones, los estados de ánimo de Inés".

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