Río 2016: de la favela al oro: Rafa, la chica que sacudió a Brasil

La judoca se crió en la villa Ciudad de Dios; en Londres 2012 padeció ataques racistas de compatriotas y ahora le dio el primer éxito a su país
Javier Saúl
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10 de agosto de 2016  

Fuente: LA NACION

RÍO DE JANEIRO.- La historia de Rafaela Silva, como las de millones de brasileños, comenzó en el siempre complicado entorno de una favela. Aunque no fue en un barrio cualquiera. "Rafa" creció a los golpes en "Ciudad de Dios". El destino quiso que abrieran un gimnasio en su cuadra y que su padre la llevara a inscribirse en judo . Tenía ocho años y ya se notaba que era distinta. Así fue como el proyecto de inclusión social Instituto Reação apuntó su nombre y la sumó a su grupo de entrenamiento. El primer día terminó mareada. No era la exigencia. Era hambre.

Del rescate de su padre pasaron 15 años. El deporte la alejó de los problemas de sus vecinos, pero no le sacó el orgullo de pertenecer. "Los macacos tienen que estar en su jaula", le escribieron en las redes sociales cuando participó en los Juegos de Londres en 2012 y fue eliminada por un golpe no permitido. Los ataques racistas se multiplicaron y ella, con mucha bronca, contestó y dijo estar preparada para 2016.

Fuente: LA NACION

Atacada por sus compatriotas, el lunes a la noche protagonizó el guiño cinematográfico perfecto: se coronó campeona olímpica en la categoría de hasta 57 kilos y le dio la primera medalla dorada a Brasil en Río 2016. La primera presea en casa, y en la ciudad que la vio crecer. Ayer, alguien monopolizó las tapas de los diarios, los minutos en televisión, los comentarios en las calles. "Un oro con la cara de Brasil", título Correio Braziliense. "Rafaela de Dios", añadieron en las páginas internas. Estado de Minas fue más allá: "Mujer, negra, pobre y guerrera. Rafaela es la cara de Brasil".

El deporte transformó la vida de Rafa y le dio la gloria olímpica en el Carioca Arena 2. Para hacer realidad el sueño de todos los deportistas brasileños que participan en la cita, Rafaela Silva doblegó con un waza-ari a la representante de Mongolia Sumiya Dorjsuren.

Emocionada tras llevar su nombre a las portadas de todos los medios impresos locales, Silva confesó que se había entrenado "al máximo durante todo el ciclo olímpico". "Salía de los entrenamientos llorando porque realmente deseaba esta medalla. Por suerte, trabajé lo suficiente como para conquistarla", señaló. Y no se olvidó de sus orígenes: "Nací en una comunidad que no me permitía plantearme muchos objetivos en la vida. Soy de Ciudad de Dios. Empecé a practicar judo por diversión y ahora soy campeona mundial y olímpica".

En Río de Janeiro logró en 2013 su primer título mundial de la categoría de hasta 57 kilos, pero después de tres años sin grandes resultados en el plano internacional la brasileña debió despojarse de los nervios y pelear con determinación por el oro olímpico. Una consagración que se repite en casa, cerca de su padre, Luiz Carlos; de su mamá, Zenilda, y de su hermana, Raquel. La que según muchos era tan buena como Rafaela o mejor, pero que tuvo que dedicarse a criar a sus hijos desde los 15 años.

Después de lograr la medalla dorada, Rafaela recordó su pasado y envió un mensaje a los posibles sucesores. "Quiero demostrar que una niña que salió de Ciudad de Dios y comenzó en judo por diversión es hoy en día campeona mundial y olímpica. Si tenés un sueño, tenés que creer", dijo, antes de dedicarles la conquista "al pueblo brasileño, a la familia y a amigos ".

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