Río 2016. Paula Pareto, íntima: a qué le tiene miedo, el país que admira y su filosófica definición del amor

Paula Pareto
Paula Pareto Crédito: Maxie Amena
La campeona olímpica le da más valor a la medalla que al título de médica; sus gustos y sus temores, en una entrevista con LA NACION
Claudio Cerviño
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11 de agosto de 2016  • 00:01

RIO DE JANEIRO.- Ya pasaron las tensiones. Es reconocida a cada paso en la Villa Olímpica, donde todavía permanece después del fin de semana que esperó durante más de 20 años de carrera. Esa imagen en su cuenta de twitter, con el mensaje "Y si te despertás y tu sueño se hizo realidad???", con la medalla dorada y una sonrisa que ilumina aún más sus ojos celestes, es el reflejo de lo que le está pasando a Paula Pareto. Felicidad que parece incontenible dentro de su 1,50m compacto. Es el tiempo del descanso de la guerrera, de la luchadora, de la doctora. Que tiene mucha vida interior para conocer.

-¿Te levantás cada día como campeona olímpica y qué te pasa?

-Tengo la felicidad inconsciente de que se logró un objetivo muy importante. Está muy fresco. Concreté un viejo sueño. Soy feliz.

-Son los Juegos Olímpicos de la emoción por las despedidas: Phelps, Bolt, la Generación Dorada. Vos también emocionaste a todos…

-Sí, por los mensajes que he recibido, todos me dijeron que lloraron conmigo. Hubo mucha emoción. Creo que la gente sabe y valora el esfuerzo que hicimos para llegar ahí.

-¿Qué cosas te sensibilizan en la vida?

-Uhhh, los niños, los ancianos, los animalitos.

-¿Sos de buen humor o cabrona?

-Je, más o menos, depende el día. Me encabrono a veces, pero también intento tener buenos días.

-Al ganar la medalla hablaste de sacrificios. ¿Cuáles eran: no ir al cine, a bailar, una comida?

-No, nada de eso me saca el sueño ni es mi perdición. Lo que más me costó siempre fue dejar a mi familia por los viajes, o perderme cumpleaños familiares en donde está la gran masa de la familia. Me cuesta mucho no estar cuando se hacen reuniones porque es lo que mejor me hace a mí y a los que quiero.

-Recibirte de médica o la medalla dorada: ¿qué te emocionó más?

-Son dos cosas diferentes. Si tengo que decir la verdad, la medalla dorada. Uno compite y va a dar lo mejor, pero también del otro lado hay alguien que está compitiendo. El hecho de estudiar y recibirte depende más de uno. Si uno estudia, tarde o temprano va a aprobar. Fue un gran logro recibirme, pero nada comparable con la medalla.

-En todos esos años que te la pasaste viajando, de Tigre a La Plata para estudiar, ¿nunca sentiste hastío y ganas de dejar todo?

-No, no se me cruzó nunca por la cabeza. Siempre pensé que se podían hacer las dos cosas a la vez. Sin desesperarse, encontrándole el tiempo a cada cosa. Por la acumulación de materias, al final me recibí dos años más tarde de lo normal, pero no fue un problema. Yo sabía que iba a terminar, quizá con un poco más de delay que mis compañeros.

-¿Qué te gusta de la traumatología?

-Me gusta la medicina en general, el hecho de poder ayudar. Me gusta mucho como funciona todo el cuerpo humano. La traumatología tiene mucho que ver con la parte deportiva y con las lesiones que uno sufre, para ver cómo curarlas y volver a rendir de la misma manera. Por ahí fue eso lo que me atrajo: lo deportivo.

-Has viajado bastante. ¿Qué lugar te impactó más?

-Japón. Me gusta mucho su cultura, porque es diferente al resto del mundo. Tienen un orden innato, nadie debe decirles nada: lo llevan incorporado. Y siempre están a disposición del otro.

-¿Qué cosas te arrancan una sonrisa fácilmente?

-Una sonrisa de mis sobrinitas. Y los chistes tontos.

-¿Qué es el amor en tu vida?

-El amor, en el amplio sentido de la palabra, es una de las cosas por las que uno puede llegar adonde llega. Gracias al amor de mi familia, amigos y entorno, me sentí cargada de energía y pude explotar en estos Juegos Olímpicos. El amor es una de las fuerzas que no se ven y que son más importantes que cualquier otra cosa.

-¿A qué le tenés miedo?

-(Piensa) Tal vez, hoy en día que en la Argentina hay inseguridad, me da miedo que le pueda pasar algo a mi familia o que alguien pueda hacerles algún mal.

-¿Y terror? La oscuridad, la muerte, las alturas.

-Los miedos o terrores internos no existen si uno no los crea. Hay cosas que tal vez no te gustan, pero no por eso deben dar miedo. Apuntás hacia el otro lado y listo. Le tengo miedo, sí, a lo que no depende de mí. No a lo que depende de uno porque yo lo manejo.

-¿Ves los atentados en el mundo, tan repetidos en los últimos dos años, y qué te provoca?

-Es un gran dilema mundial. Eso me puede dar miedo porque uno no sabe dónde termina todo. Está bueno preocuparse, darles la atención que necesitan para tratar de evitarlos.

Crédito: Maxie Amena

-Sos un ejemplo de deportista, médica. Quizás algún algún día te tienten para la política. ¿Te interesa?

-No, para nada. No es un ámbito en el que me pueda manejar. No lo entiendo tampoco.

-¿La Villa Olímpica es un sexódromo como dicen? Se habla de mito, pero los preservativos los reparten y en cantidad.

-Por mi parte, sí, es un mito. Pero no puedo hablar por los demás. Nunca escuché nada.

-¿Cómo se dio esa foto que te alzan Ginóbili, Nocioni y Delfino?

-¡Genial! Estábamos los 4 juntos y decíamos "¿Nos sacamos una foto?". La hicimos, todos abrazados. Pero buscamos algo más divertido. Y ahí me alzaron. ¡Quedaba muy baja para ellos…!

-Viste lo que contó Jenni Dahlgren, que de chica sufrió el bullying en el colegio por su cuerpo y peso. ¿Tu altura te trajo problemas?

-Sí, siempre hay alguno que te carga por la altura, por una cosa o por la otra. Nunca me interesó mucho la opinión de quien quiere agredir o hacer un mal. Si alguien lo hacía... bueno, tampoco es que era una gran mentira si me decían enana, ¿no? Son agresiones innecesarias. Depende de uno si las toma o no, y sabiendo de quién viene sobre todo.

-¿Cómo te ves dentro de 10 años?

-Pegada al judo me quisiera ver. Pero me veo ya trabajando como médica, que es lo que estudié y quiero hacer.

-Te pregunto otra vez, como el sábado, por Tokio 2020. ¿Lo ves en tu horizonte?

-La respuesta es la misma. Hoy intento disfrutar de este momento maravilloso, voy ahora a dedicarme a la parte médica. Eso no quiere decir que vaya a dejar el judo. Quiere decir que ahora es momento de dedicarme a eso porque hay un tiempo para cada cosa. El tiempo para lo deportivo estuvo hasta hoy. Ahora se vienen dos años tranquilos, entre comillas, porque no hay clasificación olímpica ni nada, así es el momento de recuperar terreno ahí.

-Si la coreana te hacía el Ippon a los 10s de la final, ¿cómo serían tus días hoy?

-Seguramente me vendría a la cabeza esa imagen… ¡Ufff! Te lo estoy diciendo y lo estoy viendo… Pero zafé. Creo que inconscientemente me bajonearía, pero ojo: una medalla olímpica hubiese sido festejada siempre.

cc/ae

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