Las preguntas del Museo del Mañana

Jorge Búsico
Jorge Búsico PARA LA NACION
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11 de agosto de 2016  • 00:10

El excelente Museo del Mañana (Museu do Amanhá), ubicado en el comienzo del precioso Boulevar Olímpico, en el Porto Maravilha, a la vera del mar y mirando hacia la parte vieja de Río de Janeiro , invita, entra tantas otras lecciones, a una pregunta crucial: “¿Dónde vamos?”. No podemos saber aún qué será del rugby en el futuro, pero lo que sí está claro es que dio dos pasos hacia adelante después de estos seis días olímpicos que se iniciaron el viernes y que concluirán hoy con los hombres compitiendo por las medallas, lucha de la que los Pumas quedaron anoche eliminados tras un partido de altísima tensión con Gran Bretaña, que había finalizado en cero en el tiempo reglamentario.

El estadio de Deodoro, que en estos días cobijó a variados efectos climáticos (sol rabioso, lluvia, viento), tendrá en el futuro un significado especial, ya que fue el escenario en el cual el rugby no sólo produjo su regreso a los Juegos Olímpicos después de nueve décadas, sino en el que hizo pie y hasta los conquistó. Primero con las mujeres y luego con los hombres, el rugby fue un éxito en Río 2016; más aún al ser Brasil un país con escasísima tradición y presencia rugbística.

En Deodoro se observaron imágenes que sólo pueden darse en los Juegos Olímpicos: un señor vestido con la tradicional camiseta de fútbol, la verdeamarelha, preguntándole a otro: “¿Cuánto vale eso?”. Eso era un try. Por eso mismo, esta larguísima vuelta del rugby al mundo olímpico ha sido tan importante, porque de aquí se llevará, sí o sí, nuevos jugadores y espectadores. Lo que no se puede saber son cuántos ni por dónde se repartirán. Agustín Pichot , vicepresidente de la World Rugby y en su momento uno de los hombres que llevaron adelante el Operativo Regreso, da su visión fundamentada: “Esto impactará todavía más en muchos países que seguirán invirtiendo en el rugby y en los que el XV no puede entrar”.

Que el rugby de 15 jugadores –el más tradicional y el de más adeptos– no se termine pisando o chocando con el de 7 después de la experiencia olímpica es uno de los aspectos cruciales en el armado de la estrategia de la World Rugby en la búsqueda de nuevos mercados y de globalizar este juego. “Haremos calendarios y todo lo posible para que se potencien y no se pisen”, agrega Pichot, enfatizando también el éxito que significó Río 2016 para el rugby femenino.

Porque lo que sí parece una tendencia es que el Seven tiene más posibilidades de crecer que el XV. No sólo porque es más fácil juntar 7 que 15, sino también porque por las características del juego –más veloz, menos tiempo, sin formaciones fijas determinantes– lo hacen más ameno para países que tienen el rugby como un deporte fuera de su órbita de elite, especialmente en Europa y América latina.

El gesto de argentinos y brasileños abrazados después del partido de ayer, contrarrestando la ridícula rivalidad que se da en las tribunas, confirma que el rugby tenía que estar en los Juegos Olímpicos. Porque también responde al “¿Cómo queremos vivir?”, otra de las cruciales preguntas que plantea el Museo del Mañana.

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