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Fútbol de ascenso

El regreso de Mandiyú: volverá a jugar, con el sueño de llegar a Primera división

Juan Ignacio Provéndola
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12 de agosto de 2016  • 20:16

Después de ocho años inolvidables en Primera en la década del 90, su gerenciamiento, el descenso, la desaparición y varias refundaciones simultáneas, Mandiyú de Corrientes volverá a ser. Volverá a ser uno solo, en principio, tras la acordada fusión de los dos equipos que actualmente competían con su nombre y que, este domingo a las 16, contra Ferroviario de Corrientes, representará en el Federal B al estandarte más importante que tuvo la historia del fútbol del Nordeste argentino.

Crédito: Facebook orgullo correntino

Un viejo proyecto planeado en 2010 pensaba a Mandiyú de vuelta en Primera ocho años más tarde. Para ese plazo hacen falta dos, tiempo en el que el Algodonero deberá lograr sucesivamente subir del Federal B al A, de allí a la B Nacional y luego, por fin, a la A. Aunque el futuro aún no llegó, la ilusión se macera recostándose en el pasado. Y mal no hace: el presente de la denominada Alianza de los Mandiyú es pura expectativa sostenida por una historia que aún resplandece en la memoria.

De sueño entre algodones a equipo de Primera

El Deportivo Mandiyú fue fundado en 1952 por trabajadores de la empresa textil Tipiotí (por eso su apodo: Algodonero). Durante varias décadas compitió únicamente en la Liga Correntina, que dominó a su gusto. Semejante performance doméstica estimuló nuevas ambiciones, y así fue como Mandiyú llegó al Nacional B en 1985. Tres años más tarde se produjo una temporada inesperada: al cabo de la misma, el verde salió campeón, ascendió a Primera y, además, jugó una clasificación a la Libertadores con San Lorenzo, subcampeón de la A, a quien le empató los dos partidos pero quedó afuera por la ventaja deportiva a favor del más poderoso.

Después de varias campañas modestas, Mandiyú de repente se vio entreverado en la disputa grande. Sucedió en 1991, cuando conformó un equipo discreto pero laborioso. Humilde pero sólido. La muestra está en que, por ejemplo, no consiguió victorias rutilantes, aunque al mismo tiempo consolidó la segunda valla menos vencida de las 20 que estaban en disputa. De esa ecuación salió un impensado tercer puesto, detrás de Boca, el campeón, y de San Lorenzo, el escolta.

En tiempos donde aún no existía cupo máximo para extranjeros, Mandiyú fortaleció su músculo con sangre guaraní, tan irrigada en Corrientes. Por lo general, en el once inicial, los argentinos eran apenas una minoría entre varios paraguayos y algunos uruguayos. Desde el goleador Adolfino Cañete hasta el internacional charrúa Pedro Barrios, pasando por Alberto Mendoza, Roberto Lugo, Félix Torres y, acaso, el jugador más emblemático de aquella era: Guido Virgilio Albarenga. Entre los criollos, en tanto, resuenan dos finalistas de Italia ’90: Julio Olarticoechea y José Basualdo.

Sin embargo, la fiesta de Mandiyú en Primera dejaba una sangría económica que la dirigencia no supo resolver. Por eso Eduardo Sefferian, su principal fundador, intentó varias veces entregar el club a manos privadas, algo que la AFA finalmente aprobó en el 1993. El diputado menemista Roberto Cruz asumió como gerenciador y, en ese solemne acto, se firmó la lenta defunción del respetado equipo correntino, que desaparecería dos años después.

La otra mano de Dios

La primera gran medida de Cruz fue la contratación como entrenador de Diego Armando Maradona, en 1994. Suspendido como jugador desde el Mundial de Estados Unidos, Diego intentó reconectarse con el fútbol en Corrientes pero los resultados no lo acompañaron. Queda como recuerdo el 2-2 frente a River, en el Monumental, donde comenzó ganándole 2-0 al equipo que, dirigido por el Tolo Gallego y liderado por Enzo Francéscoli, obtendría invicto aquel Apertura 1994.

Crédito: Facebook Mandiyu

La campaña de Maradona, que se traho a Sergio Goycochea y dirigió en dupla con Carlos Fren, fue muy pobre: apenas un punto de cada diez disputados. Su renuncia fue tan inevitable como el descenso de Mandiyú, que tras ocho años en Primera volvía al Nacional B. Aunque, en rigor de verdad, eso jamás sucedió: el club arguyó que estaba imposibilitado para afrontar esa competencia, por lo que renunció a su plaza y fue desafiliado. A diferencia de las grandes canciones, que por lo generan concluyen en un armonioso fade-out, Mandiyú precipitó su final cuando todavía no había sonado ni el estribillo.

Si bien la reciente inscripción de Mandiyú supone la vuelta del legendario equipo a la competencia fuerte (el Federal B es cuarta categoría) lo cierto es que la épica del retorno no es de ahora, sino que se viene macerando desde hace varios años.

Los dos Mandiyú y la disputa en el NEA

El primer mojón del largo regreso data de 1998, cuando un grupo de hinchas creó Textil Mandiyú, aunque sin relevancia deportiva. Por eso, algunos de esos dirigentes se abrieron del proyecto original y fundaron en 2010 un club con el nombre del viejo Deportivo. A pesar de los años críticos, el sentimiento correntino por Mandiyú era todavía tan grande que hasta había hinchas para repartirse cuando ambos equipos se enfrentaron tanto en la liga local como en los torneos federales.

El fútbol del NEA fue encontrando nuevos interlocutores en las categorías supremas. Primero fue Huracán de Corrientes, dueño de la cancha en la que siempre jugó Mandiyú y heredero de aquella plaza vacante. En otra campaña fulgurante también logró subir a la A, aunque descendió al año siguiente y finalmente se perdió en divisiones menores. Sin llegar a Primera, el vecino Boca Unidos se mantiene desde hace varias temporadas en la B Nacional, anotándose para siempre un triunfo sobre River en el mismo fin de semana que Boca Juniors ganaba el Apertura 2011.

Más cerca en el tiempo, Misiones también empezó a discutir el liderazgo futbolístico de la región, sobre todo a partir de la aparición de Crucero del Norte, institución creada por la homónima empresa de transporte en la localidad de Garupá, a 40 kilómetros de Posadas. Su estadio con grama amazónica era temido por todos los rivales, incluso por los que que Crucero debió enfrentar en Primera, cuando ascendió beneficiado por los diez ascensos regalados como mesa de saldos en 2015. En la misma temporada que Crucero jugó en la A, lo hizo en la B Nacional un histórico de la provincia, Guaraní Antonio Franco. Aunque, al término de la misma, los dos equipos radicados en Posadas descendieron.

Hoy se apunta en ese objetivo de fútbol de primera el nuevo Mandiyú. Que, más que refundado, fue reunificado: por eso mismo, su nuevo nombre será Alianza de los Mandiyú. El debut será el domingo, frente a Ferroviario de Corrientes, por la Zona B de la Región Litoral Norte, que también comparte con equipos de Chaco y Misiones. La misión será terminar en los dos primeros lugares del grupo para a los Cuartos de Final y aspirar a uno de los cuatro ascensos al Federal. Es la primera escala de este sueño de ascenso.

Es cierto que Mandiyú no tiene los jugadores renombrados ni la fortaleza institucional de otros tiempos. Aunque, al menos, cuenta con un buen estímulo para encausar una ilusión compartida: sus hinchas (que también fueron un trazo importante de su historia grande) ya no deberán dudar entre dos opciones diferentes para ir a ver al equipo que siempre quisieron acompañar.

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