Por todos los frentes: en plena pulseada con Occidente, Putin copa la escena global

Volvió a convertirse en figura central de la geopolítica mundial con su intervención en la guerra siria, la alianza con Erdogan y hasta una participación en la campaña en EE.UU.
Luisa Corradini
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14 de agosto de 2016  

Crédito: Ippoliti

PARÍS.- Vladimir Putin acaba de hacer un regreso espectacular a la escena internacional. En la pulseada que lo opone a Occidente, todo parece darse a su favor: su papel central en la guerra de Siria; su reconciliación con el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan; el voto británico a favor del Brexit, y hasta la supuesta intervención de sus espías para sabotear la campaña de Hillary Clinton.

Dos años después de las sanciones occidentales contra Moscú por su invasión a Ucrania y la anexión rusa de Crimea en 2014, todos los ojos -y los temores- han vuelto a fijarse en Putin, que parece haberse erigido en figura ineludible de la geopolítica mundial.

Siria es el mejor ejemplo. En un año, y gracias a una masiva intervención militar, el presidente ruso logró su objetivo principal: estabilizar el régimen de Bashar al-Assad, al borde del derrumbe, a pesar del apoyo que acuerda la alianza occidental -y sobre todo de la CIA- a los rebeldes.

"Hay que reconocer que Rusia ganó la guerra proxy [por procuración]. Al menos por ahora", reconoce Michael Kofman, investigador en el Woodrow Wilson Center, de Washington. Los éxitos rusos en el campo de batalla sirio procuraron a Moscú, aislado desde 2014, un nuevo papel en las decisiones globales sobre el futuro de Medio Oriente. Tanto, que a pesar de las sanciones occidentales que aún pesan sobre Rusia, la administración norteamericana negocia con el Kremlin un plan para compartir inteligencia y coordinar bombardeos en Siria contra Estado Islámico (EI) y otros grupos militares.

"En Siria, Putin logró prácticamente todos sus objetivos: mantener a Al-Assad en el poder, conservar sus instalaciones navales de Tartús en el Mediterráneo e incluso abrir una base aérea un poco más al norte, en Latakia, donde despliega la tecnología rusa más sofisticada.

Convencido de que Estados Unidos y la Unión Europea (UE) pretenden dominar a Rusia, Putin intenta formar un frente antioccidental, aliándose incluso con sus enemigos naturales. De ahí su acercamiento con China y con Irán, pero sobre todo su reconciliación con Erdogan, un hombre que dirige un país miembro de la OTAN.

El presidente ruso, Vladimir Putin
El presidente ruso, Vladimir Putin Fuente: Archivo

"Esa y otras razones geoestratégicas, militares e incluso históricas definen a Rusia y a Turquía como antagonistas. Pero, acusados de autócratas por Europa y Estados Unidos, Putin y Erdogan se acercan para ser más fuertes. Aunque esto vaya en contra de sus intereses genuinos", afirma la especialista norteamericana Anne Applebaum.

Ambos llegaron al borde de la guerra hace pocos meses, cuando cazas turcos derribaron un bombardero ruso en la frontera entre Siria y Turquía, y defienden campos antagónicos en Siria y en Medio Oriente en general. Ahora, muchos líderes de la OTAN evocan abiertamente la posibilidad de una guerra con Rusia por culpa de Turquía.

En esa lucha contra Occidente, Putin también parece haber ganado puntos con los resultados del referéndum británico, cuyos electores optaron por dejar la UE, y con la ola de reivindicaciones separatistas que desencadenó un futuro Brexit. Sin propiciarlo se convirtió así en líder de todos los extremismos antieuropeos de derecha y de izquierda que van a verlo en peregrinación y que él usa para sus propios fines. Muchos, sin embargo, creen que esa felicidad podría transformarse rápidamente en lágrimas.

"El contagio de ese proceso separatista podría devorar a Rusia y provocar su desintegración", afirma el periodista ruso Dimitri Zapolsky, exiliado en Finlandia. "Nadie ignora que la falsa unión de los países que integran la Federación Rusa es una marmita caliente. Putin es perfectamente consciente. Por eso hará todo lo posible para evitar el desmembramiento de la UE", analiza. "Obviamente, a la opinión pública le dicen exactamente lo contrario en televisión", agrega.

Putin es maestro en el arte de la desinformación. La usó cuando anexó Crimea e invadió Ucrania, lanzó ciberataques contra Finlandia y los países bálticos, y "plantó" historias falsas en Alemania para comprometer a la canciller Angela Merkel. En la Guerra Fría, el Kremlin interfirió en la política occidental durante décadas.

"Hace cinco meses anunció con bombos y platillos que las tropas en Siria regresaban a casa. Y ahí siguen", comenta Arkady Ostrovskyaug, editor responsable de Rusia y Europa del Este en el semanario The Economist.

"Por esa razón, el espionaje ruso de los e-mails del Comité Nacional Demócrata, que habría beneficiado voluntariamente la campaña de Hillary en desmedro de Bernie Sanders, seguido por su publicación en WikiLeaks, estaba destinado a no pasar a mayores", dice Ostrovskyaug. Se podría decir, sin embargo, que el líder del Kremlin logró la hazaña de influir en la campaña estadounidense, después de que los demócratas denunciaran ese espionaje. De hecho, Hillary alertó sobre el peligro de que Rusia interfiriera en el proceso democrático y ponga en riesgo la seguridad nacional.

"Es sólo el último ejemplo de cómo Putin usa la información como arma -dice Ostrovskyaug-. Como lo son las recientes denuncias de atentado ucraniano en Crimea. En vísperas de elecciones legislativas y con una economía al borde del estancamiento, según la propia agencia de estadísticas rusa, hay que hacerle pensar otra cosa a la gente." A su juicio, es necesario matizar los recientes éxitos de Putin, "porque no todo lo que brilla es oro para el líder ruso".

Así parece confirmarlo el brutal despido esta semana de Sergei Ivanov, su íntimo amigo y mano derecha durante casi 20 años. A pesar de que el interesado afirma que partió por propia voluntad, todo indica que fue despedido. "Si así fue, se trata de la confirmación de que existe una situación explosiva en el Kremlin", señalóLe Monde.

Considerado desde siempre como la figura más influyente de la elite rusa, participó en la decisión de invadir Crimea en 2014. Sus posiciones extremas influyeron en el conflicto con Ucrania, la intervención rusa en Siria y el enfrentamiento con Occidente. Desde el 12 de agosto, el ex hombre fuerte del régimen se desempeña como "representante especial para la ecología y el transporte". Y Putin comenzó a reemplazar esa vieja guardia de la KGB por jóvenes burócratas que le son ciegamente fieles. La gran incógnita que todos se plantean es cuál es la razón.

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