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Río 2016

Las 11 mejores anécdotas de la Generación Dorada

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18 de agosto de 2016  • 08:54

RÍO DE JANEIRO.- Luis Scola va a jugar un tiempo más en la selección argentina de básquetbol. Carlos Delfino , también. Pero con los retiros de Manu Ginóbili y Andrés Nocioni , el equipo pierde gran parte de los sobrevivientes de la Generación Dorada, ese grupo de jugadores que hizo historia y se colgó el oro olímpico en Atenas 2004. Sin dudas, dejaron una huella deportiva difícil de igualar. Imposible de borrar. Pero también sellaron a fuego una marca fuera de la cancha, contagiando valores y costumbres que adoptaron los nuevos jugadores. Hay infinidad de historias que cuentan el detrás de escena de todos estos años de éxitos. LA NACIÓN recuperó las 11 mejores anécdotas de este grupo, gracias a las notas que publicó tiempo atrás el periodista Miguel Romano, quien siguió de cerca los tiempos de gloria, y a la búsqueda documental.

1. El juramento que inició todo

El australiano Aaron Trahair, un ex basquetbolista retirado desde 2008, puede decir que "creó" a la Generación Dorada. Claro, no tuvo nada que ver con la formación del equipo ni con la selección de jugadores ni con haber sido una influencia deportiva. Él puso la piedra fundacional al marcar el triple sobre la chicharra que eliminó del Mundial Sub22 de 1997 a la Argentina en semifinales, conformada por varios jugadores que luego ganaron el oro olímpico. Es que después de esa derrota, cuando aún las lágrimas caían por los rostros de los jugadores, se hicieron un juramento: "Tratar de hacer grande al básquetbol argentino y ponerlo en los primeros puestos del mundo". Vaya si lo han cumplido.

2. El día que acosaron al Yacaré Kammerichs

Manu Ginóbili está en el edificio argentino, en el hall de entrada, en plena competencia de Pekín 2008. Junto al Yacaré Kammerichs observa un mapa de la Villa Olímpica que está pegado en la pared, justo al lado de la puerta principal. Con el dedo Manu apunta un lugar donde le dijeron que se come bien y no hay muchos atletas. Junto a ellos, un directivo del Comité Olímpico Argentino le recomienda a Manu que ese restaurante es muy concurrido y que los deportistas de las demás delegaciones no lo dejarían comer en paz. Rápido, el Yacaré, de casi nula exposición pública, acotó: "Sí Manu. Es terrible. Ayer estuve comiendo ahí y me reconocieron; no pararon de pedirme fotos y autógrafos". La carcajada de todos los presentes fue instantánea por la ocurrencia. Luego, los dos se fueron riéndose y caminaron rumbo al corazón de la Villa.

Kammerichs, en la Villa Olímpica
Kammerichs, en la Villa Olímpica Fuente: Archivo

3. La peor manera en la que Manu recibió la mejor noticia

La selección que se preparaba para el Mundial de Grecia 1998 estaba concentrada en el hotel Claridge, de Buenos Aires. El técnico Julio Lamas tenía 13 jugadores y hacía una semana que postergaba la decisión de cortar al último integrante. "Manu no me dejaba hacerlo. Cada día se entrenaba y jugaba mejor los amistosos; hasta los propios compañeros se asombraban, pero yo tenía en su puesto a Jorge Racca, que era un consagrado y con alto poder goleador. Era apostar por el debut en la selección mayor de Ginóbili o quedarme con un gran jugador como Racca; no tenía alternativas", cuenta el coach. Cuando ya no quedaba más tiempo y luego de meditarlo mucho, Lamas se decide. Llama a Racca a su habitación y le da la peor noticia. "Después de eso me quedo en la cama, tirado, destruido. Es el momento más ingrato de cualquier entrenador; muy doloroso. Lo otro, informarle a Manu, que por entonces tenía 21 años, que jugaría el Mundial era más lindo, más fácil, y se lo iba a decir después de que me recuperara", agrega el técnico. Lo insólito fue que Racca, al salir de la habitación, toma el ascensor y se encuentra con Ginóbili. "Me cortaron. Te felicito: quedaste en el equipo", le dice el pampeano. Así comenzó su carrera con la celeste y blanca el más grande de todos los tiempos. Después, en Grecia, no sólo se lució, sino que siendo suplente protagonizó la mejor jugada del torneo tras tomar un rebote que terminó con una volcada sensacional. También regaló este bloqueo:

4. Para no arriesgar, que juegue "este chico" Ginóbili

Año 1999. El seleccionado argentino disputaba en Tijuana una serie de amistosos antes de participar en el Preolímpico de San Juan de Puerto Rico. La humedad era insoportable y las condiciones para jugar eran realmente muy malas. El parqué estaba en pésimo estado, pero eso no era lo peor: el clima húmedo lo había convertido en un peligro, lleno de agua, muy resbaladizo. Nadie hacía pie y todos patinaban. Entonces, Julio Lamas no dudó un instante y pidió tiempo muerto. "Juan, Juan [por Espil] salí, vení quedate en el banco que la cancha es un peligro y te podés lesionar". Entonces el DT miró a los suplentes y eligió a quién "sacrificar" en esos minutos que quedaban, a un tal Emanuel. "Ginóbili entrá vos". Eran otros tiempos, claro.

5. El día que asustaron al Dream Team antes de jugar

Semifinal de los Juegos Olímpicos en Atenas 2004. Partido contra Estados Unidos, el gran candidato a la medalla dorada, que buscaba desquitarse frente a la Argentina de aquella durísima afrenta sufrida en el Mundial de Indianápolis 2002, donde perdieron un invicto de diez años. "Por una casualidad que nunca se dio, ni entendí por qué, coincidió que los dos planteles debieron salir a la cancha por el mismo pasillo y teniendo las puertas de los vestuarios exactamente enfrentadas", contó Alejandro Cassettai, jefe de equipo en aquella oportunidad. "Los chicos estaban como locos, eran leones enjaulados. Recuerdo que vinieron cantando desde que salieron de la Villa Olímpica hasta el vestuario. Tenían un enchufe tremendo", agregó.

Lo que ocurrió después fue increíble. "Sorprendió a todo el cuerpo técnico". Justo cuando Tim Duncan abre la puerta del vestuario, portando unos auriculares enormes en sus orejas, y atrás se encolumna solemne y concentrado el resto del Dream Team, los argentinos coinciden en la salida, los miran y mientras empiezan a caminar apareados hacia la cancha, todos, al unísono y espontáneamente, explotan en un coro estentóreo: "¡Hijos nuestros, hijos nuestros, hijos nuestros!". Moviendo el brazo y mirándolos a las caras. Así hasta que desembocaron en la cancha. "Los norteamericanos no entendían nada", concluyó Cassettai. Ganas, confianza, carácter, atrevimiento, un auténtico símbolo de la Generación Dorada expresado en un grito de guerra desenfadado.

Las canciones en el túnel, antes de salir a la cancha, se convirtieron en un clásico de esta Generación. Aquí, durante el Mundial Turquía 2010:

6. El misterio de la pelota que le despareció a Ginóbili

Aunque no se sabe dónde fue a parar la pelota de la final ganada en los Juegos Olímpicos de 2004, que Manu Ginóbili le pidió especialmente a un voluntario griego a cambio de una camiseta argentina, muchos intuyen y suponen que uno de los veteranos jugadores de aquel plantel, y compañero de habitación de Manu en Atenas, la tiene bien guardadita. Otros dicen que alguien le pegó un voleo tan fuerte en esa noche de desenfrenados festejos dentro de la villa olímpica que jamás pudieron encontrarla. "Nunca pido nada, ni una camiseta del rival, ni me llevo la red del aro cuando logro un título, pero esa vez era especial", suele lamentarse el bahiense cada vez que recuerda el episodio.

Nunca pido nada, ni una camiseta del rival, ni me llevo la red del aro cuando logro un título, pero esa vez era especial"
Manu Ginóbili

Sin embargo, Fabricio Oberto se encargó de descubrir la otra parte de la historia que nunca trascendió: "Cuando jugamos por la medalla de bronce contra Lituania en Pekin 2008, con Manu sufriendo en el banco, vestido de civil porque no pudo jugar debido a la lesión que tuvo en el pie durante la semifinal con Estados Unidos, Cabeza Delfino se encargó de conseguir la pelota al terminar el partido. Vino corriendo, lo abrazó a Manu y le dijo Tomá narigón, ésta es para vos, guardátela. No será lo mismo, pero al menos tiene el buen recuerdo de la otra medalla". Un sentimiento de gratitud que no es nuevo ni excepcional dentro de la Generación Dorada.

Ayer, también se llevó la pelota. "Esta la voy a guardar bien", dijo en rueda de prensa. El resultado fue adverso, pero eso ya no importa. Se retiró el mejor basquetbolista argentino de la historia. Vale oro.

7. Nocioni organizó un baile con la cumbia de Manu

Esto ocurrió en el hotel de Sendai, sede del Mundial Japón 2006, dentro de un gran salón que todas las delegaciones compartían durante las comidas. Chapu Nocioni sacó de su bolsillo un iPod e hizo una seña a todos sus compañeros, menos a Ginóbili, que era el destinatario de lo que vendría. Puso play y empezó a sonar una milonga, de ritmo muy marcado y pegadizo, que un compositor argentino había grabado y dedicado a Manu. Con el sonido a full, los once jugadores se levantaron, formaron un trencito y comenzaron a bailar, pero con un estilo de cumbia y exagerando los movimientos de cadera y pelvis, mientras pasaban entre las mesas donde almorzaban las delegaciones de Venezuela, Francia, Nigeria y Líbano. El bahiense de San Antonio Spurs, que se había sorprendido y quedado solo comiendo el postre, no sólo no pudo creer semejante escándalo, sino que también sintió algo de vergüenza por el momento que le hicieron pasar ante los extranjeros. El francés Tony Parker, que al otro día iba a dejar su seleccionado y volvería a San Antonio por una lesión en un tobillo, preguntaba de qué se trataba la broma y ensayaba el ritmo para recordárselo a su compañero cuando se reencontraran en la NBA.

8. Cuando Fabricio Oberto pagó para jugar

El tatuaje de Oberto
El tatuaje de Oberto

Siempre se supo que Fabricio Oberto es uno de los jugadores más queridos de la Generación Dorada, nunca dejó de sorprender el cariño que le tributaba el público en cada partido. El coro de "¡Oberto, Oberto!" siempre se escuchaba, lo pedían a gritos. Le preguntamos si suponía si era su problema de corazón o su veteranía lo que conmovía a la gente, y respondió: "No sé... Deben ser todos parientes y amigos míos". Lo cierto es que al recordar este gesto, quizás, el reconocimiento crezca aún más. Antes del Mundial de Turquía 2010, su agente en los Estados Unidos le comentó que de la Confederación le comunicaron que Washington (su equipo en la NBA) solicitaba un seguro de 45.000 dólares. "Sólo tenemos 20.000", dijeron los dirigentes argentinos.

Fabri no dudó un instante. Eran tantas sus ganas de jugar en la selección que le respondió a su representante, "No importa; los 25.000 dólares que faltan los pongo yo". Increíble. El gesto y la actitud de Oberto no tienen registro en la historia del seleccionado. Finalmente, puso los 25.000 dólares de su bolsillo y viajó a Turquía. Cuando LA NACIÓN trató de confirmar el caso, años atrás, Oberto dijo: "No, dejá; no lo digas; no es necesario". Le rogamos un poco y nos autorizó a escribirlo. ¿Existirá algún antecedente parecido en el deporte nacional? Creemos que no.

9. Mientras Magnano dormía...

En 2004, durante la concentración de la selección en el hotel del ACA, en Córdoba, algunos jugadores se levantaron descompuestos y le hicieron saber a Rubén Magnano que la comida del restaurante del lugar les había caído mal. Horas después, el técnico ubicó a la responsable del servicio y la encaró con su habitual energía y bastante molesto.

Magnano, el creador de todo
Magnano, el creador de todo

Sin embargo, se encontró con una mujer de carácter fuerte que le respondió con la misma firmeza. "Mire señor Magnano -y le puso un dedo índice en el pecho-, si usted no sabe lo que hacen sus chicos a la noche y la comida que mandan a pedir afuera, no me responsabilice a mí. ¿Por qué no se encarga de averiguar qué comen cuando usted descansa?" Magnano, indignadísimo, por supuesto, no tardó demasiados minutos en averiguarlo. Churros, chocolates y otras cositas llegaban a las habitaciones tipo delivery.

¿Qué sucedió después? En el entrenamiento siguiente, el coach los reunió a todos en el medio de la cancha, les habló un rato y después se vino uno de los peores bailes que se recuerde en la historia de la Generación Dorada. Cuenta Diógenes de Urquiza, jefe de la delegación en ese momento, que los gritos se escuchaban desde lejos: "¡Así que les cayó mal la comida... carrera hasta la línea, vamos, ida y vuelta!', exclamaba Magnano. Así durante un largo rato. Quedaron todos con la lengua afuera". Eran otras épocas, claro, cuando los jóvenes todavía hacían travesuras de chicos. Pero difícilmente hayan olvidado aquella salsa que probaron sin tener ganas de comerla.

10. Una conferencia interrumpida

En el Preolímpico de Mar del Plata, el Chapu Nocioni y Julio Lamas brindaban seriamente una conferencia de prensa posterior al partido ante Panamá. Mientras ellos dos atendían a los periodistas, el resto del plantel se preparaba para dejar el vestuario y subir al micro, que los trasladaría al Hotel Sheraton. De repente, ante la sorpresa de muchos, se escuchó en la sala el tema "Auto Rojo" de Vilma Palma, cantado por unos muchachotes. La risa del Chapu fue instantánea ¿Qué pasó? Fede Kammerichs y Carlos Delfino abrieron la puerta del salón y subieron al taco el volumen de los parlantes que colgaban de los hombros del Yacaré. "Ahora hace calor, la música suena bastante bien.", entonaba gran parte del equipo. Es que ése era la canción que había adoptado el grupo. Ni Julio Lamas lo podía creer. Las carcajadas al final fueron de todos, hasta de los periodistas. "La verdad, viven así todo el día, están esperando el momento libre para juntarse. Es increíble. Se divierten mucho, pero jamás le van a faltar el respeto a nadie ni van a dejar de cumplir con el trabajo", comentó el DT.

11. Se divirtieron en Río 2016

Ya con una mezcla de jugadores experimentados y de la nueva generación, la selección argentina de básquetbol se divirtió mucho durante los Juegos Olímpicos 2016, sin dejar de lado el profesionalismo que los caracterizó. La broma más recurrente fue #elsello, la campaña que viralizaron Manu Ginóbili y Andrés Nocioni tras el golpe de Facundo Campazzo sobre el suelo. O el "triple" que hizo el jugador de San Antonio en el comedor de la Villa Olímpica... ¡Y con una atleta!

jp/ph

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