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LA NACION revista

Noah Mamet: "Necesitamos que la Argentina triunfe"

Loreley Gaffoglio
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21 de agosto de 2016  

Diluvia y salvo por el policía federal apostado sin garita sobre la avenida del Libertador, guarecido por una capa azul de plástico, todo indica que dentro del Palacio Bosch, la residencia del embajador de los Estados Unidos, Noah Mamet, una “revolución” de estilos y de formas ha logrado desplazar al statu quo diplomático: su moto Harley Davidson, con la que en enero recorrió los Siete Lagos, descansa cubierta por una funda en la entrada del palacio. Adentro, hay otras curiosidades: desde una huerta orgánica que Mamet mandó construir para que las frutas y las verduras se ingieran sin pesticidas hasta una flamante mesa de pool que se recorta entre imponentes chandeliers y columnas doradas a la hoja. Sobre una mesa Luis XVI, un puñado de fotos revelan la intimidad de este californiano de 47 años, consultor político y financiero, recaudador en la última campaña de Barack Obama. En enero de 2015 recibió el plácet tras sortear en el senado estadounidense una férrea oposición republicana que arremetía contra su nulo conocimiento del país y del idioma. Ahora, en los portarretratos, Mamet sonríe al lado de Mick Jagger y también lo hace junto a los chicos de la ONG La Unión de los Pibes, invitados asiduos a jugar picaditos en el soberbio jardín de la residencia diseñado por Thays.

Basta conocer los contrastes de esa apertura palaciega para entender que lo que está en juego va más allá de una visión aggiornada y rupturista en las relaciones bilaterales: en poco tiempo Mamet ha logrado no sólo amalgamarse en el entramado social porteño, también aportó lo suyo para refundar los vínculos entre ambos países. Se lo ve con amigos argentinos en el Teatro Colón, en las vernissages de muestras de arte, en los restaurantes palermitanos de moda. También como ideólogo de viajes mixtos hacia Estados Unidos para juntar a las dos partes interesadas en las inversiones. Un gesto elocuente delata su esmero para entretejer relaciones más allá de cualquier grupo de pertenencia. En uno de los livings de la residencia, enmarcada como un baluarte o un signo de identificación, una camiseta xeneize recibe a sus visitantes. Pero al girar el cuadro, el anverso mostrará también los colores de River. El ardid se explica en sus lazos. Es tan amigo de D'Onofrio como de Angelici. “Conozco bien esa rivalidad, pero aquí yo quiero que todos se sientan a gusto”, dice Mamet, un consumado tenista y golfista, por demás afable, que también profesa la pasión futbolera. Aunque, fiel a su estilo, no revelará cuál es su equipo, pero sí, abundará ante La Nación revista en elogios hacia el nuevo rumbo del país. “Amo a la Argentina y a su gente”, dice en español. Y esa frase la repetirá como un mantra.

Usted es un diplomático atípico: usa Twitter, postea viajes y reuniones, lugares y personas que frecuenta. ¿Es una nueva forma de ejercer la diplomacia?

Sí. Intento reinventar la diplomacia para el mundo interconectado de hoy. Cuando llegué aquí mi meta era incrementar la conectividad en todos los niveles, detectar todas las áreas en las que podíamos colaborar para un interés recíproco. Me enfoqué en cuatro áreas poco controvertidas pero importantes: ciencia, tecnología, energía e intercambio estudiantil. Ahora son muchas más. Pero para mí no sólo es importante concentrarme en los niveles de las relaciones exteriores, sino también involucrarme con la comunidad.

Crédito: Martín Lucesole

¿Cómo es eso?

Queremos usar esta residencia como un medio para afianzar lazos de forma bien amplia. Aquí invito a comer asados, a participar de escuelitas de tenis y de fútbol a muchas organizaciones infantiles. Estamos sentados en esta sala de música que fue construida para conciertos y la última vez que se hizo uno fue muchísimos años atrás. “Hay que empezar de vuelta”, dije. Ahora hacemos degustaciones de vinos, el quincho para los asados nunca ha tenido tanto uso. “Pilo” Bordón, actual embajador en Chile y antes en Estados Unidos, se emocionó el año pasado cuando hicimos el primer asado. “Hace 30 años que vengo al Palacio Bosch –dijo–, pero ésta es la primera vez que como un asado acá”. Aprendí de eso y me propuse hacer muchos más. Compré una mesa de pool porque me di cuenta de que en un comedor tan formal no se pueden construir relaciones con fluidez. Entonces recibo a gente constantemente de todos los sectores. Y se han sellado negocios entre gente que se conoció aquí. Yo bromeaba y les decía que debían pagarle un diez por ciento de comisión a mi gobierno. Pero me retrucaron que ya lo hacían pagando impuestos.

¿Es una “revolución” de forma y de fondo?

Sí. Es importante crear puentes lo más rápido posible. Y eso se logra a través de las relaciones interpersonales. Son clave. Cuanto más vínculos haya entre la gente, mejor trabajarán nuestros países. Mire la química que hubo entre Macri y Obama y entre las primeras damas.

¿Su origen californiano explica esas formas audaces?

En parte, sí. California, y sus ciudades con playa son menos formales y amistosas. Cuando llegué por primera vez a Washington no tenía sobretodo y tenía un solo traje. Es importante adaptarse a los lugares y Buenos Aires fue para mí un ámbito natural para trabajar porque la gente es extrovertida. Amo y disfruto mucho este país; hay que incrementar el flujo turístico. Suelo bromear con que ayudo a la economía local invitando a mis amigos y familiares. A veces, me siento gerenciando un hotel porque muchos se hospedan acá. Por primera vez en 99 años iluminamos la fachada de la residencia, uno de los edificios más lindos pero que siempre estaba oscuro por las noches. Queremos mostrar una nueva presencia.

Ha sido testigo de dos etapas bien diferenciadas del país: los últimos once meses del gobierno de Cristina Kirchner y la era Macri. ¿Cuál es la opinión de Washington sobre los Kirchner?

Me sorprendió al llegar la escasa comunicación que había. Salvo por dos viajes, a Orlando y a Europa, los Kirchner no habían viajado mucho. Quizás les faltaba conocer más Estados Unidos y no guiarse por estereotipos. Una interacción más fluida entre personas y Estados crea siempre mejores relaciones. Pero ni yo ni ningún embajador fuimos recibidos por Cristina Kirchner, lo cual es inusual. Hubo progresos en cuatro áreas: ciencia, tecnología, energía e intercambio estudiantil, aunque hubiéramos deseado avanzar con una agenda más completa como ahora.

¿Es usual que un presidente norteamericano respalde tan enfáticamente una gestión que se inicia, como sucedió con la visita de Obama?

No, no lo es. Pero no fue solo Estados Unidos. Europa y muchos países se entusiasmaron con una Argentina reinserta en el mundo y ofrecieron su apoyo. Estados Unidos no sólo desea que la Argentina sea exitosa, también lo necesita. Es central para poder focalizarnos en los grandes temas globales: terrorismo, narcotráfico, cambio climático, estabilidad financiera y derechos humanos. Necesitamos democracias fuertes y de la solidez de la tercera economía de la región. Vamos a hacer todo lo que podamos para respaldar a la Argentina.

Crédito: Martín Lucesole

¿Fue usted la persona clave en esa visita?

Sabía que Obama quería ir a Cuba después de siete décadas de embargo y que ese viaje era el momento ideal para venir aquí y celebrar el nuevo rumbo del país, tras 19 años sin visitas bilaterales. Argumenté que si Obama venía, debía hacerlo más rápido que tarde, en una clara señal de aprobación a la reinserción del país en el mundo. Y los cambios en los primeros días de Macri junto con la conformación de su gabinete, con gente talentosa y honesta, fueron una señal certera del nuevo rumbo que el mundo ahora festeja.

Las relaciones bilaterales han sido pendulares: fueron "carnales" con Menem, frías y por momentos hostiles con los Kirchner, ¿cómo las califica hoy?

Como maduras y positivas. No quiero mirar atrás. Hacia adelante, como dijo la canciller Malcorra, seguramente tendremos desacuerdos como todos los países, incluso como sucede entre amigos, pero aspiramos a un diálogo abierto y colaborativo, donde se puedan discutir todos los temas.

Los resonantes casos de corrupción que se vienen revelando deben ocuparlo con múltiples cables al Departamento de Estado. ¿Washington está sorprendido con el nivel de corrupción?

Lo que se ve muestra la importancia de la transparencia en los gobiernos, que creemos que es la dirección que asumió esta administración. Pero, sí, algunas cosas sorprenden. La corrupción, desafortunadamente, es un problema mundial. Mire Brasil. Me parece que los argentinos sienten que estos temas sólo les suceden a ustedes. Cuanto más inserto está un país en el mundo, más se da cuenta de que comparte los mismos desafíos con muchos otros. Por eso necesitamos que la Argentina triunfe y trabaje con nosotros en la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico, en corrupción y cambio climático.

¿Esta coyuntura, por los niveles exorbitantes de corrupción que se conocen, no le insume una comunicación más pormenorizada?

Le repito, es un mal global. Hablo con Washington todos los días, incluso lo hice hoy por la visita del Secretario de Estado, John Kerry, para profundizar los acuerdos suscriptos durante la visita de Obama y para seguir abriendo canales de comunicación, ya que las relaciones durante años no fueron lo robustas y positivas que hubiésemos querido. La seguridad y el narcotráfico son ahora una de las prioridades. Estamos avanzando para que Estados Unidos y las fuerzas especiales colombianas puedan entrenar a las fuerzas de seguridad locales para reforzar los controles contra el narcotráfico en la frontera con Bolivia. Les hemos mostrado a los miembros del Ministerio de Seguridad nuestro centro de fusión en California para que puedan exportar el modelo. Allí distintas agencias intercambian información y trabajan juntas en un mismo ámbito para reforzar la seguridad después del 11 de Septiembre.

¿Tiene Washington una opinión sobre el rol de Aníbal Fernández en el tráfico de efedrina y su presunta vinculación con los carteles mexicanos?

No puedo comentar sobre una investigación en curso. Sólo diré que estamos trabajando muy bien en temas de seguridad en general. Y no sólo con el Gobierno nacional; también con los provinciales, más allá de sus pertenencias políticas.

Crédito: Martín Lucesole

¿La DEA pedirá la extradición de Ibar Pérez Corradi?

Por ahora no hay planes de hacerlo.

¿Cuál es la opinión de Washington sobre la muerte de Alberto Nisman?

Voy a enfatizar lo que dije el día que estalló esa horrible tragedia, a los tres días de llegar aquí: deseamos que se haga justicia y que el caso se resuelva con la mayor transparencia. Enterados de los hechos, ofrecimos todo tipo de asistencia técnica en criminalística y en pruebas de laboratorio. Pero no obtuvimos respuesta.

¿Estados Unidos ayudará económicamente a la Argentina para acoger a los refugiados sirios?

La ONU, varias ONG y Estados Unidos estamos trabajando juntos para ayudar a los países con ese compromiso. El tema de los refugiados es primordial no sólo para Estados Unidos; también para la comunidad global. Canadá acogerá 25.000 y otros tantos Noruega y Suecia. Estamos en el proceso de materializar esa ayuda, en parte financiera y en parte logística: en clases de idiomas, puestos de trabajo, vivienda. Hay muchos componentes en esto y la coalición se está esforzando para la reubicación de la gente y para crear las condiciones para solucionar los problemas.

¿Qué tipo de relación tiene con el presidente Macri?

Una profesional, cálida y cordial. Lo conocí la primera semana que llegué a Buenos Aires y en el mismo lapso también me reuní con Scioli y Massa. Era muy importante para la embajada tener buenas relaciones con cada uno de los candidatos y con los diferentes partidos, ya que no se sabía quién sería presidente. Nuestro trabajo es el de construir puentes y tenemos buenas relaciones con los diferentes líderes políticos. En mi caso, cuando Macri asumió comenzamos a estrechar aún más la relación.

¿Fue invitado a la quinta Los Abrojos?

Sí, un par de veces para reuniones de trabajo y también fui a Olivos. Jugué paddle en su quinta, antes de su operación de rodilla. Ganó él, por supuesto. Sería una mala idea ganarle al Presidente [ ríe]. La verdad es que él es muy bueno y muy competitivo. Fue divertido, a pesar de que me caí y que mi rodilla comenzó a sangrar. Juliana estaba ahí y me atendió. Lo último que quería era manchar la cancha del Presidente. Pero soy de jugar mucho tenis. Lo hice con Ricardo Darín, con Leonardo Mayer y lo invité a Del Potro. El tenis en esta residencia es otra buena vía para conectar con la gente.

¿Cómo surgió su amistad con Obama?

Irónicamente, yo era muy cercano a los Clinton. En la campaña de 2008 trabajé con Hillary, quien perdió la interna frente al entonces senador Obama. Inmediatamente, él me cayó bárbaro. Y cuando asumió como presidente lo ayudé a incrementar el turismo en los Estados Unidos. Creamos la entidad Viajes USA. Luego, en su campaña de reelección, también trabajé muy cerca de él. Después me pidió que fuera su embajador aquí. Al principio dudé porque me gustaba mucho mi vida en California y podía actuar en política mientras mantenía mi propia consultora en San Francisco y en Los Ángeles. Pero era una oportunidad única y en la vida las ventanas se abren y se cierran. Así que acepté, no sólo para representar a mi país; también para trabajar con un presidente que admiro, respeto y considero un amigo.

Crédito: Martín Lucesole

¿Cercano?

Los presidentes suelen tener amistades de antes. Después está la gente con la que desarrollan buena química y trabajan. Ese sería mi caso. Cuando trataba de convencerlo para que viniera a la Argentina, le dije: “Si viene con su familia, tiene que ir a Bariloche. Es uno de los lugares más lindos del mundo”. Yo venía de hacer un viaje en moto por los Siete Lagos y quedé maravillado por la belleza del lugar. Me hizo caso y ahora quiere volver.

Si Hillary resulta electa, ¿piensa que será reconfirmado como embajador?

No lo sé. Creo que hay mucho respaldo para que permanezca aquí, pero eso depende de quién sea el presidente electo. Si me lo pidiera, diría que sí porque me encanta la Argentina y creo que estamos haciendo buenas cosas para ambos países.

¿En qué se diferencian los estilos de liderazgo de Obama y de Hillary?

Los dos son muy inteligentes. A diferencia de Obama cuando fue electo, ella conoce Washington mejor que nadie, porque fue senadora, secretaria de Estado y primera dama ocho años. Conoce el trabajo presidencial probablemente mejor que nadie que alguna vez se haya postulado a presidente. Ambos tienen diferentes fortalezas. Pero como hay una campaña de por medio, preferiría no entrar en detalles ya que como embajador represento a todo el país y no a un partido.

¿A qué le atribuye su alta impopularidad entre el electorado?

Es que no la conocen. Yo sí y puedo asegurarle que no sólo es muy inteligente, también es muy agradable. Se trate de un político o una celebridad, mucha gente cree conocer a las personas por los estereotipos que se construyen a partir de un perfil público. A Hillary le sobran cualidades.

Al margen de ISIS, ¿WikiLeaks es ahora el gran enemigo de Estados Unidos y, en particular, de los demócratas?

Sin comentarios.

¿Cómo imagina Estados Unidos gobernado por Trump?

No lo sé y, francamente, tampoco creo que él lo tenga muy en claro.

¿Cuáles han sido sus aciertos diplomáticos?

Hemos sido los primeros en llevar a una delegación de treinta argentinos, entre funcionarios y gente del sector privado, a Los Ángeles, Silicon Valley y San Francisco para enfocarnos en tecnología, innovación y energías renovables. Visitaron 35 compañías, entre ellas la planta de autos eléctricos Tesla; una start up de realidad virtual, en Venice; el puerto de Los Ángeles para conocer la eficiencia con la que allí se mueven las cargas; el Instituto de Investigaciones de Stanford; la incubadora de negocios Singularity University, y todo lo que UCLA está haciendo en temas de sustentabilidad. Fue un gran éxito: el sector privado no había viajado nunca a Estados Unidos con funcionarios.

En el ranking de posibles inversiones estadounidenses, ¿qué sector resulta más atractivo?

El de las energías renovables. En Los Ángeles la mitad de la energía que se consuma en los próximos tres años provendrá de fuentes eólicas y solares. Acá hay menos del uno por ciento, con mejores vientos en el Sur y mejor sol en el Norte y mucho interés de los inversores. De hecho, el subsecretario de Energías Renovables, Sebastián Kind, participó de ese viaje. Y nuestros expertos viajaron cuatro veces aquí para asesorar sobre una matriz energética inteligente.

Debe haber sido el primer embajador en la historia de Estados Unidos en viajar al Sur en una Harley Davidson. ¿Es así?

Es correcto. Y es por lo que hablábamos antes: encontrar formas alternativas para conectar con la comunidad. Con mis amigos argentinos nos bautizamos meat riders, en vez de easy riders, porque en los 1500 kilómetros que recorrimos las postas eran siempre los asados. Pero también estuve en una docena de provincias. Me impactó mucho la Cueva del Suri, en Cafayate y quiero hacer un concierto allí para que se vea en la televisión local y de Estados Unidos. Otra idea es llevar a Miami el clásico River-Boca. Y seguiremos exhibiendo arte argentino en esta residencia. Primero fue Minujín, ahora está Pablo Reynoso. Créalo o no, eso nunca se había hecho.

¿Cómo su velada aquí mismo con Mick Jagger?

Algo fantástico y surrealista, también. ¡Es Mick Jagger! A él le encanta la arquitectura, así que le mostré todos los ambientes y le conté la historia de la casa. Cuando estábamos en el quincho tomando una cerveza, Mick me dijo: “Noah, te voy a contar un secreto: Después de 50 años, vamos a tocar en Cuba por primera vez, el 21 de marzo”. Y yo, que sabía que Obama iba a estar en allí ese mismo momento, aunque todavía no lo habíamos anunciado, le dije: “Mick, ahora tengo yo que contarte un secreto: por primera vez, después de 70 años, un presidente de Estados Unidos irá a Cuba ese mismo día. La verdad, no creo que la isla sea lo suficientemente grande para ustedes dos”.

1969

Nació el 8 de abril de ese año en Manhattan Beach, California, en el seno de una familia judía

1992

Se graduó en la UCLA con el título de Bachelor of Arts, con especialización en Ciencias políticas y Relaciones internacionales, y colaboró en Santa Bárbara en la campaña presidencial de Bill Clinton

De 1996 a 2003

Fue asesor en temas financieros del líder demócrata Dick Gephardt en la Cámara de Representantes

2004

Fundó la consultora política-económica Noah Mamet & Associates

2007

Participó de la delegación internacional que monitoreó las elecciones en Sierra Leona

2008

Colaboró en la campaña para la postulación demócrata de Hillary, que ganó Obama, y cuatro años después fue uno de los mayores recaudadores para la reelección del Presidente

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