La nueva Corte: un enigma indescifrable para la Casa Rosada

Rosatti fue clave para cambiar la dinámica que imponía Lorenzetti; mañana jura Rosencrantz
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21 de agosto de 2016  

La conformación de la Corte que falló en el caso de las tarifas
La conformación de la Corte que falló en el caso de las tarifas Fuente: LA NACION - Crédito: CIJ

Muchos parecen no haberlo advertido aún, pero la Argentina tiene una nueva Corte Suprema; un tribunal que trabaja y se comporta de una forma muy distinta.

Cambiaron los nombres y al recientemente incorporado Horacio Rosatti se sumará mañana Carlos Rosenkrantz. Pero la transformación es mucho más profunda que la foto con las nuevas caras y tiene que ver con la dinámica que mantendrán los jueces y con la forma de relacionarse con el Gobierno.

El primer notificado de esa mutación fue el propio presidente del máximo tribunal, Ricardo Lorenzetti, quien en los últimos días tuvo que hacer un esfuerzo inusual para poder arribar a una sentencia unánime en el caso de las tarifas.

Pero tan inesperada fue esa mutación que el propio presidente Mauricio Macri se sorprendió cuando le comentaron que el fallo anulaba la suba para beneficiar a los usuarios residenciales y obligaba al Gobierno a hacer audiencias públicas previas.

El procurador del Tesoro, Carlos Balbín, uno de los principales interlocutores legales de Macri, le advirtió sobre el supuesto contenido de la decisión. Pero Macri nunca imaginó que los jueces podrían tener, hasta último momento, opiniones tan fluctuantes.

Más aún, pasado el primer momento, Macri -según fuentes de una reunión realizada el jueves, en la que el Presidente juntó a ministros y secretarios de Estado- se preguntó, palabras más, palabras menos, si no se estaba asistiendo al pronunciamiento de un tribunal cargado de "populismo" judicial.

"¿Qué le pareció el fallo al Presidente?", preguntó un encumbrado magistrado. "No nos gustó", fue la respuesta del hombre de Macri.

Hace años que la Corte no es tan hábil como la actual, y eso, mirado desde el punto de vista de la independencia judicial, es positivo; pero desde la óptica del Poder Ejecutivo es un dolor de cabeza.

"Rosatti jugó para (José Luis) Gioja, para el PJ", interpretaron algunos hombre de Macri, cuando leyeron el voto que escribió el nuevo juez. Sin duda, una apreciación desmesurada, porque Rosatti, que fue el más firme defensor de la idea de anular los aumentos para todos los usuarios, tomó esa decisión a partir de las convicciones que acuñó como jurista durante años. En la Casa Rosada también causó sorpresa la posición de Juan Carlos Maqueda.

Por cierto, todos los presidentes de la Nación tuvieron con las cortes con las que convivieron una relación distinta.

Carlos Menem, luego de ampliar la composición del tribunal, dejó instalada la idea de un cuerpo sumiso. Fue la época de la mayoría automática, que siempre salió a socorrerlo en todos los casos de urgencia.

Néstor Kirchner, que modificó aquella composición del alto tribunal -a través de juicios políticos y pedidos de renuncia-, vio plantarse frente así a una Corte que podría calificarse de prudente.

En efecto, frente a dos mandatarios de carácter fuerte como eran Néstor y Cristina Kirchner, Lorenzetti -cuyo primer trabajo fue reconstruir el deteriorado prestigio del tribunal- salió a marcarle la cancha la cancha al Gobierno en los casos de mayor gravedad, como fue, por ejemplo, el de la democratización de la Justicia o el de Badaro sobre jubilaciones. Para el resto de los casos, usó su hábil muñeca política.

Pero, aun entonces, había un dato relevante: Lorenzetti podía prever cómo se pararía cada uno de sus colegas.

Luego vino la Corte de cuatro y de tres jueces, con las renuncias de Eugenio Zaffaroni y Carlos Fayt. Parecía que Lorenzetti, alejado de Cristina Kirchner, podía ser una amenaza para el nuevo presidente Macri.

En ese momento la Corte dictó el fallo que condenó a un Macri recién elegido a devolver a las provincias un porcentaje de la coparticipación. También influyó la tensión entre Lorenzetti y Macri por el nombramiento por decreto de Rosatti y Rosenkrantz, que obligó a varias conversaciones entre ellos.

Eso despertó asperezas entre Macri y Lorenzetti, que sólo se ablandaron después de varios meses.

¿Lorenzetti sería el enemigo? Resultó que no sería así. Con los meses, terminó siendo el juez más dispuesto a escuchar y comprender las necesidades del nuevo gobierno.

Pero la reciente incorporación de Rosatti, dispuesto a actuar su independencia frente al mandatario que lo nombró y a defender sus ideas sociales, empezó a cambiar la dinámica del tribunal.

Todo quedó claro con el fallo de las tarifas. En esta ocasión, Lorenzetti no tuvo tanta facilidad para llegar a un fallo unánime. El presidente de la Corte y Elena Higton querían autorizar el aumento del gas en boca de pozo sin audiencias previas, mientras que Rosatti y Maqueda opinaban que había que anular la totalidad de los aumentos, y no sólo para los residenciales, sino para todos los consumidores.

El híbrido que emergió como fallo no fue una postura u otra, sino el fruto de una negociación: el Gobierno también debería incluir el gas en boca de pozo en las audiencias, salvo que fijara ese precio por mecanismos de mercado.

Hoy, en una Corte que tiene canales abiertos de diálogo con el Gobierno, hay cuatro jueces que piensan distinto y el fallo de las tarifas no fue la suma de ideas concordantes, sino el producto de razonamientos superpuestos y, a veces, contrapuestos. Eso, en cierta medida, hace imprevisible al tribunal, si se lo mira desde la vereda de la Casa Rosada.

El Gobierno quedó ahora paralizado ante preguntas para las que no tiene respuestas: ¿dónde se parará Rosenkrantz a partir de mañana? ¿Facilitará la relación del Gobierno con la Corte o dará nuevos disgustos? ¿Es mejor buscar una mayor interrelación o mantener la prescindencia? La Corte sigue siendo un problema para el Gobierno.

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