El Reino Unido y una decisión equivocada

El Brexit traerá más desventajas que beneficios al país
Luis Palma Cané
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28 de agosto de 2016  

A fines de junio pasado se llevó a cabo en el Reino Unido el referéndum referido a la alternativa de permanecer o salir de la Comunidad Europea. Contra lo vaticinado, y por un escaso margen de cuatro puntos, el resultado fue a favor de la salida (Brexit). Con esta decisión, Gran Bretaña abandona un mercado que constituye la segunda economía del mundo, hacia el cual destina más de 40% de sus exportaciones y que cuenta con una población de más de 500 millones de personas con un ingreso promedio per cápita del orden de los 35.000 dólares.

Asimismo, en el espacio en cuestión está vigente el libre movimiento de personas, capitales, bienes y servicios. Frente a estas claras ventajas de ser país miembro, se le contraponen la relativa dependencia de la economía a las regulaciones impuestas por la Comunidad y los aportes del Tesoro a Bruselas.

A partir de este escenario, la pregunta que se impone es: ¿cuáles serían las probables consecuencias económicas y políticas del Brexit?

En cuanto a las económicas, deben diferenciarse entre las que impactan directamente en el Reino Unido y las que lo hacen en la Comunidad Europea. En cuanto a las primeras tendrán efectos negativos debido -principalmente- a la mayor incertidumbre generada por la nueva situación y a la pérdida de las ventajas de su anterior membresía; especialmente las referidas a la libertad de los mercados. Dichos impactos se traducirían en una recesión del orden del 1% para el segundo semestre de este año y, probablemente, en una menor tasa de crecimiento durante el período 2017/2018. En cuanto a los efectos indirectos, dado el escaso peso relativo de la economía inglesa (que representa sólo el 3,5% del PBI mundial), puede afirmarse que el impacto sería muy leve en Europa y sólo marginal para el resto del globo.

Respecto de las consecuencias políticas, la más clara es el debilitamiento de la organización política de la Comunidad y la lamentable exacerbación que se ha producido en todos los partidos políticos de ultraderecha -euroescépticos, xenófobos, racistas y proteccionistas- que se han diseminado por toda Europa y que, entre otros anacronismos, plantean en sus respectivos países nuevos referéndum de "independencia".

Parecería ser, entonces, que lo único que habría logrado con su decisión el Reino Unido sería el haber satisfecho su equivocado concepto de soberanía e independencia y su tradicional cultura antieuropea.

A nuestro juicio, pues, el Reino Unido ha cometido un error histórico donde las desventajas serán muchas y los beneficios escasos. Es de esperar, entonces, que ningún miembro actual de la Comunidad cometa la misma equivocación y que, por el contrario, refuerce su integración.

El autor es economista

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