Sánchez le devuelve gentilezas a Rajoy, que sigue sin apoyos

El presidente en funciones se presenta hoy a la sesión de investidura; no logró un compromiso del líder del PSOE que le permita formar gobierno
Martín Rodríguez Yebra
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30 de agosto de 2016  

Rajoy recibió ayer al líder del PSOE, Pedro Sánchez, que volvió a negarle el apoyo de los socialistas
Rajoy recibió ayer al líder del PSOE, Pedro Sánchez, que volvió a negarle el apoyo de los socialistas Fuente: EFE

MADRID.- Cuando hace seis meses el socialista Pedro Sánchez se presentó a la sesión de investidura presidencial sin apoyos suficientes para salir elegido, al conservador Mariano Rajoy le sobraban los adjetivos para calificar la maniobra de su rival. Dijo que era "un bluff, una estafa, una farsa, un teatrillo".

El bucle eterno de la política española coloca ahora a Rajoy en la posición ingrata de la que tanto se mofó. Desde hoy, enfrenta en el Congreso un debate trascendental, al que llega con los mismos aliados que tenía Sánchez en marzo -los liberales de Ciudadanos- y con la idéntica resignación de que no conseguirá la confianza de la mayoría.

El propio líder socialista se lo ratificó ayer cara a cara: su bloque dirá no al candidato del Partido Popular (PP) en las votaciones que se celebrarán mañana y el viernes, lo que prolongará por tiempo indefinido el bloqueo político que soporta España desde diciembre.

"Ha sido una reunión perfectamente prescindible", dijo Sánchez tras despedirse de Rajoy. "No hubo ninguna oferta, sino un intento de escenificar que el PSOE es el responsable de que no salga la investidura. El único responsable de no tener los apoyos es él".

Rajoy, todavía presidente en funciones, selló el domingo un pacto con Ciudadanos después de una negociación que consumió casi todo agosto. La suma de los diputados de ambas fuerzas da 169. Se sumará también Coalición Canaria, que tiene una diputada.

Para ser ratificado como presidente del gobierno, el candidato necesita 176 votos -la mitad más uno de la cámara- en la primera votación y una mayoría simple en la segunda. Es decir, le faltan al menos seis votos positivos, o en su defecto 11 abstenciones, para evitar el fracaso.

El PSOE, con 85 bancas, es la única esperanza posible de Rajoy, a pesar del no que Sánchez repite a diario como una letanía. Es impensable que pueda conseguir auxilio de la izquierda alternativa de Unidos Podemos (71 bancas), de los independentistas catalanes (17) o de los nacionalistas vascos (7).

"Yo lo voy a seguir intentando con el PSOE, por responsabilidad. Ellos tienen la llave", declaró Rajoy. Su táctica es trasladarles a sus adversarios la presión social en favor de que se ponga en marcha de una vez el gobierno.

La consecuencia de que se trabe el proceso de investidura parlamentaria sería otra repetición de elecciones. A partir de mañana empieza a correr un plazo de dos meses para que Rajoy o cualquier otro postulante avalado por el rey Felipe VI consiga la confianza de la mayoría.

Si el 31 de octubre sigue el desacuerdo, habrá que disolver las cortes y convocar elecciones, por tercera vez en un año. En principio caerían el día de Navidad, una maniobra que pergeñó el gobierno en funciones para incomodar al PSOE.

Sin embargo, Sánchez no se mueve. Quiere devolverle a Rajoy la derrota humillante que éste le propinó en la sesión de investidura de marzo y que lo dejó notablemente debilitado.

Se niega a anticipar qué hará después. Tiene la opción de presentar una alternativa de gobierno, para la cual necesitaría pactar con Podemos y buscar apoyos entre los nacionalistas catalanes y vascos. "Cuando lleguemos a ese río, pasaremos ese puente", esquivó ayer.

Rajoy temió siempre afrontar una investidura fallida, porque creyó que podría interpretarse como una virtual moción de censura a sus cuatro años de gobierno y marcar su ocaso político. En diciembre, a pesar de ganar las elecciones, evitó presentarse apenas constató que no tenía apoyos suficientes. Por eso lo intentó Sánchez, como cabeza de la segunda fuerza.

Después de los comicios de junio, en los que el PP mejoró su cosecha, Rajoy se quedó sin margen para eludir otra vez la responsabilidad. Pensó siempre que si conseguía aliarse a Ciudadanos y sumar 170 votos los socialistas se rendirían.

La sesión arrancará hoy con el discurso del candidato. Tendrá el micrófono y la atención pública para exigir "responsabilidad de Estado" a sus adversarios. Al día siguiente llegarán las réplicas y la primera votación.

En el PP asumen el riesgo de que, en lugar de la discusión de un programa de gobierno, el más solemne de los debates parlamentarios se convierta en un larguísimo show de reproches sobre quién sería el culpable de unas hipotéticas terceras elecciones.

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