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El drama de la pobreza extrema a nivel mundial: el análisis de Luis Palma Cané

Luis Palma Cané
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2 de septiembre de 2016  • 13:07

Es mucho lo que se ha hablado y discutido acerca de la pobreza y del hambre en el mundo, así como de las condiciones infrahumanas en que vive una gran parte de su población. En efecto, no hay foro mundial en donde no se haga referencia a este drama y se comprometan recursos para solucionarlo. El propósito de esta nota es brindar una breve descripción de esta tragedia, de manera de poder contribuir a una mayor difusión de la misma:

  • De acuerdo al Banco Mundial, se considera "indigente" o "en extrema pobreza" al segmento que subsiste con menos de 1,90 dólares diarios
  • A nivel mundial, de un total de 7300 millones de habitantes, nada menos que 700 millones (9,6%) se encuentran en esta situación
  • Casi el 80% (560 millones) de este penoso ejército de indigentes se encuentra concentrado en el África Subsahariana y en el Asia Meridional. Por su parte, el menor nivel se da en la Comunidad Europea (1,7%), mientras que en América Latina el mismo llega al 5,6%. A nivel país, los tres peores escenarios se dan en Madagascar (81,8%), Mozambique (68,7%) y Nigeria (53,5%)
  • Del total ya mencionado de 700 millones, un 40 % de su población infantil se halla desnutrida; de acuerdo con Unicef, por esta causa mueren más de 10.000 niños menores de cinco años por día. Las enfermedades diezman a esta población; sólo a modo de ejemplo: 200 millones sufren de malaria, mientras que no menos de 20 millones están contagiados de sida. Asimismo, más del 75% vive en condiciones sanitarias extremadamente deficientes, la mitad no tiene un adecuado acceso al agua potable y un 60% carece de energía eléctrica
  • En relación a la educación, aproximadamente un 60% es analfabeto

Frente a esta dramática realidad, en el año 2000, las Naciones Unidas aprobaron a nivel mundial un programa consistente en establecer metas mensurables y con plazos temporales de cumplimiento para combatir, entre otros, la pobreza, el hambre, las enfermedades y el analfabetismo. Este conjunto de objetivos constituyen la esencia de la actual lucha mundial contra estos flagelos y, a la fecha, conforman el conocido programa "Objetivos de Desarrollo del Milenio" (ODM).

Ciertamente, el programa se ha ido implementando gradualmente, y se lograron determinados avances: la pobreza e indigencia mundial se han reducido, al igual que la mortalidad infantil y el analfabetismo; asimismo, ha aumentado el acceso al agua potable y a la electricidad. Sin embargo, y como lo atestiguan los datos mencionados anteriormente, es mucho lo que resta por hacer.

A este respecto, sería necesario aumentar sustancialmente los fondos aportados por las naciones desarrolladas para financiar el programa -hoy no superiores a los 30 mil millones de dólares anuales- y canalizarlos, fundamentalmente, a través de ONG que combatan la burocracia y corrupción existentes en los países receptores de ayuda; flagelos que impiden que una buena parte de los recursos aportados lleguen a destino.

Asimismo, los programas debieran enfocarse mayoritariamente a educación y tecnología, y no sólo a la entrega directa de alimentos, de manera que los países pobres no esperen todo de las dádivas externas y comiencen a aumentar su propia satisfacción de las necesidades primarias. Caso contrario, más allá del problema humanitario, la crítica situación mundial de indigencia podría convertirse en un serio riesgo para la paz y estabilidad mundial. El actual problema de los migrantes es un buen ejemplo de ello.

Una reflexión final: se estima que los gastos militares a nivel mundial son del orden de los 1,5 billones de dólares. Una reducción de sólo el 10% de los mismos, liberaría 150 mil millones para el ODM, el quíntuplo de la asistencia actual.

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