Rolando Schiavi: “Antes era más sencillo; ahora lo que faltan son cracks”

El Flaco compara su etapa de jugador con la actual, con la experiencia de ser el DT la Reserva de Boca
Ignacio Fusco
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2 de septiembre de 2016  

Fuente: Archivo

El fútbol debió esperar a que se retirara el Flaco Schiavi para salir del closet, animarse a la sinceridad. Los jugadores aparecen ahora con unos peinados cincelados y hechos en serie que son una cruza de galán de Hollywood de los 50 con los tumberos de hoy, vestidos además con unas camisetas que ya no son camisetas: son trajes de neopreno de un brasileño que hace surf. No es lo único: los defensores se tatúan dragones en la garganta, los mediocampistas ya no transpiran, Ortigoza se peina con gel. “Yo le pegaba para arriba e iban todos a ganar la segunda jugada”, nos ubica uno de los número 2 más gloriosos de la historia de Boca, un apellido que ha dejado de serlo para mutar en algo más vital: Schiavi es un adjetivo, una marca de época, es el dorso de La Nuestra, el 2 chacarero que oficia de bastión de un equipo y lo impulsa a la conquista mundial. Ahora técnico de la Reserva de Boca , sentado a una mesa en la oficina de la terapeuta del club, el Flaco le cuenta a la nacion que le gusta la moda de los centrales que salen jugando, que él también intenta que su equipo juegue así, pero que así se juega, ahora, “porque lo que faltan son cracks”.

–¿Porque lo que faltan son cracks?

–Por eso, sí. Antes era más sencillo. Yo era defensor, defendía, y cuando la tenía era un solo pase el que debía dar: al Chelo Delgado o a Román. Después, ellos resolvían, y se terminaba ahí. Pero como hoy no tenés esa clase de jugadores, no tenés un distinto para desequilibrar, el fútbol se hizo más colectivo.

–¿Mejor o peor?

–Más apurado. Los jugadores van más rápido que la pelota, no se para nunca de correr. Mientras en Europa se juega siempre libre, no te pegan una sola patada, acá vivís con un tipo encima. Y en inferiores pasa lo mismo: se intenta llegar al arco lo más rápido posible, no hay nadie que haga una pausa, intente pensar.

–Boca tiene a uno de los pocos que piensa y no lo puede aprovechar.

–Carlitos (Tevez) evolucionó en el juego, y mentalmente también: está más europeo. Juega y ve el fútbol de otra manera. Lo que pasa es que la mentalidad europea es muy distinta a la de acá. Acá querés intentar jugar bien y si a la cuarta fecha no ganaste te matan de todos lados, te tenés que ir. Lo que hizo [Ariel] Holan en Defensa y Justicia, en este contexto, es admirable. Todos los partidos me vi. Pero lo hizo en Defensa y Justicia, ahí tenés la otra: no debió soportar la misma presión que en otro club. Ojalá pueda hacerlo en otro lado. Y lo hizo con chicos, encima. Un crack.

–¿Qué otro equipo te gusta?

–(piensa) Lanús. Lanús y… a ver… eh…

–No hay más, ¿no?

–(silencio largo) No. No, ¿no?

–¿Y River?

–¿River?

–River. El que ganó la Libertadores. El River de las cinco copas. ¿Te gusta?

–Ehhh… River fue… es… Un equipo muy inteligente, creo. Muy inteligente, sí.

–¿A qué le llamás inteligente?

–Saber lo que querés. Este River maneja los partidos. Cada vez que tuvo que mostrar los dientes, los mostró. Y cada vez que tuvo que meter una patada, la metió. La diferencia la hizo así.

–Me suena a Boca.

–(se ríe) Para mí no jugó a lo River. Que hayan venido acá, a La Bombonera, y hayan pegado tres o cuatro patadas fue rarísimo. Pero vinieron, lo hicieron y nos sacaron del partido. El River de la Libertadores jugó a otra cosa. Mercado y Vangioni eran dos animales. Y fijate: siempre bien paraditos. Me cuesta decirlo, pero Funes Mori había crecido una barbaridad. Era imposible de tumbar.

–Y Maidana aprendió de vos.

–Era suplente mío, je. Aprendió, aprendió.

–¿De qué te acordaste?

–¿Por?

–Te reís.

–Nada, dejá.

–Dale. ¿Qué pasó?

–Es que nos reíamos mucho cuando la prensa inflaba jugadores y después venían a la Bombonera y nos tenían que enfrentar. No tanto por los pibes, obvio, sino por la bola que se armaba después. Acá vino el Kun (Agüero) y se decía que la iba a romper. Dieciséis años tenía, pobre Kun. Lo mismo pasó con Vietto, Centurión. Que jugaban bárbaro, ojo. Pero el periodismo los inflaba tanto… Y nosotros nos la agarrábamos con ellos, pero bueno… Todo dentro de la legalidad.

–El secreto del Boca copero.

–A veces nos turnábamos con el Negro (Ibarra), con Raúl (Cascini). Nos divertía. La clave era la primera pelota. Ésa y, ah, la dividida. La dividida es fundamental. Cuando viene y ves pelota y jugador, pelota y pierna… no le podés errar.

–¿A la pierna?

–¡No, no! A la pelota. Siempre a la pelota.

–¿Te acordás de alguna?

–(se sonríe) Fueron muchas.

–Una sola.

–No, no. La joda era que la sintieran. El tema era ése: mostrarles dónde están.

–Algo que los jugadores nuevos tendrán que aprender, ¿no?

–Sí, pero están preparados. Todos los que llegaron ya están mentalizados de lo que es Boca, lo que después hay que ver es la fortaleza mental: cuál de ellos puede aguantarse la presión que significa estar acá. Por ahí muchas veces sos figura en un club y venís a Boca y te olvidás de jugar al fútbol, es así. Boca te come. Te come. A mí me costó muchísimo adaptarme al club. Yo debuté en 2001, en un amistoso ante la Roma, allá en Italia. Perdimos 3-1 pero yo jugué bien, me sentía genial. A la vuelta debutamos con Belgrano, de local: un desastre fui. Boca te come la cabeza. Entonces me prometí algo: acá hay que jugar siempre seis puntos. Seis, seis, siempre seis. Y estar, nunca dejar de estar. ¿Tenés fiebre? Practicá igual. Acá hay chicos en la Reserva que muchas veces no practican; tienen un dolorcito y no quieren practicar.

–Cuando te dicen “un dolorcito...”

–Me fastidia el dolorcito. El dolorcito me fastidia.

–¿Y qué les decís?

–Que esto es Boca y hay que entrenar. Cuando estás en Primera hay que estar siempre para jugar. Yo me infiltraba sin que se enterara el técnico y jugaba igual. Buscaba a los médicos y les pedía que me pichicatearan. Una vuelta me infiltré en la espalda... Muchas veces, bah.

–¿Y ahora cómo estás?

–Muy bien... (se ríe) Me duele un poco la cintura, pero bien. Hernia de disco, nomás.

–¿Seguís jugando al fútbol?

–A veces intento meterme en algún picado.

–¿Y? ¿Bien?

–Intento, dije. Pero no me puedo ni mover

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