La política española se resigna a esperar las nuevas elecciones

Rajoy se quedó sin aliados tras la fallida sesión de investigura y no hay salida
Martín Rodríguez Yebra
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7 de septiembre de 2016  

Mariano Rajoy sin salida en la elecciones de España
Mariano Rajoy sin salida en la elecciones de España Fuente: AP - Crédito: Archivo

MADRID.- Desconcertados, con todos los puentes de negociación rotos, los líderes políticos españoles se resignan a esperar que se consuma el tiempo que resta para la convocatoria a unas nuevas elecciones generales, las terceras en un año.

La derrota del conservador Mariano Rajoy en la sesión de investidura presidencial de la semana pasada desinfló la expectativa de un acuerdo que ponga fin a ocho meses de bloqueo institucional y desde entonces todas las jugadas no han hecho más que ahondar la tensión entre los partidos que impide formar un gobierno.

Rajoy se quedó otra vez sin aliados después de desatar un escándalo al proponer como delegado ante el Banco Mundial al ex ministro y amigo personal José Manuel Soria, señalado en los Panamá Papers por ocultar bienes en paraísos fiscales.

"Es intolerable. Rajoy no tiene remedio", se quejó ayer el liberal Albert Rivera, líder de Ciudadanos, el único bloque que había aceptado apoyar la candidatura del presidente en funciones. El pacto entre ellos incluía un programa anticorrupción que el caso Soria convirtió en papel mojado.

Al final Soria no tuvo más remedio que renunciar al nombramiento, cuando el Partido Popular (PP) se exponía a una condena legislativa de toda la oposición.

Para aprovechar el traspié, el socialista Pedro Sánchez amagó promover un gobierno alternativo desde su condición de segunda fuerza. Anunció que hará una ronda de consultas "para desalojar a Rajoy y evitar las terceras elecciones".

Sonó a un movimiento táctico para ganar tiempo. Si quiere formar un gobierno en el que no participe el PP, debe poner de acuerdo a Ciudadanos y a la izquierda radical de Unidos Podemos, que se consideran "incompatibles".

El PSOE tiene 85 de los 350 diputados (contra 137 del PP). Se necesitan 176 o al menos una mayoría simple de la cámara para investir un presidente.

Pero lo peor para Sánchez fue que el rechazo vino primero de su propio partido. "No engañemos a la gente. Es inviable un gobierno en esas condiciones", dijo Juan Cornejo, mano derecha de la poderosa presidenta de Andalucía, Susana Díaz. Otros tres jefes regionales del socialismo descartaron también esa vía.

Sánchez trató de enmendarlo. Dijo que no se estaba postulando para la presidencia, sino para "encontrar una salida a la crisis" a partir de un diálogo con "las fuerzas del cambio".

Su ronda empezó ayer con una llamada a Rajoy. Hablaron ayer 10 minutos para corroborar que no tienen nada para decirse. El presidente insistió en que él tiene derecho a gobernar porque salió primero en las elecciones de diciembre y en la repetición de junio; Sánchez reiteró que su partido se lo impedirá siempre que pueda.

Los plazos hacia las terceras elecciones ya corren. Hasta el 31 de octubre hay tiempo para que el Congreso designe por mayoría un presidente, sea Rajoy, Sánchez o cualquier ciudadano español con apoyos suficientes.

Tanto el PP como el PSOE suponen que podrían mejorar sus posiciones si se votara de nuevo. Creen que el hastío social penalizará la incapacidad de los emergentes Podemos y Ciudadanos para imponer el cambio que prometieron. La obsesión, hasta tanto, es demostrar que el culpable de forzar las urnas es el otro.

El primero en tirar la toalla pareció ser el rey Felipe VI, que es quien debe encargar al eventual candidato la formación de gobierno. Descartó por el momento convocar una ronda de consultas con los políticos y se limitó a pedir que se esfuercen por "el diálogo, la concertación y el compromiso". No volverá a mover ficha hasta después del domingo 25, cuando se celebran las elecciones regionales de Galicia y el País Vasco. Esas campañas son un ensayo de lo que podría venir, con Rajoy, Sánchez, Rivera y el podemita Pablo Iglesias instalados de lleno en las tierras del Norte.

El tablero nacional podría moverse según lo que pase allí. Rajoy apuesta todo a la campaña gallega (su patria chica), donde el PP defiende una mayoría absoluta. Y tratará de retener poder de negociación en el País Vasco, donde perdió muchísima influencia. Los socialistas no aspiran a ganar ninguna de las dos, pero un mal resultado podría agravar la frágil situación de Sánchez en el PSOE y hasta precipitar un cambio de liderazgo.

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