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Walter Bou, el "9" de Guillermo que vivió a la sombra y que busca reescribir su historia

Crédito: Prensa Boca
El delantero que corrige su pasado y busca cambiar cada cosa que no le gustó
Ignacio Fusco
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8 de septiembre de 2016  • 20:59

La primera escena tiene la inquietante sombra de la ciencia ficción. En la puerta de una casa de Concordia hay dos enviados, un adolescente de 14 años al que han elegido llevarse, y un padre y una madre que ya han decidido que así sea y ahora no pueden hacer mucho más que observar cómo el niño se les va. No es, sin embargo, el único: al lado de la madre hay otro niño, más pequeño aún. Es uno de los ocho hermanos -tres mujeres, cinco varones- del chico al que transportarán a la dimensión gigante y luminosa en la que todos quieren estar; es a él a quien los enviados -que visten de blanco, de negro, de rojo- miran fijo antes de irse de la ciudad. "Él también es bueno, ya lo vamos a venir a buscar", le dice uno de ellos a José Wenceslao, el padre. Más asustada que veloz, María Emilia, la madre, les contesta: "No, es muy chiquito él". Él tiene 11 años, le dicen Galgo, juega en Defensores de Nebel, y aunque este inicio pierda fuerza porque ya se sepa de quién se está escribiendo, lo importante no es la historia sino la sombra de la historia, lo que siempre le sucedió a Walter Bou : vivir a destiempo, estar corrido de lugar. Los enviados de River acaso sonrieron mientras le prometían aquello a la familia. Los enviados de River no volvieron jamás.

El pibe que en algunas mañanas iba al colegio con la 10 de Riquelme será el domingo el undécimo delantero al que le probarán el traje de Martín Palermo, que hace un lustro ya que no está más. Después de Santiago Silva, de Viatri, de Blandi, de Cvitanich, Gigliotti, Riaño, Osvaldo, Calleri, Tevez y Benedetto, frente a Belgrano y a las seis de la tarde, por la segunda fecha del campeonato, debutará como titular en la Bombonera uno de los cinco hermanos a los que su viejo se llevaba a laburar en la construcción, un chico que según Guillermo Barros Schelotto puede ser "un goleador increíble", letal. A los 23 años y con un apellido que ahora es franquicia, cumplirá su sueño adolescente el chiquito ("muy chiquito") Bou, Walter Bou.

A cuatro años de haber llegado a Boca y a tres de haberse ido de Boca, a seis años de haber podido jugar en Newell's y haberle dicho que no, debuta de entrada un 9 que en su último año en las Inferiores de Boca metió la misma cantidad de goles que en Chaco, cuando el equipo de los Mellizos venció 2-0 a Libertad de Paraguay: uno. Un gol. Un solo gol.

Fuente: Archivo

Walter Bou tenía ya 17 años cuando Boca hizo una prueba en el club Ansel, en Concordia. Jugó un tiempo, hizo un gol, lo sacaron y a los dos meses lo rastrearon por primera vez: la oferta, que viajara a Buenos Aires para que lo volvieran a probar. En el medio, mientras tanto, lo quiso Newell's. La oferta: jugar sólo la liga local. Walter estaba entonces en Defensores de Nebel y en la selección Sub 17 de Concordia; un torneo outlet no lo tentaba, parece, así que prefirió quedarse en su ciudad. El chiquito al que los enviados de River olvidaron empezaba a escribirse a sí mismo: donde todos estarían, en el tiempo que correspondía, no era donde estaba él. La palabra decisión se nutre de otro peso, a veces, cuando se refiere a la familia Bou; la tarde que Gustavo, el mayor, decidió volver a jugar en las Inferiores de River después de la muerte -en 2005- de su mamá, José Wenceslao, el padre, tuvo que pedirle a un vecino que les prestara plata porque no les alcanzaba para comprar el pasaje hacia Capital Federal. En la casa del albañil Wenceslao, una apuesta es una apuesta: está prohibido, ya no se puede, mirar para atrás.

El chiquito, el hermanito, debutó en las Inferiores de Boca a mediados de 2012. En el informe que el club documenta de cada jugador que estuvo en Inferiores, un empleado redactó: "Walter Bou. Jugador hábil, rápido y encarador. Se desempeña jugando por afuera como extremo o por el frente de ataque. Arribó en el año 2012 con edad de Cuarta División coincidiendo con nuestra llegada al Club. Dadas sus condiciones consideramos que se trataba de una buena apuesta a futuro. Tras buenos rendimientos en los torneos 2012 y 2013, Marcelo Herrera lo convocó al plantel de Reserva y habiendo llegado a edad de primer contrato el Cuerpo Técnico de Primera decidió relegarlo ante otros jugadores en igualdad de condiciones".

El cuerpo técnico de Primera al que se refiere el archivo habrá sido escrito todo con mayúsculas porque ése es el trato que merece un hombre como Carlos Bianchi, el Virrey. "Me tengo que hacer cargo, a Bou lo dejamos libre en mi gestión", le dijo a Fox Sports Radio Del Plata el presidente de Boca, Daniel Angelici, cuando el club lo volvió a contratar. El 9 es la adaptación latinoamericana de Evan Treborn, el protagonista de la película El efecto mariposa, que para corregir algo retrocedía en el tiempo y volvía a actuar. El Galgo abrió otra línea de tiempo. Jugó en Boca y le fue mal. Y ahora va a jugar en Boca, a ver qué tal le va.

En Inferiores estuvo en Cuarta y Reserva. Casi siempre fue volante por derecha o por izquierda en una línea de cuatro o de tres. "Era un chico obediente, sumiso, laburador. Le pegaba con las dos. En Suiza jugó muy bien", le cuenta Víctor Marchesini, su técnico en la Cuarta, a LA NACION. Donde dice Suiza, Marchesini debería decir Torneo Internazionale Giovanille de Bellinzona, un campeonato Sub 19 que Boca ganó con Bou -y Federico Bravo, Nahuel Zárate, y Sebastián Palacios-. Fue un paréntesis luminoso, el único de 2013 y el único, en definitiva, que tuvo en el club. Antes y después están las respuestas, al menos estadísticas, de por qué se debió ir.

En las primeras 13 fechas del campeonato fue titular en cuatro, en otras cuatro fue suplente y en las cinco restantes el cuerpo técnico (en minúscula) no lo citó. Tres de esas cinco ausencias fueron porque había viajado con el Sub 19 a disputar la Copa Hamdan Bin Mohammad, en Emiratos Árabes, Dubai. Las semifinales de la Libertadores 2016 no han sido la primera eliminación fugaz de Walter Bou. Boca jugó entonces ante Al Nasr FC, Al Shabab FC y el Valencia español. Boca ganó un partido y perdió dos. A la próxima ronda se clasificaban los dos primeros. Bou fue titular en los únicos tres partidos que disputaron.

A la vuelta, el volante no lo sabía, pero su primera vida en Boca tendría sólo 17 fechas más. El primer duelo fue ante River: lo mandaron al banco. Le quedaban, ahora, 16 partidos. En diez no lo citaron, y jamás fue titular.

"Con gol de Walter Bou, la Cuarta empató 1 a 1 con Independiente y cerró un flojo año en el que termino siendo la categoría con menos puntos. Alcanzó la línea de 24 unidades", informó la página oficial del club la tarde en la que el Galgo cerró el 2013, siempre borroneado, como un holograma, a destiempo una vez más: el gol -su único gol del año- era un grito en un pasillo donde no había nadie más.

"Cuando iba a Buenos Aires lo acompañaba todos los días a entrenarse a Casa Amarilla -le cuenta su padre, José Wenceslao, que es hincha de River, a LA NACION-. Walter vivía con Gustavo en Puerto Madero y de ahí nos íbamos caminando, los dos juntos, hacia el club".

El recuerdo tiene la luz de las buenas familias. Después, como siempre, sólo hay que esperar. "Nunca lo acompañé a un partido", cuenta el primer Bou.

-¿Por qué?

-No sé. No sé, no sé por qué. En Boca nunca lo vi. Ahora que está en Primera, bueno, sí, ahora sí voy a ir.

El domingo, su noveno hijo será titular en la Bombonera: su noveno hijo debutará otra vez en Boca, otra vez de entrada, cuatro años después. Walter Bou es un invento de Borges. Es Pedro Damián en La otra muerte: alguien que ha venido desde el futuro para reivindicarse, para cambiar aquel final que no le gustó.

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