3 vecinos nos muestran la deco de sus lofts

En el complejo Darwin, el primer edificio reciclado para lofts de Buenos Aires, construido a fines de los 80 en la ex fábrica textil Dell’Acqua, tres vecinos aprovechan la amplitud de sus espacios para desplegar su particular visión
Cristina Solanet
Daniel Karp
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11 de septiembre de 2016  • 17:07

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Miguel Rodríguez Arias y su mujer, Ana, son vecinos históricos del complejo: se mudaron en 1991, obligados a ampliarse por la dimensión que estaba tomando su vastísimo archivo de videos. Hoy en esta casa, donde viven con su hija de 20 años, funciona también su productora, Rodríguez Arias.

Durante la década de los 80, Miguel Rodríguez Arias dejaba grabando los programas políticos para verlos cuando volvía de la Facultad de Psicología. En esas proyecciones en diferido, empezó a interesarse por algo que por entonces pasaba desapercibido: los actos fallidos, en boca de personalidades y políticos. Empezó a registrarlos y atesorarlos, y ese material –en forma de documental– que circuló primero por circuitos académicos, lo llevó a estar sentado en la mesa de Mirtha y en el living de Susana, y seguir una carrera como documentalista y productor.

Para 1898, cuando este loft era la cocina de Francis Mallman en la sexta edición de Casa FOA, el departamento que Miguel compartía con su mujer, Ana, en Palermo se delataba minúsculo para el crecimiento exponencial del archivo. En el 91, se mudaron. En el 95 nació su hija y readaptaron la planta alta. En 2001, mudaron allí su productora, Rodríguez Arias, que funcionaba en otro loft del complejo, donde convive de mil maravillas con la aceitada dinámica familiar.

Laura y su marido Roy son diseñadores gráficos. Ella tiene una agencia de branding e innovación que maneja desde casa, y él es director creativo en una agencia. Viven con sus hijas Rita (5 años) y Felisa (6 meses) en un luminoso tercer piso rodeados de muebles antiguos y juguetes japoneses.

“Cuando vinimos a ver este lugar por primera vez, era difícil imaginárselo como casa. Desde el lado de la construcción no estaba mal; de hecho, conservamos mucho de la distribución de la planta superior. Lo que era raro era el planteo estético: tenía unas arcadas medio extrañas, dos chimeneas y un torso cual Venus de Milo en el descanso de la escalera. Además, estaba abandonado desde hacía unos años, no tenía cocina, y el único baño estaba abajo, así que tuvimos que hacerle bastante obra”, cuenta Laura. Después de una remodelación a cargo del arquitecto Nelson Calaza, que incluyó una modificación para sumar baños arriba y una cocina tamaño familiar en la planta baja, se mudó al loft con su marido, Roy, y su hija recién nacida en brazos. Hoy, Rita tiene 5 años y una hermanita de seis meses. El espacio les es muy funcional: al ser amplio y versátil, las chicas tienen espacio para jugar y ella puede trabajar cómodamente desde casa.

Carlos es artista y le compró su loft a un fotógrafo en 2007. Durante años el amplio espacio fue también taller y punto de encuentro para sus clínicas de arte. Desde hace un par de meses es sólo su casa, pero conserva la esencia: mucho espacio y ninguna división.

Si bien con una madre editora (Adriana Hidalgo) y un padre que había sido dibujante el vínculo con la cultura corría por la familia, Carlos fue el primero en declararse lisa y llanamente artista. “Quería hacer un posgrado de arte en Estados Unidos, pero primero necesitaba un título, y estudié Economía: prefería ir por algo nada que ver que elegir una carrera tibia. En retrospectiva, fue la parte más bizarra de mi formación”. Tras terminar su carrera acá y en el exterior, expuso afuera, recorrió varios países y en 2007 volvió a Argentina. “Más que ser un artista itinerante, me interesaba formar parte de una escena”, dice.

Así es que compró este loft, lo adaptó como taller, centro de sus clínicas de arte y vivienda. Con el tiempo, la geografía lo sorprendió por lo acertada. “En Villa Crespo están pasando muchas cosas, de hecho la galería que me representa, Ruth Benzacar, se mudó de Recoleta para estos pagos”.

Texto: Bárbara Orlando.

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