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Trascendente poesía de lo cotidiano

Sobre Hombre reunido, de Santiago Kovadloff
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11 de septiembre de 2016  

Me es difícil hablar objetivamente, después de 40 años de fraternal amistad, de la persona de Santiago Kovadloff. Sólo empezaré diciendo lo que ya todos saben: que es uno de los intelectuales argentinos más importantes y escuchados, que ha sido ampliamente reconocido en el país y en el exterior como escritor, filósofo y académico, que es un extraordinario traductor de Fernando Pessoa y que -aquí me permito una opinión personalísima- es, hoy por hoy, uno de los grandes ensayistas literarios de nuestro idioma, gracias, sobre todo, a la invulnerable trilogía que forman El silencio primordial, Lo irremediable y El enigma del sufrimiento.

Tengo ahora, entre mis manos, un volumen que documenta una actividad de Kovadloff menos estentórea y más secreta: su poesía. En Hombre reunido, en efecto, están compilados sus nueve libros de poemas, de 1978 a 2016, algunos de ellos muy breves y otros algo más extensos, pero siempre mantenidos en una discreta retaguardia, como un pequeño ejército protector.

Quien se inicie en la lectura de Kovadloff a través de sus ensayos y textos filosóficos quizá se complazca en pensar -o temer- que el encuentro con su poesía será una réplica del consumo de su obra en prosa, experta en pensamiento abstracto. Y nada sería más equivocado. Tampoco estamos en presencia de una poesía estrictamente lírica, efusiva o sentimental, que otros poetas encubren con un discurso aparentemente vanguardista.

Los poemas de Hombre reunido casi siempre se originan en una situación concreta, un objeto material, o la felicidad o desventura de un padre o un hermano. En cuanto al estilo, al peso del lenguaje, se advertirá que una austera sencillez, que no elude siquiera el uso de los más crudos prosaísmos, desemboca en una musicalidad inesperada. Hay en esos entrecortados versos libres una cálida disposición de las palabras, que siempre remite al núcleo inicial.

¿Cuáles son las situaciones que ponen en movimiento la inspiración del poeta? Puede tratarse de una silla, de una pileta en el jardín, del hermano Hugo, de una Lettera 32, del alumno de las cuatro, de Chez Pauline, del Iom Kipur, ¡de la extracción de un diente! o del retrato de una hija. O de Patricia, la mujer que lo acompaña cabalmente: "Fe que me das,/ la que entró en mí como una fiesta; / mano tendida, mujercita,/ los muchos años/ que con sombras y luz nos vieron,/ hermosa voz,/ abismo en que reposo".

¿Podemos hablar de una metafísica de lo cotidiano o de una gozosa y a la vez doliente aceptación de los seres y las cosas que nos constituyen? Lo notable es cómo Kovadloff dignifica esos elementos a primera vista antipoéticos y les otorga una jerarquía expresiva de invencible atracción. Más de un poema se puede leer como si fuese un microrrelato, mientras otros se postulan como agridulces monólogos.

A manera de introducción, el autor incluye un texto de seis páginas al que titula "¿Ser poeta? ¡Imposible!", y que sugiere rigurosas concepciones teóricas acerca de la poesía y los poetas.Hay sólo dos conceptos que no compartimos: uno, el que se refiere a la inspiración en el poeta, que dependería -acercándose así al mito romántico- del "estado de gracia [que] hace posible el despliegue ulterior de la tarea consciente"; dos, el que define como privilegiada la lectura en voz alta, "en la lectura oral debidamente ejecutada. y en la voz capaz de expresarlo, el poema recupera su aliento". Por el contrario, creemos que la razón y el silencio también intervienen decisivamente en la creación poética.

Poco importan estas discrepancias ante un poeta que como tal ha conseguido ser un "hombre reunido" y se ha confirmado como escritor total, en este volumen que vale la pena leer y releer, "para seguir cambiándonos las puertas de lugar", como dice Santiago, y "estampando un perfil nuestro insospechado/ cada vez que nos miramos de frente en el espejo".

HOMBRE REUNIDO

Por Santiago Kovadloff

Emecé

240 páginas

$ 289

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