Los desafíos de liderar el G-20

9 de septiembre de 2016  

La iniciativa del Gobierno de liderar el Grupo de los 20 (G-20), el principal foro de cooperación económica global, en 2018, es una fantástica oportunidad para seguir recuperando el prestigio y potenciar el impacto de la política exterior argentina. Esta responsabilidad, confirmada el fin de semana en la reunión de jefes de estado y gobierno del G-20, en Hangzhou (China), ofrece importantes desafíos desde el punto de vista organizacional y de contenido que deben enfrentarse con premura, con un enfoque transversal e interministerial.

Concebida como una organización para mantener la estabilidad financiera global, el G-20 está formado por las economías más grandes del mundo y por algunos países representativos geográficamente, como la Argentina o Sudáfrica. Representa el 66% de la población global, el 85% del Producto Bruto y el 80% del comercio mundial. Tomó un importante protagonismo durante la crisis global de 2008 y se ha convertido en el principal ámbito de cooperación económica internacional. Aunque aún se ocupa principalmente de temas financieros, ha incorporado grupos de trabajo que tratan temas de desarrollo y comercio, como también laborales y de negocios

Liderar el G-20 en 2018 está en línea con la visión de la canciller Malcorra de "construir una política exterior que refleje la potencialidad de la Argentina". A su vez está en sintonía con una política de "horizontes diversos", que busca de mantener relacionamientos positivos simultáneos con el exterior próximo, las potencias establecidas y las emergentes, bien representadas en el G-20.

Esta iniciativa de la Cancillería fue apoyada por Macri. A partir de la decisión presidencial, la diplomacia argentina comenzó a generar apoyos en el Foro Económico Global en Davos, en enero, y en la Cumbre de Seguridad Nuclear en Washington, en abril. Esta tarea diplomática, con el vicecanciller Carlos Foradori como sherpa, concluyó con la aprobación de la candidatura argentina en la reunión de sherpas en Xiamen (China), en junio. Tras la confirmación de los líderes del G-20 el pasado fin de semana, los jefes de Estado y gobierno del G-20 se reunirán por primera vez en América del Sur.

El organizar la reunión presenta importantes desafíos. El primero es el de coordinar, tanto a nivel internacional como a nivel interno, el proceso de deliberaciones y de debates. Hará falta un equipo experimentado a nivel internacional, conocedor de la temática del G-20, con capacidad para conducir sofisticados procesos de negociación, que aporte fórmulas y mecanismos para arribar a acuerdos. A su vez, se necesitará actuar "en equipo" a nivel interno, trabajando con Presidencia y los ministerios involucrados. Para estas tareas, Foradori contará con la ayuda del sherpa adjunto, el secretario de Asuntos Estratégicos, Fulvio Pompeo. Estas reuniones permitirán a nuestros representantes actuar "de igual a igual" con sus colegas, lo que puede dar lugar a vinculaciones de utilidad para la implementación de nuestra política exterior. Al emprender este esfuerzo habrá que recordar siempre que el asumir responsabilidades genera legitimidad, y que la legitimidad genera influencia.

El segundo desafío es contribuir en forma constructiva y diferenciada a la agenda del G-20, que en general apunta a articular una mejor gobernanza mundial. Este año, China ha puesto el acento en la innovación, las reformas estructurales y el desarrollo, en particular las llamadas metas de desarrollo sustentable de la ONU para 2030. Así, para 2018 habrá que escoger cuáles son las áreas donde la Argentina puede aportar propuestas concretas, constructivas y diferenciadas. Una opción es proponer una visión constructiva respecto de cómo lograr un desarrollo con inclusión productiva, social y regional, de relevancia para nuestro país, dados los altos niveles de pobreza heredados. Habrá que demostrar liderazgo en ideas ante un auditorio experimentado. A su vez, puede ser positivo realizar consultas a Brasil y Chile, para incorporar sus puntos de vista, haciendo, en lo posible, más representativas las propuestas presentadas.

El tercero es organizar las actividades del G-20 para 2018, enfrentando los desafíos logísticos y de seguridad que conllevan las diversas reuniones, en las que participan las principales figuras políticas del mundo. China, organizador este año, implementó alrededor de 50 reuniones relacionadas con el G-20, en múltiples ciudades. En este sentido, un elemento a considerar es realizar reuniones de nivel ministerial, en el interior del país, para subrayar así el concepto de un desarrollo con inclusión regional.

Tras la confirmación de su candidatura, la Argentina se convertirá en diciembre en miembro de la troika de países que orientan el G-20, que incluye, además de China, al organizador de 2017, Alemania. Es crucial comenzar ya a determinar los equipos que llevarán a cabo esta iniciativa, y asegurar los recursos correspondientes. Aquí se presenta una valiosa oportunidad: la de formar una camada de cuadros gubernamentales y políticos en temas de relevancia global.

En un sentido más amplio, la organización del G-20 en 2018 ofrece la oportunidad para que la dirigencia política y la ciudadanía en general se interesen en mayor grado en temas de política internacional. Se podrá así mitigar en parte lo que que expresaba el diplomático estadounidense George Kennan: "Está en la naturaleza de las democracias el tener, en la mayoría de los casos, las más confusas y erróneas ideas sobre los asuntos internacionales, y decidir cuestiones de política exterior exclusivamente en base a consideraciones domésticas".

Doctorando en Relaciones Internacionales, miembro consultor del CARI y de Cippec

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