El hierro caliente que deja Obama en la Casa Blanca

Silvia Pisani
Silvia Pisani LA NACION
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10 de septiembre de 2016  

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama
El presidente de Estados Unidos, Barack Obama Fuente: AP

WASHINGTON.- En medios diplomáticos de esta ciudad, la actitud de Corea del Norte se lee en el contexto de un desafío permanente. Uno que ignora toda advertencia internacional -venga de donde venga- e indiferente por completo a toda amenaza de nueva sanción.

Con el agravante de que se trata de una amenaza a la que se ve en ascenso. La capacidad nuclear de ese país separado de todos empieza a ser calificada aquí como preocupante. Una amenaza real para la seguridad.

Con los datos y la retórica en ascenso, la duda vuelve a ser la misma: ¿cómo lidiar con esa realidad amenazante?

Las respuestas no son tan claras. ¿Mas sanciones y más aislamiento? ¿Un ahogo financiero y económico internacional en línea como el que, en definitiva, empujó al gobierno de Irán a negociar? No parece haber una respuesta clara.

"Corea del Norte ya está aislada. Ya está bajo sanciones. ¿De qué sirve realmente amenazarla con más? confió anoche a LA NACION una fuente diplomática a la que le toca lidiar de cerca con el problema. "Obvio que el discurso oficial será ése. Pero otra cosa es que dé resultado", añadió, escéptico.

Lo que ocurrió ayer fue el mayor desafío en materia nuclear del régimen encabezado por el joven dictador Kim Jong-un.

Fue la quinta prueba nuclear, la segunda en el año, y lo que desarrolló fue -según coinciden los informes- una potencia de 10 kilotones. Es decir, un 75 por ciento de lo que alcanzó la explosión de Hiroshima, con 15 kilotones.

Los sismógrafos se enteraron antes que nadie, al detectar un "sismo artificial" con una magnitud de 5,3 grados, que en la escala de Richter equivale a un movimiento moderado.

Hubo condena internacional inmediata. Pero, particularmente, lo ocurrido vuelve a poner la mirada sobre Washington. Y la pregunta recurrente: "¿Qué hará la Casa Blanca?"

La Casa Blanca está por mudar de inquilino. Barack Obama se va dentro de 120 días. Pero en nada más que ocho semanas, habrá ya otro presidente electo.

Sumamente delicado y todo un enigma en sí mismo, el problema de Corea del Norte no lo va a arreglar Obama en lo que le queda de la mandato.

Él lo heredó de la gestión anterior y durante ocho años desarrolló una política con los resultados a la vista. Sus colaboradores la definieron como "contención paciente". Que es una forma diplomática de decir que las cosas siguen su curso, pero evitando que pasen a mayores.

"El tema recaerá sobre quien resulte elegido. Será una de las primeras herencias", dijo a LA NACION Tom Warren, del programa de estudios militares de la Universidad de Pensilvania.

No será lo mismo. La coincidencia es que los ritmos se aceleran. "Una de las cosas para subrayar es la velocidad con la que Corea del Norte avanza en su programa", acotó Juan Carlos Hidalgo, analista del conservador Cato Institute, con sede en esta ciudad.

El régimen de Kim se encuentra ya bajo sanciones de Estados Unidos. El aspirante republicano, Donald Trump, dijo que estaba dispuesto a negociar con él. "No tengo ningún inconveniente en hacerlo", aseguró.

En tono grave, la demócrata Hillary Clinton aseguró que, si llega a la Casa Blanca, el enfoque del problema cambiará. "Mantendremos las sanciones, pero ellas por sí mismas no son suficientes", dijo.

Adelantó, en cambio, que su compromiso será proveer a "países aliados" sistemas de misiles defensivos que contrarresten la amenaza de Pyongyang. "Eso es algo que no gusta a otros. Particularmente, a Rusia, Japón y China. Pero no podemos dejar a nuestros aliados expuestos a un ataque de ese tipo", añadió.

Por lo pronto, el régimen de Pyongyang parece tener sus preferencias y prefiere que sea el republicano Donald Trump quien llegue a la Casa Blanca, en lugar de la "cabeza dura de Hillary Clinton".

"Trump es un político inteligente" y es "la mejor opción" para presidir los Estados Unidos, definió semanas atrás.

Obama dijo ayer que "no permitiría" una península coreana nuclear. Mucho más apegados a lo que veían, la pregunta de ayer era si el régimen de Kim Jong-un posee ya una bomba atómica capaz de ser incorporada a un misil balístico estratégico.

"Si no la tiene ya, es evidente que está cada vez más cerca", dijo Sharon Squassoni, del Programa de Prevención Nuclear del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS, por su sigla en inglés), con sede en esta ciudad.

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