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Batalla de gallos: el mega festival del rap fue la gran atracción en Tecnópolis

Unos 8000 fanáticos presenciaron la competencia más importante de habla hispana; Papo, un marplatense de 24 años, se quedó con el cinturón argentino
Pablo Plotkin
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11 de septiembre de 2016  

Mucho público asistió al duelo del rap y más de 600.000 personas lo siguieron en directo por streaming
Mucho público asistió al duelo del rap y más de 600.000 personas lo siguieron en directo por streaming Crédito: Santiago Filipuzzi

Cuando todavía promediaba el minuto del segundo round y mientras Sony, campeón nacional de 2014, tiraba su metralla de rimas, Papo se largó a llorar de la emoción, seguro de que la final era suya. Había empezado la tarde con el público en contra y lo había revertido. El jurado lo coronó por unanimidad y Papo, alias rapero de Alejandro Lococo, marplatense de 24 años, hijo de una ama de casa y un capitán de barco, padre de una nena de siete meses, se sacó la camiseta de fútbol americano, se tiró al piso y recibió la avalancha del resto de los competidores, para después vaciarse una lata de energizante en la cara y dedicarle la victoria a los amigos y enemigos.

En su tercera final en cinco participaciones, Papo, un joven veterano del freestyle (el rap de improvisación), se llevó el cinturón de campeón argentino en la Red Bull Batalla de los Gallos, la competencia más importante de la escena de habla hispana. Un submundo para la mayoría, pero algo así como la Champions League para los 8000 fanáticos que coparon ayer a la tarde el estadio cubierto de Tecnópolis y para las más de 600.000 personas que siguieron el certamen en directo por streaming.

"No tenía idea de todo esto", decía una señora sobre el asfalto de una de las calles internas de Tecnópolis, parada entre el estadio y los food trucks. "Todo esto" era esa multitud de adolescentes que se enroscaba contra una de las vallas, y que proyectaba la imagen de una Beatlemanía millennial, esencialmente masculina, con gorras de visera y cuentas de YouTube en rojo, vibrando desde los parlantes del celular al ritmo de una base instrumental de hip hop.

Para entenderlo rápido: una batalla de freestyle consiste en dos raperos que se enfrentan en rounds de improvisación, como los viejos payadores, pero a velocidad supersónica y con una mayor tolerancia al golpe debajo del cinturón. Las habilidades que tiene que tener un freestyler no son sólo técnicas -manejo de estructuras, de métricas, de " flow", de tempo-: las batallas son fundamentalmente duelos de ingenio, picardía, velocidad mental, manejo del lenguaje, hambre de gloria y nervios de acero. Hay que soportar con temple las agresiones del rival y hay que saber calibrar respuestas instantáneas que dejen al otro en ridículo. Por supuesto que hay algo de morbo colectivo, de baño de sangre simbólica en estas competiciones, rodeos urbanos donde una selección de toritos adolescentes clavan sus cuernos en las debilidades físicas y emocionales del rival. Pero también hay mucho de poesía callejera y camaradería. Después de masacrarse sobre el centro del escenario, los competidores se dan un abrazo, se felicitan o se consuelan. Como los boxeadores después de un combate a muerte.

"Muchos hablan. Pocos riman. Los mejores improvisan", dice el lema de Red Bull Batalla de los Gallos. En su décima edición, esta competencia es el emergente más importante y visible de un movimiento que se expande en las plazas y las calles de todo el país. No hay una subcultura urbana que, en la Argentina, registre el crecimiento que tuvo el freestyle en la última década, con una retroalimentación voraz de las redes sociales. Halabalusa en el sur del conurbano, o el Quinto Escalón en Parque Rivadavia son sólo algunas de las competencias que atraen a miles de fans un par de veces al mes.

Para algunos cultores del hip hop, las batallas de freestyle son "el circo romano" del movimiento, pero hoy no hay banda ni artista del género que convoque lo que convocan las grandes competencias. El campeón internacional Dtoke (seudónimo de Gastón Serrano, 30 años), uno de los tres jurados de la batalla de ayer, lo vive en carne propia: es una estrella latinoamericana y sus duelos más legendarios (contra el español Arkano, contra el chileno Stigma) rondan los 13 millones de vistas en YouTube. "Fue difícil elegir a los 16 finalistas -dice Marcos Miranda, alias Núcleo, otro de los miembros del jurado-. Vimos más de 400 videos de postulantes".

Papo, que ahora irá a competir a Perú en la final internacional, le dijo a LA NACION minutos antes de la competencia: "El rap evolucionó mucho. Hoy YouTube te permite tener acceso a todo. Lo que veo en las nuevas generaciones es que se le da mucha importancia a la técnica y quizás no tanta al mensaje". De aquella primera Batalla de los Gallos nacional de 2005, para apenas un centenar de personas a la fiebre que se vivió ayer en Tecnópolis parece haber un trecho tan largo como la distancia que separa al Bronx de Villa Martelli. Como improvisó en una respuesta ayer Klan, un freestyler de Glew conocido como "el rey de las plazas": "¿Desperdicié mi vida? Que me juzgue la gente, yo le di mi corazón a las rimas".

Desde los años 70, en el Bronx, hasta hoy

La cultura hip hop, alumbrada en el sur del Bronx en los años 70 a través de los jóvenes negros y puertorriqueños, evolucionó sobre cuatro elementos fundacionales: el rap, el arte del graffiti, el manejo de las bandejas tocadiscos (DJ) y el baile (breakdance). Más allá de eso y de los grandes artistas del género (de Public Enemy a Kanye West, de Eminem a Jay-Z), las batallas de improvisación se convirtieron en un fenómeno paralelo, con otras reglas y otras figuras. "El freestyle es el deporte extremo del hip hop", dice Juan Ortelli, director de Rolling Stone y jurado de Batalla de los Gallos. "Lo que pasa con las competencias tiene más relación con el mundo del skate o el UFC más que con el negocio tradicional de la música."

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