Selección de personal: de la pregunta insolente a la respuesta inapropiada

Jorge Mosqueira
Jorge Mosqueira LA NACION
En algún momento la brecha generacional debería cerrarse para que ambas partes comiencen a entender que pensar diferente sobre el trabajo no tiene nada de malo
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11 de septiembre de 2016  

No es propósito de esta columna convertirse en una serie como las de la televisión, con tramas desarrolladas por capítulos, pero hay oportunidades que no se pueden perder, gracias a la buena voluntad de los lectores que hacen llegar sus comentarios.

Hace siete días, el tema central era repensar las metodologías de selección de personal hoy, excesivamente filtradas por la tecnología, según la licenciada María Emilia Palá, y cómo relacionarse con las nuevas generaciones. Según su propuesta, los jóvenes postulantes van en búsqueda de vivencias, de vínculos emocionales.

Un lector hace llegar su punto de vista, como sigue: “Uno de estos supuestos ‘millenials’ imposibles de encontrar y que hay que atraer a la empresa y retener a toda costa, me mandó un mail con preguntas el día anterior a su primera entrevista. La primera pregunta era ‘¿cuántos días de vacaciones tengo?’ Le cancelé la entrevista”.

Es un ejemplo perfecto de las situaciones que podemos encontrarnos. Dos miradas distintas, asimétricas de cabo a rabo, seguramente pertenecientes a concepciones del mundo y del trabajo que no tienen ningún punto en común, excepto el hecho de ser contemporáneos. He aquí la brecha generacional, en carne viva. Es también una grieta, que no tiene nada que ver con la política.

Es interesante inferir que ambos protagonistas pueden tener razón, sin ser antagónicos. Para el joven postulante, sea o no un talento, la cuestión de las vacaciones puede ser importante porque, más allá de lo que digan el convenio o la ley de contrato de trabajo, hay empresas que otorgan mayor cantidad de días de vacaciones. Precisamente, porque intentan atraer talentos.

Por otro lado, no es una pregunta inapropiada. Lo que necesita y debe saber un futuro empleado son las condiciones laborales básicas, como sueldo, horario y vacaciones, además de las tareas a cumplir. Es decir, habría de saberlo tarde o temprano, solo que los medios de diálogo utilizados hasta ese momento fueron vía mail. En este punto, la licenciada Palá tiene razón: nada hay que reemplace a la conversación cara a cara.

Desde el otro borde de la grieta, la pregunta sí es inapropiada, porque induce a pensar que la mayor preocupación del postulante son los días en los que no trabajará. El concepto del esfuerzo, “ponerse la camiseta y transpirarla” es un valor vigente, tal vez el más importante en muchos casos, más allá de lo talentoso o no que sea el sujeto. Son situaciones que se presentan a diario. Hay quienes resuelven trabajos complejos en menor tiempo que otros y llegan al mismo resultado. Entonces surge la duda sobre qué hacer con el tiempo que les sobra a los primeros y, casi siempre, se resuelven de modo equivocado: acumulándole más tareas hasta llegar a una distribución del trabajo poco equitativa. No son situaciones “anormales”, sino que pertenecen a las diferentes conductas, que hay que aceptar.

Lo que podríamos objetar es que no se haya podido tener una entrevista, aunque sea por curiosidad. Enterarse, por ejemplo, si la necesidad de saber cuántos son los días de vacaciones estuvieran referidos a obligaciones familiares de responsabilidad ineludible, en vez de utilizarla para holgaznear. O bien, se trata de un deportista que precisa de esos días para entrenar o cualquier otra afición que justifique su necesidad de saber con cuántos días cuenta.

Para las nuevas generaciones, el trabajo no es la vida misma. Es la diferencia con las generaciones anteriores, para quienes el trabajo era lo primero, hasta por encima de la salud.

jorgemosqueira@gmail.com

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