Berlín, la casa europea de Lollapalooza

Ayer empezó la segunda edición del festival en Alemania; hoy todas las miradas apuntarán a Radiohead
Sebastián Espósito
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11 de septiembre de 2016  • 10:10

Berlín se prepara para el otoño. Las vidrieras nos presentan los nuevos modelitos, los gruesos gorros de la lana, las camperas de abrigo, las botas listas para la más cruel de las nevadas. Y no es una cuestión de deseo, no, porque cuando pasen estas hermosas mañanas y noches templadas de septiembre y las calurosas tardes donde la temperatura coquetea con los 30°, vendrá un otoño que barrerá como escoba nueva este agradable verano berlinés.

Lollapalooza es un buen plan para decirle adiós al verano europeo. Gran Bretaña ya se despidió días atrás de su nutrida agenda de festivales y ahora es el turno de Alemania con su imponente Berlín. Un ejército de bicicletas llega desde temprano de distintos puntos de la ciudad. El histórico parque Treptower, en donde se dividían el oeste y el este de la ciudad y en el cual se erige un imponente monumento soviético (un soldado con un niño alemán en brazos), es este fin de semana la casa de Lolla.

El festival ideado por Perry Farrell, primero como gira de despedida de Jane´s Addiction y luego como evento anual con sede en Chicago, sigue sumando enclaves. Como si se tratara del juego de estrategia TEG, Farrell y sus muchachos se encuentran en pleno plan de expansión del espírituopalooza. Primero fue Chile, luego Brasil, más tarde Argentina y, desde el año pasado, Alemania. En este 2016 también iba a debutar otra sede sudamericana, en Colombia, pero el festival se canceló luego de que Rihanna, el nombre más fuerte del cartel, se arrepintiera de programar shows en América latina.

Kaiser Chiefs, uno de los aportes británicos a Lolla Berlín
Kaiser Chiefs, uno de los aportes británicos a Lolla Berlín

Como ciudad electrónica que es, el público berlinés disfruta y mucho del Perry's Stage, el escenario en el que la EDM (Electronic Dance Music) vive durante las casi 11 horas que dura cada jornada. Dimitri Vegas & Like Mike y The Chainsmokers son algunos de los nombres que hacen delirar a parte de las más de 70 mil personas que dan vueltas por el predio.

En tiempos donde los dúos y grupos de productores parecen querer desplazar del centro de la escena a los DJ más divos y arrogantes (el viernes 23 tendremos el debut de Disclosure en Buenos Aires, en el Luna Park), The Chainsmokers (Andrew Taggart y Alex Pall) se ofrecen como parte de una interesante nueva oleada que, del progressive más abstracto al pop más digerible, busca hacer bailar tanto al público más iniciado como al que no suele consumir estas propuestas.

Lolla siempre es semejante a Lolla. Más allá de los gustos personales, de tal o cual banda, el festival tiene una propuesta y una dinámica irresistibles para los millennials, para los de veintipico y para más grandes también. La fiesta la arma el público y la música en vivo es uno de los condimentos. Así, mientras en el escenario alternativo Kaiser Chiefs apela a su hitazo "Ruby", en las decenas de puestos de comidas (vegana, gourmet y algo chatarra también) y bebidas se aglutina una porción importante del público. Ahí los hits son otros: la cerveza con limón, por ejemplo, es uno de los indiscutidos.

Las buenas prácticas se distinguen en Lolla como señal de lo que el festival quiere proyectar más allá de sus "cuatro paredes". Algo sencillo que surte el mejor de los efectos: con cada bebida o trago adquirido, te cobran un euro de alquiler y te dan una ficha de plástico. Una vez que terminás tu bebida no tenés más que devolver el envase junto con la moneda y ese euro vuelve a to bolsillo.

Las canciones de New Order que sabemos todos se combinaron al final de la jornada con las de Kings of Leon. Esas fueron las dos bandas que cerraron el día, luego de que giraran por los cuatro escenarios (sin contar el Kidzapalooza, el espacio para los chicos) Lindsay Stirling, Catfish and the Bottlemen, Odesza y G-Eazy, entre muchos otros. Los Followill editarán nuevo disco a mediados de octubre, Walls, y están aprovechando cada show para mostrar su primer adelanto, "Waste a Moment".

En el comienzo, KOL salió con una versión más poderosa y decidida que la que conocimos en sus visitas a Buenos Aires. Su folk volado y de ensueño puede ser una buena propuesta para cerrar la jornada, cuando los cuerpos y las mentes ya están agotados. Pero también puede ser una invitación a irse temprano. De ahí que aplaudamos la intención y también la realización: sin largos baches, de buen ánimo y precisos, Caleb y compañía armaron una lista equilibrada, que se detuvo en el nuevo corte, paseó por lo más melancólico de su repertorio y terminó como corresponde, con hits como "Use Somebody", "Radioactive" y "Sex on Fire".

Otra vez se larga a andar el ejército de bicicletas, ahora en todas las direcciones posibles. Es sábado a la noche en Berlín y sus habitantes saben que bien puede ser uno de los últimos de este verano. A aprovecharlo y a esperar a Radiohead, la banda que todos queremos ver.

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