Lollapalooza dejó Berlín y se prepara para viajar a América del sur

Radiohead brilló en la segunda edición alemana del festival creado por Perry Farrell; también el público, que se preparó para despedir con todo al verano europeo
Sebastián Espósito
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12 de septiembre de 2016  • 08:09

Radiohead y el resto

La distancia entre Radiohead y el resto es tanto musical y estética como de actitud. Su manera de entender el arte (y de expandir el suyo) no comulga con ciertas prácticas actuales y su presencia en un festival de música y entretenimiento es similar a la que provocaría un platillo volador en la 9 de Julio. Pero lejos de repelerlos o de huir despavorido, el público se rinde, se desarma y se entrega: el fanático, el joven aún no instruido en la música de los ingleses, el que vino disfrazado para captar las cámaras de los fotógrafos...

Aquello de que en un festival hay que salir a matar no condice con el espíritu de Yorke y sus muchachos. Tienen una nueva obra y quieren mostrarla aquí en Berlín. Y para el comienzo seleccionan cinco de los temas de A Moon Shaped Pool, su disco más reciente: “Burn the Witch”, “Daydreaming”, “Decks Dark”, “Desert Island Disk” y “Full Stop”. Sí, las primeras cinco canciones y en el mismo orden en el que figuran en el disco. Para más tarde quedan otras tres: “Identikit”, “Present Tense” y “The Numbers”. En el tramo final de un show de dos horas y veinte la banda toca “Paranoid Android”, “Creep” y “Karma Police”, tres clásicos imbatibles que conmueven a las ¿60 mil personas? En total había 70 mil en el predio, pero dejamos esa pequeña porción para los que se quedaron en el escenario electrónico (Perry's Stage), los que emprendieron la retirada y los que debieron conformarse con escuchar a Radiohead a casi 200 metros del lugar, detrás de una soga y un cordón de seguridad que intentaron que no colapsara el lugar.

El lugar

El Treptower Park es un enorme espacio verde en el Este de Berlín que desemboca en el río Spree. Una porción de él se convirtió durante el fin de semana en la sede del segundo Lollapalooza Berlín. Algo similar sucede en Chicago y en Santiago de Chile, aunque este espacio es un poco más complejo de transitar. La distancia entre los escenarios principales y los otros dos espacios (el Alternativo y el Perry's Stage, sin contar un quinto, el Kidzapalooza de los chicos) es amplia y lleva un buen tiempo recorrerla. El camino es digno de Alicia en el país de las maravillas: todo tipo de “personajes”, situaciones disparatadas y ofertas gastronómicas y culturales se cruzan a nuestro paso.

El público

Más de 70 mil personas colmaron el lugar en las dos jornadas de festival, el 30 por ciento de ellas extranjeras (mayormente llegadas de distintos países de Europa). Ese es el dato frío. En la percepción de los que estuvimos allí ese número parece muy poca cosa: quedó la sensación de que un millón de personas pasó frente a nuestros ojos.

Modelo de cantante

Róisín Murphy es un personaje, una diva que aún no debutó como solista en Buenos Aires pero que recibiríamos con los brazos abiertos. Ex vocalista de Moloko, diseñadora, modelo y muy expresiva en escena, en un solo tema puede cambiar varias veces de vestuario: intercalar sombreros elegantes con otros estrambóticos (de tres cabezas o dos pistolas) y hasta intentar -y lograrlo- ponerse unos pantalones sin dejar el micrófono y sin dejar de cantar. Tiene algo de Grace Jones y un halo misterioso que la vuelve más interesante aún. Una de las muy buenas propuestas del domingo en el escenario alternativo. Por allí también pasaron The 1975 y Beginner (el domingo), y Jawar Ma, Kaiser Chiefs, G-Eazy y New Order (el sábado).

Diplo + 2

La tiene “atada” Diplo. El DJ y productor logró con Major Lazer hacer el mejor crossover posible entre las pistas de baile, los escenarios festivaleros a cielo abierto y los shows individuales. Ya lo comprobamos este año en el Lolla argentino. Aquí, en una ciudad que respira cada una de las variantes de la música electrónica -desde las más digeribles hasta las más experimentales-, el público lo recibió con intensidad: brazos en alto, papel picado y muy buena predisposición para acatar las “órdenes”. Una pequeña fiesta dentro de la más grande que fue el festival.

Lágrimas en escena

El rubio alemán Philipp Poisel (como cantante, una suerte de Chris Martin teutón) estaba culminando su set y ya se sentía victorioso por la faena. El público cantaba con él cada uno de sus temas (baladas pop) y una canción antes del final no pudo contener la emoción: se largó a llorar desconsoladamente y las pantallas laterales amplificaron el momento.

Lolla 2017

En unas semanas se conocerá la grilla del próximo Lollapalooza argentino, que será la misma de Chile y Brasil. El “prode” está a la orden del día pero los que pasaron por Berlín no necesariamente vayan en marzo y abril a América del sur. Resta esperar por quiénes serán los que encabecen el cartel, quiénes los debutantes y también cuáles serán las bandas argentinas que protagonicen la cuarta edición criolla.

Ausencia

Perry Farrell es la cara visible del festival, el creador, el relacionista público, el hombre con el que todos quieren cruzarse. El viernes pasado debía tocar en Cuba con su banda, Jane´s Addiction, en lo que iba a ser una celebración de su disco Ritual de lo habitual. Pero algunos problemas en el transporte del equipamiento de la banda obligaron a Perry y sus muchachos a cancelar el show. ¿Se habrá tomado el último avión a Berlín? Por acá no lo vimos, pero su gran creación camina sola y goza de buena salud.

Kings of Leon

El cierre del primer día tuvo a la familia Followill nuevamente reunida en escena. Kings of Leon es una carta habitual de los diversos Lollapalooza. Tocaron en Chicago tres años atrás, en Chile al año siguiente (en Buenos Aires no los tuvimos a ellos pero sí a Pharrell Williams, quien en cambio no fue a suelo trasandino) y ahora desembarcaron en Berlín con tema nuevo, "Waste a Moment" y flamante disco a punto de ver la luz ( Walls, a mediados de octubre). Le pusieron mucha actitud y garra, un pulso más eléctrico, pero el clima de sus canciones volvió a provocar cierta meceta al promediar su set. Muchos aprovecharon para emprender la retirada, otros esperaron pacientes hasta que llegaron sus clásicos “Use Somebody”, “Radioactive” y “Sex on Fire”.

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