Murió Jorge Rubinetti: el adiós al maestro bohemio

El maestro internacional y tetracampeón argentino falleció a los 71 años
Carlos Ilardo
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20 de septiembre de 2016  • 23:59

A los 71 años, y como consecuencia de una deficiencia pulmonar falleció, anteayer, en la Clínica Otamendi de esta ciudad, el maestro internacional y tetracampeón argentino, Jorge Rubinetti . Una de las últimas leyendas del ajedrez vernáculo. En compañía de su mujer Marta, su hijo, Jorge Alejandro, y de un nutrido grupo de amigos se llevó a cabo la ceremonia de cremación de sus restos en el Cementerio de Chacarita.

La pérdida del maestro Rubinetti resulta un fuerte golpe para la familia y el historial del ajedrez argentino ; ser querido, respetado, bohemio, amante de la trasnoche, de los profundos análisis del juego y hacedor de entrañables anécdotas, su baja figura (era conocido como “el petiso”), su sonrisa permanente y pícara mirada se marcharon para siempre; ahora sólo nos queda el recuerdo.

Nacido el 31 de marzo de 1945, Jorge Rubinetti descubrió el juego de ajedrez en sus años de adolescencia; con la ayuda de su padre y de su hermano se atrevió a descifrar las primeras celadas, y en el Círculo de Ajedrez de Villa del Parque, en la vieja sede de la calle Helguera, comenzó a pulir los rudimentos.

Sus avances y veloz progreso lo animaron con las conquistas de los primeros certámenes para jugadores de 4ª, 3ª y 2ª categoría, respectivamente. A los quince años ya era una fuerte promesa en el ámbito local. Y un año después, acompañado por el gran maestro Carlos Guimard, el joven Rubinetti, con sólo 16 años, participó en el Mundial Juvenil (Sub20) que se realizó en La Haya en 1961; la ventaja de edad fue una barrera infranqueable frente a sus experimentados rivales, pero el joven ganó en fuerza de juego.

A su regreso conquistó el Campeonato Argentino Juvenil, en 1962; tenía 17 años y la ráfaga de felicidad se volvió brisa amable sobre aquel mundo de columnas y diagonales. En 1965 se adjudicó el campeonato metropolitano, y en 1967, a los 22, se convirtió en el campeón del Círculo de Villa del Parque. Ya en la nueva sede del Club en la calle San Nicolás, Rubinetti defendió exitosamente el título hasta 1973 imponiéndose en sus duelos con Alberto Foguelman, Hebert Pérez y Bartolomé Marcussi.

En 1968 hizo su primera experiencia en una olimpíada de ajedrez; el debut fue en Lugano (Suiza), allí, Jorge Rubinetti cosechó su mejor labor con la conquista del 62% de los puntos disputados (5 en 8 juegos) y fue la primera de sus ocho actuaciones. La nueva estrella del ajedrez argentino participó, además, en: Siegen (Alemania) 1970, Skopje (Yugoslavia) 1972, Niza (Francia) 1974, La Valetta (Malta) 1980, Lucerna (Suiza) 1982, Tesalónica (Grecia) 1988 y Manila (Filipinas) 1992.

Acaso, una de las mayores alegrías en el mundo de los escaques y los trebejos, le sucedió en 1969, cuando, tras su labor en el torneo Zonal Mar del Plata (finalizó 5° a 3,5 puntos de los vencedores, Miguel Najdorf y Oscar Panno), logró el título de maestro internacional. Así quedó a sólo a un paso de ser gran maestro, una asignatura que jamás pudo alcanzar.

Sin embargo su nombre figura entre los mayores conquistadores del campeonato argentino superior: lo obtuvo en cuatro ocasiones. Tenía 26 años, cuando en 1971 Jorge Rubinetti alcanzó por primera vez el principal torneo local; la competencia se llevó a cabo en el Club Argentino de Ajedrez y se inscribieron 24 jugadores. A lo largo de su carrera, el maestro Rubinetti repitió la hazaña, adjudicándose los campeonatos argentinos de 1982 (se disputó en La Plata, en la sede de la Biblioteca Euforión), de 1988 (en la Casa de la Provincia de Buenos Aires, y de 1991 (en el Centro Cultural San Martín).

Entre sus mejores actuaciones y conquistas internacionales se destacan: El abierto Libertador San Martín (1971), abierto Ciudad de Mar del Plata (1971), abierto de Zárate (1972), Abierto Ciudad de San Pablo (1972), Abierto Mercedes, en Uruguay (1975), Magistral Internacional Atahualpa, en Ecuador (1975), abiertos Ciudad de Mar del Plata y Villa Carlos Paz (1985), y el Magistral Aguadilla, en Puerto Rico (1988). Ese mismo año, el Círculo de Periodistas Deportivos (CPD) le otorgó el premio Olimpia de Plata en Ajedrez.

Si algo le faltaba al maestro Jorge Rubinetti en su dilatada trayectoria en el mundo del ajedrez era su paso por la dirigencia. Y también lo completó. Entre 1988 y 1991, fue presidente del Círculo de Ajedrez de Villa del Parque, en la sede de la calle Nogoyá.

Por último fue muy recordada la actuación del maestro Rubinetti durante la primera visita que realizó al país, en octubre de 1992, la megaestrella de esta actividad, el ruso Garry Kasparov. En esa ocasión el ex campeón mundial brindó en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, una exhibición simultánea ante el Equipo Olímpico Argentino, integrado por: Panno, Rubinetti, Ricardi, Zarnicki, Spangenberg y Amura.

En la primera de las dos jornadas, Kasparov que se impuso por 4 a 2, con victorias ante Panno, Spangenberg y Amura y cosechó una derrota frente a Ricardi, sumó dos empates, frente a Zarnicki y Rubinetti.

Luego, lentamente, la figura de Jorge Rubinetti se fue alejando del ajedrez de alta competencia, y a partir de septiembre de 1993 se convirtió en profesor de la sala de ajedrez de Jockey Club. Allí trabajó de manera ininterrumpida durante 23 años, organizando anualmente el torneo “Amigos del Jockey Club”. En abril de 2016 el maestro se volvió emérito y dio paso a su sucesor, Rodolfo Garbarino.

En abril de 2015 fue nombrado padrino de la Liga Intergeneracional de ajedrez, que auspició la Fundación Navarro Viola, que preside el filósofo, Profesor, Enrique Valiente Noailles.

Hace poco menos de un mes, en una charla telefónica con La Nación, Jorge Rubinetti reflotó la vieja anécdota que protagonizaron los maestros Rossetto, Guimard y Najdorf, en Yugoslavia 1950. La misma fue recreada durante la 42ª Olimpíada de ajedrez en Bakú, bajo el título, “Morfate el yobaca ”.

Acaso, se trató de su última jugada; la última humorada con su particular impronta. Las historias que él disfrutaba recrear frente a su grupo de amigos, preferentemente degustando de un café, y ya sin las volutas de un letal cigarrillo, el que había abandonado hacía más de 20 años, pero al que su jaqueada salud jamás pudo olvidar.

El maestro Rubinetti, un bohemio más allá del tablero.

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