Hola

Soledad Simond
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21 de septiembre de 2016  • 10:24

Pensé que este editorial (¡el primero de todos!) lo iba a escribir relajada, con tiempo, en pantuflas en mi casa y sabiendo exactamente lo que quería transmitir. Imaginé que para el momento de la foto iba a dormir al menos ocho horas seguidas y habría ya hecho un detox de harinas. Pero desde que asumí como directora de OHLALÁ!, un sueño que se hace realidad, me la paso de reunión en reunión, me voy a dormir con pendientes en la cabeza, se me desbalanceó la dieta, mi día es una check list de decisiones a tomar... #somosjefas. “¿Y cómo estás?”, me preguntan, y yo respondo: “Acomodándome al salto de pantalla”. En definitiva, volviéndome más flexible (nuestro título de tapa de este número), no solo porque en ese estiramiento una crece, sino porque, al soltar la rigidez, puedo disfrutar del desafío. “Quizá no salga todo tan perfecto”, me dijo Agus Vissani, aliada fundamental en esta etapa, cuando estábamos con la mitad del staff de vacaciones, haciendo un número XL y varios proyectos más dando vueltas, y entonces pude descansar en sus palabras. Sentí la fuerza incondicional de todo el equipo, que no solo me dio confianza, sino que cada una me alentó, me mimó, opinó, en definitiva, entre todas me hicieron sentir mejor directora cada día. Una no sabe cómo sonará la música hasta que está en el baile, y así como las nuevas responsabilidades convocaron nuevas habilidades, pude ser testigo de la generosidad y complicidad femenina en medio del caos. Cuando sentíamos que no llegábamos, que no podíamos, tuvimos la tranquilidad, el abrazo, el humor, la paciencia para acompañarnos y sacar lo mejor.

Muchas veces, cuando cuento que trabajo desde el comienzo en OHLALÁ!, la respuesta es: “¡Uy, qué jodido trabajar con todas mujeres, ¿no?”. Sinceramente no. No sé quién habrá inventado el prejuicio o quién nos lo habrá hecho creer. Yo solo sé que en mis círculos femeninos más íntimos, mis compañeras, mis amigas, mis hermanas, mis tías, mis primas, mi mamá, mis abuelas, solo hay un deseo que nos hace una: quiero lo mejor para vos. Ese poder es indestructible y eso es lo que nos mantiene adelante, creciendo, ascendiendo, criando, amando, luchando. Por ese poder hoy estoy acá. Y aunque no lo crea, pasó el primer mes y solo me queda energía para agradecer: a todo el equipo, a las lectoras y usuarias, a Tere Elizalde, por su liderazgo confiado y por ser, en tantas oportunidades, una mentora profesional.

Mientras Ani Bangueses, otra fundadora ohlalera, edita las fotos que hoy mismo me sacó en su casa, yo termino de escribir este editorial encerrada en una salita de reuniones para poder concentrarme. Sí, a horas de mandar todo a imprenta, llegó mi primer cierre editorial en el nuevo puesto, pero lo bueno es que esto recién empieza, y que es mejor de lo que me imaginaba.

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