Para Macri, el traspié semántico por Malvinas no opaca el balance de la gira

Macri, en la ONU
Macri, en la ONU Fuente: AFP - Crédito: Jewel Samad
El Presidente calificó con "un 10" su gira por los Estados Unidos y su debut en la ONU; destacó las inversiones y la oportunidad para reinsertar al país en el mundo
Mariano Obarrio
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22 de septiembre de 2016  • 11:54

Mauricio Macri tiene más suerte afuera que dentro del país. Tras su primer discurso ante la asamblea general de las Naciones Unidas ( ONU ), que fue bien diplomático y preciso, recibió un agradecimiento público del presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, el saludo cálido de la primera ministra de Gran Bretaña, Theresa May, felicitaciones de otros jefes de Estado y de toda la comunidad judía internacional.

Pero al responder a la prensa sobre su saludo a May desató una crisis con costos políticos internos en la Argentina. Dijo que acordaron “conversar sobre todos los temas, incluida la soberanía” en las islas Malvinas: era un mensaje hacia la “ansiosa” política argentina, pero un descuido del lenguaje y las normas históricas de este conflicto diplomático.

Ese desliz le valió una desmentida de Gran Bretaña, que negó que se hubiera hablado de “soberanía” y Macri aclaró que esa palabra no fue mencionada en el breve encuentro informal, pero que él la daba por incluida en “todos los temas”.

Mas allá de esa falta de sintonía fina, que hubiera evitado malos entendidos, en la ONU y en los sectores económicos, el Presidente recogió aquí elogios a granel, agradecimientos, optimismo y la perspectiva de una nueva oportunidad económica para la Argentina.

“Ven en el país una enorme oportunidad, pero eso no va a ser eternamente. La Argentina no va a ser novedad por siempre, hay que subirnos ahora a este tren”, señaló Macri entre su equipo de colaboradores, según supo LA NACION.

Más que la economía, los empresarios y el Financial Times (FT), en su seminario, le preguntaron sobre política: cómo garantizará que los cambios tengan continuidad; por qué ahora hay que creer en el país luego de tantas promesas y retrocesos por años. Macri respondió: “Hay un cambio cultural y hemos aprendido de nuestros errores”.

“Hace falta continuidad política para los cambios fundamentales, como resolver la fuerte presión impositiva, las elevadas cargas y costos laborales y la conflictividad sindical”, señaló a LA NACION un importante empresario argentino que habla con sus pares de los Estados Unidos. El jefe del Gabinete, Marcos Peña, respondió que se acordará el plan productivo con sindicatos y empresarios.

Para el mundo político y económico de los Estados Unidos, según varias fuentes, Macri es una apuesta que trasciende la Argentina: si le va bien, podría consolidar la tendencia a terminar con el populismo en América latina, donde los capitales norteamericanos necesitan desembarcar. La crisis en Venezuela es la mejor explicación de por qué al líder de Cambiemos le “tiene que ir bien” desde la perspectiva global.

Eso explica que el Presidente fue mimado por el ex presidente de los Estados Unidos Bill Clinton, que le dio la bienvenida a su triunfo electoral y al cambio económico al disertar juntos en el panel del Clinton Global Iniciative. Y explica que Macri haya sido tan aplaudido por los financistas en el seminario del FT en Wall Street.

El presidente de la Bolsa, Thomas Farley, lo saludó con un abrazo: “Al fin conozco al rockstar del momento”, le dijo. Esa noche, Macri fue agasajado por el presidente del Congreso Judío Americano, Jack Rosen, en su casa, con 25 dirigentes políticos, financistas y miembros de la colectividad judía ansiosos por hacerle preguntas.

Rosen es un influyente operador del Partido Demócrata, de confianza de la candidata presidencial, Hillary Clinton, a quien Macri dio muestras de apoyo. El Presidente no se reunió con nadie del Partido Republicano ni de su candidato, Donald Trump, que tiene altas chances de ganar. ¿Otro error diplomático descuidar las relaciones con un posible futuro ganador?

El Presidente saludó dos veces a Obama: una en la cumbre de refugiados en la ONU y otra en la recepción que ofreció el saliente presidente de los EE.UU.

En la comitiva apuestan a la candidatura de la canciller Susana Malcorra a la secretaría general de la ONU para completar la “política de reinserción en el mundo” que promueve el macrismo. Había cierto temor en la comitiva de que el traspié de Macri sobre la “soberanía en Malvinas” le valiera a la canciller un veto –el de Gran Bretaña- en la elección en la ONU.

Macri también se llevó de Nueva York algunos anuncios de inversiones, como el caso de General Electric por 10.000 millones de dólares.

“El balance de 1 a 10, es 10. Pudimos transmitir la coherencia de ser previsibles y confiables”, señaló Macri en la intimidad de la comitiva antes de despedirse de la capital del mundo y resignado ante los conflictos internos de su tierra.

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