El PSOE se rebela contra Sánchez y lanza un golpe para desbancarlo

La mitad del comité ejecutivo renunció en masa para forzar su alejamiento; el líder opositor resiste
Martín Rodríguez Yebra
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29 de septiembre de 2016  

Pedro Sánchez, anteayer, durante una conferencia de prensa
Pedro Sánchez, anteayer, durante una conferencia de prensa Fuente: AFP - Crédito: Pierre-Philippe Marcou

MADRID.- Un golpe palaciego fulminante intentó desbancar ayer a Pedro Sánchez de la jefatura del PSOE y desató una crisis sin precedente en el principal partido de la oposición española.

Atrincherado en la sede madrileña del partido, Sánchez resistía anoche la maniobra promovida por los líderes regionales socialistas de mayor peso y que cuenta con el respaldo explícito del todavía muy influyente ex presidente Felipe González.

El PSOE quedó roto en dos. El desenlace de esta guerra de poder influirá de manera decisiva en los planes del conservador Mariano Rajoy para formar un gobierno después de nueve meses de bloqueo institucional.

Sánchez se niega a convalidar la investidura de Rajoy y pretendía negociar con otras fuerzas opositoras para llegar a la Moncloa, a pesar de que tiene apenas 85 de los 350 diputados del Congreso.

Sus críticos sostienen que el PSOE debe asumir su papel de oposición y, por tanto, permitir que gobierne el Partido Popular (PP), ganador sin mayoría suficiente de las elecciones generales de diciembre y de junio.

La tensión había llegado a niveles insoportables cuando el lunes Sánchez retó a sus críticos a enfrentarlo en unas elecciones primarias el 23 de octubre. Quería formalizar la convocatoria en una reunión del Comité Federal convocada para este sábado.

Sus enemigos decidieron ejecutarlo antes. La conspiración se cristalizó ayer por la tarde cuando la mitad más uno de los miembros del órgano de conducción del PSOE renunció en masa. Según los estatutos del partido, eso hace caer automáticamente a toda la cúpula, incluido el secretario general.

El socialismo quedaría entonces en manos de una comisión política, que pretende encabezar Verónica Pérez, dirigente de confianza de la presidenta regional de Andalucía, Susana Díaz. Ese organismo decidiría la estrategia del partido ante el proceso de investidura presidencial.

Pero Sánchez rechaza esa interpretación. "Él sigue al frente. Es muy grave que se intente torcer la legitimidad de una conducción votada por la militancia", anunció anoche el secretario de Organización, César Luena.

Le respondió Antonio Pradas, hombre de Díaz: "La comisión ejecutiva está disuelta y el compañero Luena ya no tiene ningún cargo".

La señal más clara de que el tiempo de Sánchez se agotaba había llegado al amanecer cuando Felipe González lo vapuleó en una entrevista en la cadena SER.

"Me siento engañado por Sánchez. Él me dijo después de las elecciones del 26 de junio que iba a abstenerse para que gobierne Rajoy", dijo. Irritado, calificó de desastrosos los resultados del partido al mando de Sánchez, tanto en los dos últimos comicios generales como en los del fin de semana pasado en Galicia y el País Vasco.

La voz de González representaba a un núcleo amplio y poderosísimo del partido. Quedó bien claro cuando se revelaron los nombres de los 17 dirigentes que renunciaron a la conducción para tumbar a Sánchez. Allí figuran los delegados de Díaz (favorita a asumir en el futuro el liderazgo), los presidentes regionales de Valencia, Ximo Puig, y de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, y la ex ministra Carme Chacón, entre otros.

La sede del PSOE en la calle Ferraz se llenó de periodistas, dirigentes y militantes, atraídos por la confusión. Sánchez y sus aliados -dirigentes de escaso peso territorial- se encerraron a diseñar la resistencia.

Desde afuera le llegaban apoyos inesperados. El primero, del líder de Podemos, Pablo Iglesias, que denunció "un golpe de régimen" para imponer un gobierno de la derecha.

La posibilidad de que Rajoy se beneficie de la catástrofe socialista crecía.

El Congreso de los Diputados tiene hasta el 31 de octubre para designar por mayoría a un presidente del gobierno. En caso contrario, ese día se convocarán nuevas elecciones para diciembre.

Si triunfa el golpe a Sánchez, las nuevas autoridades podrían abstenerse en una sesión que se convoque en las próximas semanas para convalidar a Rajoy, que a principios de septiembre se quedó a seis votos de ser investido. De no hacerlo, el PSOE se enfrentaría a unos comicios generales en situación de acefalía y sin un candidato de consenso.

En medio de la noche de tensión, nadie del sector crítico anticipó cómo definirán la posición del partido ante el futuro de Rajoy. La prioridad de ellos ahora es desactivar la resistencia de Sánchez, tomar control de la sede del PSOE y definir un plan para evitar una fractura que condene al partido a la insignificancia.

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