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El piano, como una orquesta completa

La pianista japonesa se presenta hoy y mañana, esta vez en formato solista
Gabriel Caldirola
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1 de octubre de 2016  

Una intérprete de presencia magnética
Una intérprete de presencia magnética

Dos años después de su primera presentación en Buenos Aires (en formato de trío), hoy y mañana la pianista japonesa Hiromi brindará dos conciertos de piano solo en el Coliseo. Formada en el piano clásico desde los 6 años, fue discípula del legendario Ahmad Jamal durante sus estudios de jazz en Berklee y llegó a grabar un álbum a dúo con Chik Corea. Con 37 años y una decena de discos editados, la pianista cuenta con una sólida trayectoria que se desenvuelve en ese terreno difuso entre el jazz, el rock y la música clásica que el término "fusión" intenta abarcar. Delante del piano, Hiromi tiene algo de pop star. Su magnética presencia escénica hace que verla tocar sea un espectáculo en sí mismo. La prestísima digitación y el ataque enérgico definen su estilo, con un despliegue vertiginoso de alturas e intensidades y un abordaje del instrumento que por momentos tiende a lo percusivo antes que al dibujo melódico, y a una proliferación de notas que forma densas redes sonoras. En su repertorio hay, también, lugar para piezas de un intimismo sobrecogedor y una fuerte carga emotiva, siempre cargadas de histrionismo. Confiesa que su pianista favorita es Marta Argerich, pero también le gusta Frank Zappa, y recientemente, dice, estuvo escuchando los últimos trabajos del guitarrista John Scofield.

-¿Las dificultades técnicas todavía le presentan desafíos?

-La palabra "técnica" es muy engañosa. Mucha gente, cuando la escucha, piensa que sólo significa tocar a la velocidad de la luz. Pero no se trata de eso, sino de ser capaz de extraer el máximo potencial del instrumento, poder tocar lo más suave posible, exhibir la riqueza de su sonoridad. Por eso siento que mientras esté viva siempre va a haber algo más para aprender. El piano es un instrumento con un gran potencial, porque puede ser un piano, un bajo o una batería, es una orquesta completa.

-Muchas veces toca pasajes exigidos con gran naturalidad, ¿intenta disimular su dificultad?

-No me propongo tocar cosas difíciles. Lo que sucede es que, cuando compongo, a veces escribo canciones que no soy capaz de tocar. Es como si me dividiera en dos: la compositora y la intérprete. Cuando estoy escribiendo un tema, sólo me enfoco en cuestiones compositivas, no pienso en cómo tocarlo. Y cuando, con mi lado intérprete, recibo esa música, a veces me pregunto cómo hacer para poder tocarlo. Sé que si consigo hacerlo va a sonar bien, trabajo hasta lograrlo.

-¿De dónde surgen las ideas para componer?

-Escribo música desde los 6 años. Cuando era chica escribía piezas pequeñas y más infantiles. Hay períodos en los que no logro escribir tan seguido, pero en general trato de hacerlo cotidianamente, es como un diario íntimo, mi diario musical. La inspiración puede venir de un paisaje que vi o de una gran conversación que tuve, puede surgir de una película o de algo que escuché. Cualquier cosa puede convertirse en una canción. La inspiración está en todas partes.

-¿Qué recursos de su formación clásica contribuyeron a su manera de hacer música?

-Aprender música clásica me enseñó a componer y a entender el mecanismo del piano. Sigo practicando piezas clásicas porque es la mejor manera que conozco de entrenar mis dedos. De Bach aprendí el contrapunto, de Ravel y Debussy aspectos armónicos. Pero el propio instrumento, en definitiva, es la mejor fuente de aprendizaje.

-¿Qué encontró en el jazz que la clásica no le brindara?

-La improvisación, eso me enamoró del jazz. La posibilidad de tocar lo que siento según las particularidades del momento y del lugar. Es lo más cercano a la vida misma. El formato de piano solo con el que voy a presentarme, por otro lado, brinda mayores libertades que el trío, y permite que haya más lugar para la improvisación.

-Teniendo en cuenta la influencia que Corea tuvo sobre su música, ¿cree que tocar con él le permitió afirmar su voz?

-Encontrar la propia voz es un proceso que no se puede forzar. No es un descubrimiento que sucede de pronto, sino algo progresivo, hacia lo que se avanza día a día. Por supuesto, tocar con Chic fue una de las cosas más inspiradoras que me sucedieron. Fue como entrar en una gran biblioteca musical, porque hay una diversidad de ideas sorprendente en su música. Creo que soy capaz de expresar mucho más ahora que a los 23, cuando hice mi primer disco. Después de casi 15 años de carrera, es esperable que haya una evolución. Cada vez tengo más cosas que decir y más medios para hacerlo.

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