Acorralado y con el PSOE en su peor crisis, Sánchez tiró la toalla

Renunció ayer a la jefatura del partido, que estuvo al borde de la fractura luego de una semana de tensiones; la decisión podría abrirle la puerta a un gobierno en minoría de Rajoy
Martín Rodríguez Yebra
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2 de octubre de 2016  

Pedro Sánchez renunció ayer a la jefatura del partido PSOE
Pedro Sánchez renunció ayer a la jefatura del partido PSOE Fuente: EFE - Crédito: Archivo

MADRID.- Acorralado por sus enemigos internos, con el partido al borde del desgarro, Pedro Sánchez abandonó anoche toda resistencia y renunció a la jefatura del socialismo español.

Los dos bandos del PSOE que se declararon la guerra a principios de semana chocaron durante 12 horas a puertas cerradas en la sede madrileña del partido, rodeada de militantes que vitoreaban a Sánchez e insultaban a sus adversarios.

El líder peleó hasta la extenuación hasta que constató que estaba en minoría en el Comité Federal. O se rendía o sus adversarios impulsarían una moción de censura para echarlo de inmediato.

España se paralizó a la espera del cónclave socialista. La definición de esta batalla se vislumbra crucial para resolver el bloqueo institucional que impide desde hace nueve meses formar un gobierno estable en el país.

Sánchez se negó a convalidar la investidura del conservador Mariano Rajoy, del Partido Popular (PP), ganador con mayoría exigua de las elecciones generales de diciembre pasado y de la repetición de junio.

Sus rivales prefieren, aunque no se atreven a decirlo con todas las letras, que el PSOE se abstenga en el Congreso y permita que el PP arranque un gobierno en minoría.

El tiempo apremia. El 31 de octubre vence el plazo para alcanzar un acuerdo. Pasada esa fecha el rey Felipe VI deberá disolver las Cortes y convocar unas nuevas elecciones generales, las terceras en un año.

El PSOE queda ahora en manos de una comisión interventora que tendrá al frente al jefe del gobierno de Asturias, Javier Fernández, un referente histórico del partido. La gran vencedora de la guerra fue la presidenta de Andalucía, Susana Díaz. Ella encabezó el golpe de mando contra Sánchez -pese a que había sido su principal valedora hace dos años- y tiene ahora la mayor responsabilidad de evitar la descomposición de la formación política que durante más tiempo gobernó España en los 40 años de democracia.

¿Asumirá el costo de apoyar a Rajoy contra la voluntad mayoritaria de la militancia socialista? ¿O se resignará a enfrentar otras elecciones en tres meses, sin candidato a la vista y con el partido roto?

Nadie del sector, que decapitó a Sánchez, dio señales todavía de qué camino tomarán.

Por lo pronto les costó salir de la sede del partido, en la calle Ferraz. "¡Pedro sí / Susana no!", cantaban los militantes que cortaban el tránsito. Había por todos lados con carteles hechos a mano que ponían "No al PP". Llovían insultos. "¡Fascistas! Qué vergüenza dar un golpe de Estado para defender a la derecha", gritaba Ramón Ferraro, un militante socialista que viajó desde Galicia.

A cada paso había una historia de decepción. "El otro día lloré cuando oí a Felipe González atacar a Pedro. Nunca imaginé semejante traición", decía Carlos Ayala, otro viejo votante del PSOE que se pasó la tarde a la espera de noticias sobre lo que pasaba en el Comité Federal.

La izquierda radical de Podemos echaba sal en las heridas socialistas. "Se imponen en el PSOE los partidarios de dar el gobierno al PP. Frente al gobierno de la corrupción, nosotros seguiremos con y por la gente", anunció su líder, Pablo Iglesias.

El cóctel de rencores personales y diferencias tácticas en el PSOE explotó el lunes pasado cuando Sánchez anunció que quería convocar a unas elecciones primarias para definir la postura del partido en la investidura. Confiaba en que la militancia socialista lo premiaría por su intransigencia contra Rajoy.

Los críticos, encabezados por Díaz e inspirados por Felipe González, lo tomaron como un chantaje. Y pasaron a la acción. El miércoles promovieron una renuncia masiva en el órgano de gestión del partido para forzar la caída de Sánchez. La jugada fracasó, pero después de tres días de confusión los dos bandos se citaron a duelo en la asamblea de ayer. La discusión fue a muerte. Tardaron 10 horas en ponerse de acuerdo qué iban a votar y con qué reglas. Unos no reconocían la legitimidad de los otros, se hablaban a los gritos y no había árbitros para zanjar las diferencias. "Estamos matando al PSOE", dijo a la tarde Díaz, llorando.

Cuando la fractura parecía inevitable, los rebeldes amenazaron con impulsar una moción de censura contra Sánchez. Tenían 139 firmas, más de la mitad de los presentes. El secretario general vio el abismo.

Se negó a que se tratara la moción, pero aceptó que se votara de manera nominal, sin más debate, su plan para convocar las primarias. El resultado estaba cantado. Perdió 133 a 107. Al terminar el recuento, anunció la dimisión. Media hora después lo confirmó a la prensa. "Hoy, más que nunca, hay que estar orgullo ser un militante socialista", expresó.

Se agotaba así el sueño de este economista de 44 años que todavía creía posible convertirse en presidente de España pese a haber obtenido en diciembre y en junio los peores resultados de la historia del PSOE.

Los vencedores se retiraron por la cochera para evitar agresiones de los cientos de militantes que cerca de la medianoche se negaban a dejar la calle Ferraz.

Díaz y su gente tenían ya la llave del PSOE. Ahora, tienen que decidir cómo salen de la trampa de la investidura de Rajoy y qué les dirán a unos votantes decepcionados, al borde de la indignación.

La posible sucesora

Susana Díaz

Presidenta de Andalucía

Es considerada una de las mujeres más fuertes del partido por estar al frente de su principal feudo en España. Aunque en su momento ayudó a Sánchez a conseguir la secretaría general, ahora es su máxima rival interna, señalada como instigadora de la rebelión en su contra

Otros críticos de Sánchez

Además de Díaz, hay dirigentes regionales como el de la Comunidad Valenciana, Ximo Puig, y el de Castilla-La Mancha, Emiliano García Page, y también ex adversarios como Eduardo Madina

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