La World Rugby aprobó que la Argentina sea banco de pruebas para modificar el scrum

Fuente: Archivo
Se decidió en la reunión plenaria de la entidad que se hizo en Buenos Aires; se utilizarán los torneos locales para testear cambios en la formación; los proyectos para el Mundial de 2027 y la expansión del deporte
Alejo Miranda
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4 de octubre de 2016  • 20:34

La evolución es una parte intrínseca del rugby desde su nacimiento. Poco queda del deporte que presuntamente inventó William Webb Ellis en 1823, salvo su esencia. Los cambios de reglas y hasta de puntuación son constantes en pos de hacerlo un juego más atractivo. Este progreso va de la mano con la mentalidad de los dirigentes que lo gobiernan. Históricamente cerrado a las "home nations", las uniones donde nació el rugby (Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda), la conducción fue abriéndose de a poco al resto del mundo y hoy busca nuevos horizontes. Dos caminos paralelos llenos de paradójicas complejidades que imprime la tarea de cambiar sin resignar su naturaleza. En los dos, la Argentina juega un papel preponderante.

Durante la última semana, el consejo directivo de World Rugby, que tiene al inglés Bill Beaumont como Director y a Agustín Pichot como vice, estuvo reunido en Buenos Aires tratando diversos temas: desde la modificación del scrum para hacerlo más seguro y dinámico hasta la búsqueda de nuevos mercados, pasando por la posibilidad de que la Argentina se postule para organizar el Mundial de 2027.

El scrum se ha convertido en un tema controvertido en la Argentina como consecuencia de las tres lesiones cervicales graves ocurridas en el transcurso un año. LA NACION, en sus distintas plataformas, sirvió como reflejo del profundo debate que se está dando en el rugby argentino. A partir de una propuesta surgida del Comité de Seguridad en el Juego impulsado por la Unión Argentina de Rugby (UAR), World Rugby aceptó usar a los torneos locales como "close trials" para evaluar si introduce diversas modificaciones en esa formación. Si resultan, luego se extenderán al juego global. Los principales cambios serán que no se puede empujar más de 1,5m (como ocurre en los juveniles), la obligatoriedad del hookeo, la introducción de la pelota por parte del medio-scrum corrido un hombro hacia su lado y un límite al tiempo de suspensión. Aunque no se especificó, los cambios podrían entrar en vigencia desde el mes que viene, es decir, para el Campeonato Argentino de Uniones.

"Tenemos que investigar bien cada caso. Las lesiones en el scrum son inusuales. Sólo el 5% de las lesiones se producen en el scrum", aseguró el australiano Brett Gosper, CEO de World Rugby en una reunión con la prensa local.

"En la Argentina tenemos una cultura importante de scrum. Es un problema que tenemos que solucionar", agregó Pichot. "El scrum es parte del juego, si lo sacás es otro deporte. Lo que hay que hacer es jugar con un scrum mucho más seguro y dinámico. La UAR pidió y se aprobó el close trial. Nuestra filosofía de scrum trajo más lesiones. Tres en un año es una locura. No queremos que sea un lugar de sometimiento. Los neocelandeses tienen el scrum más leal del mundo, pero no tienen esa concepción del scrum. Para ellos el juego es todo menos el scrum."

Beaumont, ex capitán del seleccionado inglés, profundizó: "Tenemos un deporte que es para gente de todos los tamaños. Entiendo la importancia del scrum en un país como la Argentina, porque yo fui para atrás cuando los enfrenté y entiendo que es una parte fundamental del juego. Tenemos que ser mejores en instruir a los entrenadores para hacer el juego lo más seguro posible. La seguridad del jugador es prioritaria en nuestras decisiones. Hay que ser cuidadosos cuando cambiamos una regla y sus consecuencias porque puede afectar algo más. El scrum es parte del juego, lo ha sido por más de 100 años. El que no quiera scrum puede ir a jugar al rugby league."

La pregunta es si con esta concepción no se va hacia un scrum en el que deja de estar en juego la disputa de la pelota, lo que desnaturalizaría su esencia, si es que esto no ocurrió ya.

Experiencia 2027

Otro de los aspectos donde la Argentina ha cobrado centralidad es en la posibilidad manifiesta de organizar el Mundial de 2027. La cúpula de World Rugby se reunió el lunes con Maurcio Macri y profundizaron el acuerdo que había iniciado Pichot con el Presidente de la Nación en mayo. Aunque todavía faltan cinco años para que se abra el proceso de postulación, Pichot expresó la necesidad de empezar a trabajar ahora. "Hay que hacer el ejercicio de postularse como política deportiva del país. Para hacer un buen Mundial tenemos que empezar ahora. No se trata de hacer megaestadios, sino temas de logística, transporte. mostrar que podemos hacer un Mundial de otra manera. Que sea inspiracional, que haya una herencia, que el rugby siga creciendo, que la sociedad se involucre...".

Además, Pichot manifestó que la intención de la postulación debía ser sancionada por ley para que el proceso continúe independientemente de quién gobierne el país en cinco años. "Hay un 80% de posibilidades de que la Argentina se postule", agregó.

"Macri se mostró muy entusiasta hacia el deporte", señaló Beaumont. "Tenemos que procurar expandir el juego. No decidimos aún dónde será el Mundial de 2023, pero puedo ver el día en que la UAR se postule para organizar un Mundial. ¿Por qué no? No se me ocurre un lugar más lindo."

Gospert también valoró la iniciativa: "Es muy excitante para el jugo que Argentina sienta que está listo para organizar un Mundial. Es un país muy apasionado por el rugby."

Elegibilidad y calendarios

En cambio, los dirigentes no se mostraron muy proclives a cambiar dos aspectos trascendentales del mapa global: la unificación de calendarios entre el norte y el sur y ponerle mayores restricciones a la política de elegibilidad a los seleccionados.

Respecto del primer ítem, Beaumont admitió que las negociaciones con los clubes de Francia, especialmente, y de Inglaterra, "dos organizaciones poderosas reacias a hacer cambios", sufrieron un retroceso luego de que la solución estuviera cerca dos semanas atrás. La intención de los países del hemisferio austral es pasar la ventana internacional de mitad de año de junio a julio, cuando finaliza el Super Rugby, pero los jugadores que actúan en las ligas europeas están en pleno receso. "Existe la voluntad de las dos partes. No hay giras internacionales programadas más allá de 2019. Volveremos a tratarlo en la próxima reunión, en noviembre", dijo el director.

Respecto de la elegibilidad de los jugadores para los seleccionados, algo por lo que Pichot brega desde antes de integrar la cúpula de World Rugby, no hubo avances. "Es algo que estamos mirando", admitió Beaumont, cuyo hijo Josh pelea por el puesto en el seleccionado con un extranjero recientemente nacionalizado inglés como el fijiano Nathan Hughes. Sin embargo, no se mostró demasiado proclive a que la regla cambie en el corto plazo. Hoy, para que un extranjero pueda actuar en un seleccionado nacional basta con que tenga tres años de residencia en el país o que sus padres o abuelos hayan nacido allí. En el último Mundial, la Argentina fue el único país que no presentó extranjeros en su plantel y equipos tradicionales como Escocia presentaron hasta 11 foráneos.

Modelo de expansión

La presencia de Pichot como número 2 del cuerpo gobernante habla por sí sola del proceso de expansión al que apunta el rugby. Recién en 1948 la entonces IRFB (International Rugby Football Board) aceptó la incorporación de Australia, Nueva Zelanda y Sudáfrica. La Argentina tuvo su representante en la IRB a partir de 1991. Hoy, World Rugby, tal su denominación actual, busca penetrar a nuevos mercados.

"Lo que viene para el rugby es el crecimiento global", dijo Beaumont. "La inversión que se hizo en los últimos ocho años se ve reflejada, por ejemplo, en el éxito de Japón en el último Mundial. Todavía tenemos mucho trabajo por hacer, como ayudar el desarrollo de las competencias locales de las Islas del Pacífico."

En ese contexto, la Argentina es pionera: de ser una nación de segundo orden pasó a codearse con las potencias. "Definitivamente es un modelo a seguir", aceptó Gosper. "La inserción del seleccionado, la infraestructura del rugby doméstico, la forma en que nutren al seleccionado. Japón adoptó ese modelo. Imaginamos a naciones como Alemania y Estados Unidos adoptándolo algún día. Pero tiene que ser sustentable."

Brasil y China fueron otros países apuntados. "Sudamérica es la región donde más ha crecido el rugby: 380.000 chicos se sumaron en los últimos tres años", señaló Santiago Ramallo, gerente general de Sudamérica Rugby.

El desafío para esta dirigencia es que en la búsqueda de nuevos mercados no sea el dinero lo que termine prevaleciendo. "Somos gente de rugby involucrada por las razones correctas", dijo Beaumont. "Queremos dejar al rugby en un mejor lugar al que lo encontramos cuando asumimos. Tenemos que construir a partir del éxito del Mundial de Inglaterra, los Juegos Olímpicos, la expansión del Super Rugby.".

Pichot fue más allá: "No estamos para que el rugby se transforme en una máquina de hacer dinero y que se olviden los valores del juego. ¿Cómo hacemos para que los dueños de los clubes no se lleven por delante las uniones nacionales o para que, en busca de resultados a corto plazo, un país convoque a un fijiano que no sabe ni cantar el himno y así pierda identidad? Tenemos que proteger los valores y en la evolución adaptarnos a cómo van cambiando las cosas."

Para que la esencia, al margen de cambios de reglas y nuevos actores, se mantenga.

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