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Sociedades amistosas que ayudan a concretar proyectos

Paula Salischiker
Paula Salischiker LA NACION
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8 de octubre de 2016  

El año pasado me conmoví junto a mis amigas -como se hace en las redes sociales: fervientemente, pero durante unos minutos nomás- ante un texto de Isabelle Tessier para el Huffington Post titulado "Quiero ser soltera, pero con vos". Una larga lista de ventajas del noviazgo aparentemente descontracturado, en la que la autora expresaba, básicamente, su deseo de quererlo todo: tener libertad pero sentirse elegida por alguien, que le sean fiel pero poder coquetear con otros, vivir sola con placard no compartido pero sabiendo que podía invitar a su pareja a dormir cuantas veces quisieran. Un aparente paraíso vincular, digamos.

Como me gustan las listas, confeccioné una titulada "tengo ganas de", un poco en honor a mi fanatismo teen de seis meses por Los Piojos y otro tanto para aclarar mis metas, a veces esquivas pero nunca quietas. Empecé a ver que deseos de la periodista que había abierto su corazón también eran míos, cuales ya habían sido cumplidos, cuales no podía esperar más de cinco años para hacer realidad, cuales sabía que no iban a poder ser.

Mi lista quedó reducida a tres cosas conseguibles -ahora que ya no deseo medir un metro setenta ni tener hijos antes de una edad que ya superé por casi una década-. Como un mantra propio autogestionado aparecieron ganas de abrir un negocio propio, comprarme un terreno en algún lugar "verde" y terminar una maestría. Para la concreción del último item no podía arrastrar a nadie conmigo, pero las dos primeras tenían claramente el sello de proyecto en conjunto.

Después de separarme, me costó un tiempo cambiar el "tenemos" por el "tengo" y lograr que la cafetera hiciera una sola taza de café y no dos. Aparecieron los vínculos con amigas, que llegaron no a llenar huecos sino a ocupar espacios que antes eran de otros. La lista de las ganas seguía intacta; la maestría pospuesta. Había proyectos que siempre había concebido de a dos, pero mi "más uno" era siempre una pareja. Por otro lado, estaba rodeada de mujeres -algunas solas, otras no tanto- con necesidad de hacer, de materializar listas, de concretar ganas.

En agosto, un mes después de que la cronista americana apretara "Enter" para mandar su post a millones de lectores online, compré un terreno con mi amiga Florencia y hoy estamos empezando a dibujar planos de la casa soñada con entrada independiente para cada una. En octubre, abrimos (experiencia) Hiedra, una galería en Chacarita, con mi amiga Jacinta. La amistad tiene su forma particular de amor, creo, y dar aire es más fácil entre amigos que con una pareja. Los reclamos, también, parecen ser menos ensañados.

Isabelle termina su texto diciendo "Algún día te encontraré", en referencia a esa relación ideal que todos buscamos. Yo descubrí, transitando estas sociedades amistosas, que puedo construir sin arrastrar conmigo a nadie a la tierra de los plurales.

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