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Eliminatorias

La vida de Paulo Dybala: la pérdida de su padre, cómo reaccionó cuando conoció a Messi y por qué no toma fernet

Jeremías Prevosti
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11 de octubre de 2016  • 08:54

CÓRDOBA.- Marzo de 2003. El pequeño Paulo, de apenas 10 años, subió al auto y se desplomó en el asiento. Los nervios lo hacían flotar en un estado constante de incomodidad. Adolfo, su padre, como siempre, encontró la mejor forma de tranquilizarlo, de transmitirle su confianza, esa que había forjado entre sus conocimientos deportivos y su amor paternal. Salieron del pequeño pueblo Laguna Larga, ubicado a 49 kilómetros al sur de la capital provincial, rumbo al predio de entrenamientos de Instituto, en donde lo esperaba su primera prueba. Fue una presentación express. A Santos Turza,su descubridor, apenas le alcanzaron 10 minutos para darle la bienvenida al club.

Mi viejo sabía mucho de fútbol, sabía a lo que había apostado, había hecho un sacrificio muy grande para ir y venir de Córdoba, en lo económico y en lo personal
Gustavo Dybala, su hermano

“Era menudito, pero uno se dio cuenta en el acto que era buen jugador. Yo le dije a Paulo y a su padre que lo quería y que se quedara en el club nomás, salvo por una cosa que tenía que cambiar. ¡Vino con la camiseta de Boca a la primera práctica! Así que le dije: ‘Nene, no se puede acá venir con la camiseta de otro club’”, reveló Turza, tiempo atrás, en una entrevista con Día a Día de Córdoba. Así fue que Paulo Dybala llegó a las inferiores de Instituto. Pero había algo que no iba a negociar: dejar su pueblo para mudarse a la gran ciudad. Por eso, Adolfo lo llevó y lo esperó todos los días, durante cinco años.

La despedida más dolorosa

A los 15 años, la vida le cambió por completo: su padre murió. Todo se desplomó para él. Y para su familia. Estaba perdido, dolido, sin ganas de nada… Ni de jugar a la pelota. Sólo tuvo fuerzas para tomar la decisión de no regresar a la ciudad de Córdoba y de quedarse en su pueblo, en donde volvió a jugar en Newell’s, de la Liga local. “Tenía una relación muy fuerte con el padre. Adolfo la tenía clara, sabía que tenía un crack en la familia. Lo hacía por amor, por su hijo, lo acompañaba mucho. Era muy recto, les transmitía que las obligaciones había que cumplirlas. Hacía que se cuidara. La conducta que tiene, el respeto y el compromiso por el fútbol. Todo lo aprendió de él”, aseguró Gonzalo Ferreira, de 28 años, amigo de Dybala, en diálogo con LA NACIÓN.

Dybala, en sus primeros pasos en Instituto
Dybala, en sus primeros pasos en Instituto Fuente: Archivo

Pero Instituto no se resignó a perder a una de sus grandes promesas y, tras cederle el pase durante seis meses, le pidió que regresara. Dybala no pudo decir que no. Jugar en primera era su sueño, y el de su padre. En busca de ese doble objetivo, decidió mudarse a la pensión. “Al principio fue muy duro, yo hablaba con mi familia y les decía que quería volverme. Estaba muy acostumbrado a otra cosa, al pueblo y a la tranquilidad, y me fui a la ciudad… Fue un sacrificio. Mi vieja y mis hermanos (tiene dos mayores, de 36 y 32 años) me hablaban constantemente y me insistían en que tenía que aguantar”, confesó Dybala en una charla con Perros de la Calle, por Radio Metro.

A los dos años de su llegada a la pensión, Dybala debutó en en el primer equipo de Instituto bajo la conducción de Darío Franco. Ocurrió de casualidad, ya que un periodista le advirtió al entrenador que tenía a su delantero titular suspendido, en la primera fecha del Nacional B que disputó River (temporada 2011/12) y que tuvo al equipo cordobés peleando hasta el final (perdió la Promoción contra San Lorenzo). Se ganó un lugar y el reconocimiento fue inmediato.

Cuando nació La Joya

La primera vez que fue mencionado como ''La Joya''
La primera vez que fue mencionado como ''La Joya'' Fuente: Archivo

“La joya que tienta”, tituló Marcos J. Villalobo, en 2011, en el diario La Mañana de Córdoba, que ahora funciona como una cooperativa, convirtiéndose en el inventor del apodo más popular de Dybala. “Al verle la pegada, llamaba la atención. Era un diamante en bruto, y empecé a poner en los títulos de las notas La Joya. A los hinchas de Instituto les gustó, fundamentalmente en redes sociales, y se popularizó. Paulo me contó en una entrevista que le hice en El Gráfico que en Palermo ya lo llamaban así, pero que al llegar a Turín, todos sus compañeros le dicen la Joya”, explicó el periodista a LA NACION. El propio Dybala reveló en ese artículo publicado en la histórica revista deportiva una divertida situación que vive cada fin de semana: “(Leonardo) Bonucci antes de empezar los partidos, dentro de la cancha, me grita: ‘Vamos Joya, hay que ganar’. Yo me río”.

Dybala junto a su madre, en Laguna Larga
Dybala junto a su madre, en Laguna Larga Fuente: Archivo

Aquella temporada en el ascenso argentino fue de ensueño para la nueva Joya, sólo empañada por el frustrado ascenso. Por eso, no lo pudieron retener más. Durante ese mercado de pases fue transferido a Palermo, de Italia, por 12 millones de euros. Su explosión fue de menor a mayor, hasta que se convirtió es una de las estrellas del Calcio, pretendido por varios clubes grandes de Europa. Juventus fue el que ganó la pulseada.

Pero no le fue fácil adaptarse, tuvo que ajustar algunos detalles de su juego y cambiar varias costumbres relacionadas con la alimentación. "Tengo una dieta bastante estricta. Los primeros años que llegué a Italia no comía bien y eso me complicó muchísimo", confesó en alguna oportunidad. Esa rutina le prohíbe tomar Fernet, casi un ritual para cualquier cordobés, y todo tipo de bebida con alcohol. Sólo rompe ese cuidado durante sus vacaciones. Tampoco come asado cuando está en Europa, pero eso es por otro motivo: “No es que no lo pueda comer, pero allá no como asado porque no lo consigo, los cortes son diferentes allá”.

El día que conoció a su ídolo: Lionel Messi

Dybala y un sentido abrazo con Messi
Dybala y un sentido abrazo con Messi Fuente: Archivo

Amante de las películas épicas, al punto de que vio Gladiador más de 30 veces. Seguidor de la banda de cuarteto de La Barra, música que lleva a cada vestuario que pisa, aunque contó que en el de la Juve es más complicado por la “seriedad” de sus compañeros. Admirador de la "alegría" de Ronaldinho y del "talento" de Riquelme. Y, por sobre todo, fanático de Lionel Messi, a quien siempre soñó conocer.

En Laguna Larga, Dybala es la palabra que le sale de la boca a todos. Donde sea, se habla de Paulo, de la Juventus, de los partidos de la Juventus, ni hablar de la selección. Es un orgullo"
Gonzalo, su amigo

Y ese encuentro llegó un día. Sucedió cuando Dybala fue convocado a la selección argentina por primera vez, durante estas eliminatorias (fue para las primeras dos fechas ante Ecuador y Paraguay). Ese día el cordobés ingresó a la sala de fisioterapia y allí estaba Leo tomando mates junto a su hermano y a los integrantes del cuerpo médico albiceleste. ¿Qué se le pasó por el cuerpo? "Una sensación rara", contó.

Su amigo Gonzalo, a quien conoció jugando al fútbol en Laguna Larga, graficó ese momento: "Nos contó cómo fue ese encuentro, lo compartió con nosotros, porque él lo sintió de la misma manera que lo hubiéramos sentido nosotros. Lo disfrutó un montón. Pero no como colega y compañero, sino como la persona que se encuentra con su ídolo. Fue el encuentro del chico que siempre tuvo a su ídolo ahí arriba y lo conoció por primera vez. Con devoción, como si lo hubiera conocido yo, por así decir".

En el último partido de las eliminatorias, contra Perú, Dybala jugó de Messi. Aunque él prefiere decir que sólo cumple “la función que me pide el técnico". Pero no pudo acostumbrarse a una posición en la que nunca tuvo continuidad. Por eso, hoy no será titular frente a Paraguay ( esta noche, desde las 20.30), pese a que el público lo reclama y sueña con verlo jugar en el Mario Alberto Kempes. Él, de todas formas, no pierde las esperanzas de brillar frente a su gente y con la camiseta que lo hace tan feliz. Su posteo en las redes sociales así lo demuestra:

Los nervios lo hacen flotar, como cuando tenía 10 años. Pero piensa en su padre, su primer gran admirador, y todo vuelve a tener sentido. Es que el sueño de ambos ya está cumplido.

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