Se allana el camino para la reelección de Rajoy con el llamado a consultas del rey

El PSOE se queda sin margen para imponer condiciones o abrir negociaciones
Martín Rodríguez Yebra
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12 de octubre de 2016  

Rajoy y Felipe VI se encontraron ayer durante un encuentro del Instituto Cervantes en Aranjuez
Rajoy y Felipe VI se encontraron ayer durante un encuentro del Instituto Cervantes en Aranjuez Fuente: EFE

MADRID.- Después de 10 meses de parálisis institucional, el conservador Mariano Rajoy tiene al alcance de la mano la reelección como presidente del gobierno de España sin necesidad siquiera de hacer concesiones a sus adversarios.

El rey Felipe VI convocó ayer a una nueva ronda de consultas a los líderes para decidir si vuelve a encargar a Rajoy la misión de conseguir una mayoría parlamentaria a favor de su designación. Los recibirá el lunes 24 y el martes 25, para darle tiempo a la oposición socialista a digerir la costosa decisión de convalidar otro mandato del Partido Popular (PP).

Las fechas elegidas por el rey allanan el camino del presidente en funciones. A partir de ese momento quedarán apenas cinco días para convocar a la sesión de investidura y votar. Es decir, no habrá tiempo para que el PSOE plantee condiciones a cambio de su voto ni para que pida abrir una negociación.

Si el 31 de octubre el Congreso no convalida al presidente, se convocarán de manera automática unas nuevas elecciones generales, las terceras en un año. Los socialistas lo consideran un escenario inviable después de la caída de su líder, Pedro Sánchez, y cuando todas las encuestas les pronostican un desastre en las urnas.

"La política exige convivir con la decepción", dijo ayer Javier Fernández, presidente de Asturias y el hombre al que el PSOE designó como interventor del partido después de la guerra interna que le costó el puesto a Sánchez. Fernández sugiere desde hace 10 días que no tienen otra mejor opción que abstenerse en el debate de investidura para evitar las terceras elecciones.

El problema es que todavía un amplísimo sector interno coincide con la postura que defendía Sánchez. Esos dirigentes creen que facilitar otro turno de Rajoy causaría un desprestigio irreparable al partido y dejaría el papel de oposición en manos de la izquierda alternativa de Unidos Podemos.

El descalabro de sus rivales convenció a Rajoy de que había sido acertada su estrategia de sentarse a esperar, sin ofrecer nada para suplir su relativa debilidad.

Las elecciones de junio le dieron 137 diputados, cuando necesita 176 para ser elegido. Logró un acuerdo con los liberales de Ciudadanos (32 bancas), pero su plan está destinado al fracaso sin un guiño del PSOE. Necesita que al menos 11 diputados socialistas se abstengan. Ya se estrelló en una primera sesión a principios de septiembre.

Poco después, los barones regionales del PSOE complotaron contra Sánchez porque temían que intentara formar un gobierno con sus escasos 85 diputados y el apoyo de Podemos, más fuerzas independentistas catalanas.

Ellos creían que lo mejor era resignarse a ser oposición y arrancarle concesiones al PP para dejarlo formar gobierno. Pero el estallido interno resultó tan feroz que ahora la disyuntiva que tienen es entregarle gratis el poder a Rajoy o afrontar elecciones en diciembre con un candidato improvisado y sin opciones de triunfo.

Fernández trabaja para el primer escenario, que todo el mundo en la política española da hoy como inevitable. Decidió esperar hasta el domingo 23 para convocar al Comité Federal, que tomará la decisión. Esperó así hasta el último día posible para cumplir con los trámites de la investidura. Felipe VI consintió esa jugada al convocar a los políticos para lunes 24.

Rajoy respiró aliviado. Ya dijo que no pondrá condiciones para la abstención socialista, pero tampoco las aceptará. En el PP hay voces que le aconsejan forzar las elecciones. La ecuación es simple: ahora tendría que gobernar en minoría, obligado a negociar ley por ley con un bloque socialista que se sentirá forzado a exagerar su cara opositora; si se volviera a votar, podría alcanzar una mayoría propia de la mano de Ciudadanos.

La crisis de sus adversarios aligeró a Rajoy el peso del escandaloso juicio del caso Gürtel, que airea estos días las maniobras de financiación ilegal sistemática del PP durante casi una década.

Si los planes del presidente se cumplen, su nuevo gobierno arrancará el domingo 30, apenas unas horas antes de que venza el plazo legal que obligaría a convocar elecciones. Él pidió silencio y discreción a sus dirigentes más cercanos. El PSOE, sin líder y lleno de rencores, puede ser todavía una caja de sorpresas.

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