Mariana Enríquez: "Mis cuentos salen en un día"

Escritora y periodista, fue la revelación literaria del año con un libro de relatos que trabajan el horror desde una visión urbana
Walter Lezcano
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15 de octubre de 2016  

Crédito: Dafne Gentinetta

La aparición de Lo que perdimos en el fuego (Anagrama), de Mariana Enríquez, en las librerías significó un momento de placer inusitado para los lectores de todas las edades. De pronto, la tapa del libro se reprodujo en redes sociales, la cara de Enríquez apareció en varios canales y su nombre recorrió todos los suplementos culturales, de acá y muchos del exterior. Un pequeño sismo literario de esas características, a pesar de que ella tiene varios libros publicados, no puede anticiparse. Sin embargo, la vida cotidiana de Mariana Enríquez sigue igual que siempre. Trabaja de periodista en el diario Página 12, da clases en universidades, colabora con un programa de radio y da talleres de periodismo. Cuando se sienta en un bar del microcentro porteño, su voz es la de alguien que todavía está tratando de hacer lo que más le gusta: escribir, leer. Lo que viene después de eso, la llamada repercusión, no la tiene desvelada. Es más: ya tiene un libro terminado y otro en proceso. Eso es una lección de narrativa: no importa lo que pase, hay que seguir escribiendo.

-¿En qué momento supiste que tenías un libro y no un rejunte de cuentos?

-Escribo muy anárquicamente, pero me doy cuenta de que tengo épocas de escritura donde aparecen obsesiones, protagonistas y voces parecidas. Aparecen con mucha frecuencia un tono de familia, ponele, entre varios cuentos. Cuando tengo varios de esos los separo para una posible recopilación de lo que voy escribiendo. Pero puede fallar. No hay plan alguno.

-Vos hacés una distinción entre terror y horror...

-Como es un género netamente anglosajón, siempre fue horror story, no es terror story, no existe eso. Eso es una traducción de nuestro lenguaje que tiene que ver con el efecto, el miedo efectista si querés, y que por una cuestión de uso quedó pegado a lo más fantástico. A mí me interesa un poco más trabajar desde el horror, porque me parece más fiel al género que yo leo y me gusta. Después, porque me gusta trabajar desde el realismo. Combinar el horror con el policial, con las narrativas de la intimidad, hacerlo desde un lugar de actualización de la historia de horror clásica. No se pueden hacer más las historias de castillos, por ejemplo. Desde Stephen King para acá, el horror y el realismo casi van de la mano.

-Debe ser difícil hacer horror en castellano sin tener muchos referentes.

-Para mí fue todo un tema tratar de encontrar en mi idioma y en argentino, sobre todo, referentes.

-Más allá de que nuestra historia es terrorífica.

-Sí, pero eso no es literatura. Hay algunos cuentos de Cortázar, el Informe sobre ciegos de Sabato, algunas cosas de Silvina Ocampo, pero en ese tono casi de loca e irónica, cruel. Son ejemplos muy aislados. Entonces el esfuerzo que tenés que hacer es de traducción. Y la traducción la encontré en el realismo, que sí es una tradición argentina. Y que muchas veces tiene sus lagunas de horror. También tenemos una tradición con el fantástico. Hay autores, como Elvio Gandolfo, por ejemplo, que logran encantar lugares en el mal sentido, volverlos personajes, darles entidad y fuerza y hacen que los espacios sean territorios propicios para el mal, que tengan la memoria del mal en sí mismos. También es una cuestión de técnica: ver cómo hacen los escritores anglosajones que me gustan. Sobre todo esto de empezar como un relato realista y arruinarlo.

-Pero marcás un límite ahí porque tus cuentos nunca se vuelven costumbristas.

-Lo intento. Puede pasar, pero lo intento porque no me gusta. Yo arruino el realismo de los cuentos con el momento horrible, siniestro, disruptor de la realidad. Que en general tiene que ver con lo real llevado al extremo.

-¿Qué lugar ocupa para vos el estilo en la escritura teniendo en cuenta el contenido de estos textos?

-No lo elaboro tanto el estilo. Sí me preocupa en el sentido de que eso tiene que estar. Un escritor tiene que tener un estilo, ser reconocible. Pero no creo que sea una cosa que se trabaje tanto. Otras cosas se trabajan más. Creo que el estilo es la voz del autor detrás de la voz del personaje. Sale o no sale. Para mí, el estilo no es una cosa que se pueda trabajar técnicamente. Si se hace de ese modo queda demasiado artificioso. Yo escribo muy en dictado. Y mis cuentos salen en un día. Después los puedo corregir durante más tiempo. Por ahí alguna marca de estilo es que son textos bastante realistas y tienen remates líricos, cierta búsqueda de frases que tengan cierta estética bella, cercana a la poesía. Lo intento, me sale así. No lo busco de antes porque me parece que va a fallar. En mi caso, eso no puede ser trabajado.

-Si los cuentos salen en un día, ¿cómo es el trabajo de corrección?

-En la corrección vienen los arreglos. Ponele que la primera versión es la acústica y después en la segunda parte le mando los arreglos que hacen la canción más power, si querés. El esqueleto es lo que queda.

-¿Pensaste en algún tipo de lector una vez que el libro estuvo terminado?

-No, nunca pienso en eso. No creo que ningún escritor piense en un lector específico. Yo escribo para mí: lo que me gusta y lo que me sale. El que me gustaría tener es un lector joven y adolescente. Ellos no son lectores literarios, son más inocentes, porque quieren saber si es verdad, por ejemplo, y tienen otra relación con las historias. El lector literario no me copa. Yo igual tengo una relación adolescente con algunos escritores: me entusiasman.

-¿Es posible escribir terror sin haber hecho un camino como lector antes?

-Yo creo que no, porque es un género muy codificado, como el policial, por ejemplo, y tiene muchas fórmulas ya anacrónicas. Entonces alguien con poca lectura te puede venir con un texto tipo "El almohadón de plumas" de Quiroga. No se puede hacer más eso. O algo que yo evito es el cierre clásico. Son cosas inocentes. Porque el terror también labura con el inconsciente y los arquetipos. Y son materiales ya vistos hasta la muerte. Si no leíste mucho, cualquier género es complicado. Los géneros tienen de bueno que cambian con el tiempo por ser populares. La gente los lee tanto que los temas y ciertos personajes se agotan. Lo que te da la lectura no te lo da nada, ni siquiera un taller literario.

La bebida que es como un postre

  • Para Mariana, "la Coca-Cola es riquísima". Pero la toma poco porque la define como venenosa, como un postre de una vez por mes. "Antes tomaba whisky. Pero dejé el alcohol porque tomé mucho alcohol durante muchos años -mucho en serio- y nunca supe tomar bien. Siempre terminaba borracha, pasándola mal. No sé administrar los excesos, para mí siempre son excesivos", concluye.

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