BUE 2016: elegancia, colores, sorpresas y golpes de efecto en la segunda jornada

El festival cerró su edición con The Flaming Lips y Pet Shop Boys como números centrales
Martín Artigas
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16 de octubre de 2016  • 05:06

Tras el pésimo augurio que trajo la madrugada en cuestiones climáticas, el sol volvió a brillar poco antes de que la segunda y última jornada del BUE 2016 diera comienzo.

Las puertas, en Tecnópolis, se abrieron a las 16 para las almas ansiosas por recorrer la grilla del festival de principio a fin. Los madrugadores sí que tuvieron un dios dispuesto a premiarlos: el concierto de John Grant, que inició puntualmente a las 17, en el Arena Heineken, fue una de las sorpresas de la jornada. El cantante estadounidense brindó un show frente a un público reducido, pero usó esa variable a su favor y se retiró colmado de aplausos. A unos metros, la ex Elegidos, la música en tus manos, Victoria Bernardi, abría el Music Box, espacio dedicado a los artistas y bandas más indies y/o emergentes.

Juana Molina fue protagonista de otro de los buenos momentos que dejó la tarde: entre capas de sonido, guitarras hipnóticas y letras que variaban entre el mantra y la neurosis, la actriz retirada contentó a una audiencia que tenía ganas de mover los pies, aún con cierta timidez.

Los mendocinos de Mi Amigo Invencible abrieron el outdoor stage con un set prolijo y contundente, y le cedieron el lugar a otra de las bandas más esperadas de la jornada por los amantes del pop: Capital Cities. El dúo californiano puso a todo el mundo a bailar con su hit "Safe and sound", y marcó el ritmo de lo que vendría más tarde.

Casi en simultáneo, Vicky Maurette, desde el Music Box, se imponía con una versión muy valiente y lograda de "Somebody to love", de Jefferson Airplane.

Un festival maduro

Los pasillos de Tecnópolis no descansaban, entre los recién llegados y quienes se paseaban por los tres escenarios en busca de "algo para escuchar". Y, hay que decirlo: el público del BUE no buscó sobresalir ni marcar tendencia con sus looks, sino que fue mayormente concentrado a descubrir sonidos y a escuchar a los consagrados. El hecho de que la entrada se encontrara prohibida para menores de 18 años también incidió para generar ese clima de "madurez" que se respiraba.

La propuesta también fue directa por parte del festival. Sin grandes atracciones por fuera de lo musical, lo importante transcurrió siempre sobre el escenario. La oferta gastronómica fue igual de medida, sin food trucks ni "experiencias gourmet" que pudieran distraer a los asistentes.

Wilco, una de las bandas más esperadas del festival BUE
Wilco, una de las bandas más esperadas del festival BUE Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Filipuzzi

Otro llamativo detalle fue la limpieza que se mantuvo en las callecitas de la feria de ciencia y tecnología durante toda la jornada. Heineken - main sponsor del evento- propuso que, cuando alguien juntara cinco vasos de plástico vacíos, tendría la chance de girar una rueda de la fortuna recicladora y, quizás, llevarse una cerveza gratis. A medida que pasaban las horas, se multiplicaban los asistentes que deseaban conocer si se trataba de su día de suerte.

Los tonos del atardecer

"Gracias, es nuestra primera vez acá, y creo que podríamos quedarnos a vivir", decía, entre la sorpresa y la tímida demagogia Jeff Tweedy, líder de Wilco. Abajo, el público le daba la bienvenida a la banda con el clásico "ole-ole-olé", mientras ellos disparaban esa pieza country cruzada por el caos que es "Via Chicago". Hubo rock, austeridad, potencia y melodía en partes iguales en uno de los shows que más expectativa generó dentro de la ecléctica grilla del BUE 2016.

The Flaming Lips llevó la experiencia al otro extremo desde el outdoor stage. Un Papá Noel, un sapo y un tiburón bailando sobre el escenario, un arcoiris inflable, tapados de peluche, serpentinas led, enormes pelotas de colores y papelitos plateados volando de un lado a otro. Todo estuvo al servicio de ese adorable frontman que es Wayne Coyne, tan capaz de hacernos creer que su andar es errático cuando el espectáculo, en realidad, está perfectamente coreografiado.

El gran momento llegó con el cover de "Space Oddity", con el cantante metido adentro de un globo transparente, navegando sobre la gente, y el recuerdo de David Bowie multiplicado en miles de gargantas.

Peaches fue otra de las grandes sorpresas de la noche, desde la otra punta de Tecnópolis. Tan agresiva como irresistible, la canadiense Merrill Beth Nisker dio muestras de su autosuficiencia: se desnudó y se vistió sin soltar el micrófono, puso las pistas desde la bandeja y cantó con potencia sus piezas de influencia post-punk, con sonido electrónico y bailable. Fue Siouxsie Sioux, Nina Hagen, Madonna y Nicki Minaj, todas en una.

"Quiero caminar sobre ustedes, levanten sus manos", anunció en inglés y en intrincado español. Y lo hizo, en una muestra de girl power que pondría nervioso a más de un rockero de esos que juegan a ser duros.

La elegancia intacta

El cierre del outdoor stage quedó a manos de Pet Shop Boys. El legendario dúo inglés hizo un repaso desde sus iniciáticos 80s a la actualidad y puso a todo el mundo a bailar y cantar.

Tras arrancar con "Inner Sanctum", de su disco Super (2016), Neil Tennant y Chris Lowe le abrieron paso a "West end girls", de 1984. Y así, el show fue y vino sin un orden cronológico establecido pero plagado de hits: desde la celebración veraniega y percusionista de "Se a vida e" hasta la reinvención tecno de "It's a sin".

La austeridad de Tennant como frontman encontró, una vez más, su contraparte en la magnificencia de las imágenes que se proyectaban en las pantallas, en el humo y en las luces láser que proclamaban una pista de baile a cielo abierto.

Sobre el final, PSB disparó "Left to my own devices" y "Go West", y dejó a la audiencia pidiendo más. Los bises trajeron una sorpresa ("Domino Dancing") y un infaltable ("Always on my mind"), además de un reprise de "The Pop Kids". La fiesta, ahora sí, había terminado en el outdoor stage, aunque el Arena Heineken prometía darle asilo a los amantes de la electrónica hasta bien entrada la madrugada.

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