Fracturado y resignado, el PSOE se dispone a dejar gobernar a Rajoy

Los principales dirigentes empezaron ayer a admitir que se abstendrán de votar
Martín Rodríguez Yebra
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18 de octubre de 2016  

Mariano Rajoy
Mariano Rajoy Fuente: Reuters - Crédito: Archivo

MADRID.- Fracturado y sin ánimo para afrontar otra campaña electoral, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) se dispone a facilitar en los próximos días la designación del conservador Mariano Rajoy como presidente del gobierno para otro período de cuatro años.

Los dirigentes socialistas con mayor peso territorial empezaron a admitir ayer de manera explícita que optarán por la abstención en una sesión de investidura de Rajoy que se convocaría la semana próxima, en el límite del plazo legal para formar un gobierno sin necesidad de llamar a otros comicios generales.

"Tenemos que evitar las terceras elecciones y la abstención del PSOE es la única manera. No me produce urticaria", dijo ayer Juan Cornejo, secretario de Organización del socialismo de Andalucía. La presidenta de esa región, Susana Díaz, es la figura central del partido desde que se puso al frente de la rebelión que destronó al último líder, Pedro Sánchez.

Rajoy ganó las elecciones de diciembre pasado y las de junio con una mayoría exigua para formar gobierno sin aliados. En agosto logró el apoyo de los liberales de Ciudadanos, pero fracasó en su primer intento de investidura: le faltaron seis votos. Los respaldos que le faltan sólo se los puede dar el PSOE: bastaría con 11 abstenciones o ausencias el día de la votación parlamentaria.

Pese a que pasaron 15 días desde que sacrificaron a Sánchez -abanderado del no a Rajoy-, a los referentes que tomaron el control del partido los atormenta la decisión de renovar el poder del enemigo; un presidente al que durante años han acusado de ser tolerante con la corrupción y a quien le han reclamado la renuncia en reiteradas ocasiones.

La mayoría de los militantes socialistas y buena parte de la dirigencia creen que dar ese paso será un lastre insalvable de cara al futuro. La filial catalana, por ejemplo, ya anticipó que mantendrá el rechazo a Rajoy aunque eso implique una ruptura con la conducción central. No son los únicos.

El problema de no persistir en el bloqueo institucional, que ya suma 10 meses, es que en unas nuevas elecciones a fin de año el derrumbe del PSOE podría ser catastrófico, según anticipan las encuestadoras.

El paso que dio ayer Díaz blanquea hacia dónde se inclinará el poder reinante en el PSOE cuando el fin de semana se discuta la decisión en un Comité Federal que se prevé volcánico.

La filial andaluza es por lejos la más importante para el socialismo. Otro de los bastiones es Extremadura. El presidente autonómico de esa región apuntaló ayer el discurso de la abstención: "Un partido que es de gobierno o gobierna o tiene que dejar gobernar".

Desde la caída de Sánchez el PSOE está en manos de una comisión gestora al mando del presidente de Asturias, Javier Fernández, que trabaja para llegar a la abstención sin causar una explosión interna.

El desafío es que todo el bloque actúe igual el día de la investidura, algo que cada día parece más difícil. Hay algunos dirigentes que plantean una abstención táctica que consista en la ausencia de 11 diputados, de modo de facilitar el desbloqueo sin abandonar el discurso del no.

Fernández ya mantuvo contactos discretos con Rajoy. El presidente sabe que le toca esperar sin hacer olas. "Me conviene mantener la boca cerrada", respondió la última vez que le preguntaron en público por su futuro.

Los tiempos apremian. El último día posible para formar gobierno con la actual composición del Congreso es el domingo 30. Como el PSOE prevé resolver su dilema interno el 23, el rey Felipe VI convocó una ronda de consultas con todos los líderes de partidos con representación parlamentaria para el 24 y el 25. Si, como se prevé, los socialistas se muestran dispuestos a colaborar, le encargará la misión a Rajoy una vez más. Y la sesión de investidura se desarrollará entre el 27 y el mismo 30.

Lo que vendrá al final del bloqueo es un período no menos complicado. A Rajoy le tocaría gobernar sin mayoría y tendrá que negociar ley por ley con los socialistas, heridos y dispuestos a mostrar a sus votantes que no cometieron una traición al convalidar a un presidente conservador.

Fernández anticipó que una eventual abstención "no implica ningún compromiso adicional con la gobernabilidad". La primera prueba de fuego será la discusión del presupuesto de 2017, en el que pesa sobre España la exigencia de la Unión Europea (UE) de impulsar un fuerte recorte del gasto para cumplir las metas de déficit comprometidas.

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