Una resistencia política

Luciana Vázquez
Luciana Vázquez PARA LA NACION
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19 de octubre de 2016  

Estandarizadas. Descontextualizadas. Promercado. Punitivas. Inconsultas. ¿Cuánta verdad hay en los argumentos de quienes se oponen con énfasis inédito a las pruebas Aprender? La respuesta es: poca. Primero, una aclaración central que tira abajo, sin estridencias, apenas por la fuerza de la evidencia irrefutable, el castillo de naipes que sostiene la resistencia a Aprender: esa prueba es en realidad una continuidad del Operativo Nacional de Evaluación (ONE) de los 90 y que siguió adelante durante todo el kirchnerismo. Sin embargo, nunca se dio en el pasado semejante nivel de resistencia al ONE.

Para ser más clara todavía: si se trata de estandarizada, homogeneizadora y descontextualizada, las Aprender lo son tanto como lo fueron las ONE del kirchnerismo. Los gremialistas que resisten las pruebas Aprender lo saben. Y el ex ministro de Educación Alberto Sileoni, que ayer subrayó la "diferencia" entre estas pruebas y las suyas, y cuestionó el carácter "estandarizado" de las actuales, también: bajo la administración kirchnerista se hicieron tres ONE con pruebas estándar e idénticas para todo el territorio y todos los niveles sociales.

Por eso, subrayo: las maniobras obstructivas de hoy son en realidad disputa política por el poder sobre el sistema educativo, la corporación gremial opositora versus el Estado macrista. La realidad es que una prueba estandarizada, basada en el consenso acerca de los aprendizajes relevantes sin importar geografías y condiciones sociales, es una de las herramientas que contribuye a construir equidad educativa.

Segundo, esa continuidad entre las ONE kirchneristas y las Aprender macristas se da en más de un sentido, que desmiente también a los combatientes de las pruebas actuales. Si las Aprender son "pro mercado", también debieron serlo las ONE: muchas preguntas de las ONE 2010 y 2013 se mantienen en las Aprender para asegurar la comparabilidad entre unas y otras. El contenido de las Aprender macristas es más parecido a las ONE kirchneristas que lo que la gestión de Esteban Bullrich está dispuesta a reconocer.

Tercero, si hay cambios en las Aprender no son estructurales. La gran diferencia es política, y es central: la voluntad actual del macrismo de instalar la cultura de la evaluación y lograr una implementación cuidada para garantizar confiabilidad estadística.

Cuarto, a pesar de eso, uno de los cambios más cuestionados es la desaparición de las preguntas abiertas y la hegemonía total de las de opción múltiple. Los críticos de las Aprender sospechan desinterés por el proceso de aprendizaje y visión resultadista de la educación por parte del macrismo. Sin embargo hay otra razón: en un contexto de falta de cultura evaluativa, el alumnado abandonaba las ONE antes de terminarlas, sobre todo en las preguntas abiertas. La prueba perdía así potencia estadística.

Quinto, las pregunta cualitativas irritaron también a los opositores de Aprender. Adivinan voluntad estigmatizadora. Sin embargo, saber por ejemplo si el alumno recibe la AUH es de gran riqueza estadística: da información sobre el origen social, variable clave que influye en los aprendizajes, y sobre el impacto de políticas de transacción condicionada de dinero en los niveles de escolarización y de aprendizajes.

Sexto, la queja sobre la falta de consenso es en realidad falsa. Como las ONE, las pruebas Aprender son el resultado de un acuerdo político consensuado en el Consejo Federal de Educación, entre los gobiernos votados por la voluntad popular. Esa representatividad es, sin dudas, mayor que la de la corporación gremial.

Finalmente, Finlandia, como siempre: el dato de que uno de los mejores sistemas educativos del mundo carece de pruebas estandarizadas nacionales tienta a los gremialistas argentinos. El dato es cierto, pero el contexto es otro: en Finlandia, sólo ingresa el 5% de los postulantes a la formación docente, que es universitaria, con nivel de maestría. La calidad de los aprendizajes está garantizada antes de que los maestros pisen el aula, sin necesidad de desplegar evaluaciones. Difícil imaginar un sindicalista docente argentino dispuesto a pelear por la selección en el ingreso en la carrera docente como garantía de la calidad del sistema.

Cumplir con la obligación ciudadana de dar las pruebas Aprender no implica un apoyo emocionado al macrismo, sino un compromiso racional con una educación equitativa y de calidad. Y si se trata de discutir las Aprender para mejorarlas, el sindicalismo docente dejó pasar una oportunidad única de plantear, con honestidad intelectual, un debate informado. Nos lo merecemos. Seguimos esperando.

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