El desarrollo nuclear que potencia a la diplomacia

21 de octubre de 2016  

La saga de la tecnología nuclear en la Argentina ha tenido dos tramas complementarias que interactúan en casi perfecta simbiosis. Por un lado, el exitoso proceso de transferencia y generación de tecnología que realizaron nuestros científicos. Por el otro, su valor como atributo de poder para nuestra diplomacia. Ya lo dijo Henry Kissinger: "Un sistema avanzado de aprendizaje tecnológico se convierte en un prerrequisito para el poder de un país a largo plazo".

En política exterior, la actividad en el campo nuclear ha sido una de nuestras pocas políticas de Estado. La Argentina tiene tres centrales nucleares (Atucha I, Atucha II y Embalse) y es uno de los pocos países que pueden producir (por lo menos en teoría y en forma autorizada) todos los elementos del ciclo de combustible para estas centrales. Es capaz de construir reactores de investigación y plantas para producir radioisótopos de molibdeno 99, de importancia para la medicina nuclear. Este conocimiento tecnológico potencia nuestra diplomacia: el país es un miembro respetado en la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), en Viena, y del Nuclear Suppliers Group (NSG), que monitorea los materiales nucleares.

Durante la reunión del NSG en Washington, en abril, el presidente Macri y la canciller Susana Malcorra se reunieron con líderes como Xi Jinping, de China; Barack Obama, de los Estados Unidos, y Justin Trudeau, de Canadá. Nuestro prestigio diplomático en temas nucleares es muy alto. Una conducta profesional más una firme vocación por el uso pacífico han convertido lo nuclear en un atributo no sólo de poder, sino también de confianza para la diplomacia argentina. Muestra de esto es la candidatura no oficializada del embajador en Viena, Rafael Grossi, a director general de la AIEA, con grandes posibilidades de suceder al japonés Yuyiko Amano.

La energía nuclear tendrá un rol de creciente importancia a nivel doméstico. Un beneficio directo es contar con energía renovable y "limpia", en un contexto de escasez energética, a través de tres centrales que generan el 5% de la energía consumida. El Gobierno ha establecido que para 2030 deberá representar un 14% del consumo. Para ello, se planea instalar por lo menos dos usinas de origen chino. Así, las usinas existentes generarán un 38% de la energía nuclear necesaria para 2030 y las dos usinas de origen chino, un 38% adicional. Queda por decidir cómo proveer el 24% restante, que en la opinión de la comunidad científica debería ser provisto por centrales de potencia argentinas. Pero se conversa con Rusia la posibilidad de proveer un sexto reactor.

Usar el mercado doméstico como base es vital para generar tecnología de exportación. La opción propuesta en el ámbito de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) para producir reactores nacionales es el proyecto Carem 25, un reactor de tamaño pequeño y baja potencia diseñado íntegramente en el país. La fabricación de un prototipo con los más altos estándares de seguridad estaría completada en 2018, y el período de pruebas, en 2019. Tiene un alto potencial de exportación, ya que implica menores costos para las naciones que desean esta tecnología. También se vendieron sofisticados reactores de investigación a Perú, Argelia, Egipto y Australia, y se exportan reactores multipropósito, como el que se fabrica para Brasil, o plantas para producir radioisótopos de molibdeno 99 a partir de uranio de bajo enriquecimiento (uno de éstos se produce para la India, con tecnología exclusivamente argentina).

La colaboración de nuestra diplomacia es siempre importante en estos sensibles procesos de exportación. La diplomacia argentina tiene también el vital rol de asegurar la provisión de los combustibles para las usinas nucleares instaladas (agua pesada y uranio natural) y para las planificadas y los reactores de investigación (uranio natural y enriquecido). Aunque la Argentina domina la tecnología para producir estos combustibles y tiene el potencial de producir uranio enriquecido, hoy los importa.

Nuestra diplomacia ha sido muy creativa en acordar con Brasil un sistema de inspecciones mutuas -el llamado Acuerdo Cuatripartito- aprobado por la AIEA. Estas salvaguardias son cruciales, dado el potencial uso militar del uranio enriquecido. Pero se reciben presiones para firmar el protocolo adicional del Tratado de No Proliferación nuclear (TNP), que para algunos expertos implica la caída de este sistema de controles. Una alternativa es implementar con Brasil acciones que permitan ir en la dirección del protocolo adicional, pero en el espíritu del Acuerdo Cuatripartito.

Hoy parece primar una diplomacia de "horizontes diversos" en materia nuclear, al interactuar con potencias establecidas (Europa, Canadá), emergentes (China, Rusia, India) y el exterior próximo (Brasil, Perú). Este enfoque asegura que el campo nuclear continúe potenciando la política exterior a mediano y largo plazos.

Doctorando en Relaciones Internacionales, miembro consultor del CARI y del Cippec

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