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Jorge Sad Levi y sus sonidos volátiles para medios mixtos

En la presentación de su disco, el compositor argentino combina la reproducción mecánica con la música en vivo
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22 de octubre de 2016  

Sad Levi, entre el rock y Kröpfl
Sad Levi, entre el rock y Kröpfl

El largo recorrido que lleva Jorge Sad Levi en la música electroacústica acaba de materializarse en Música para (seres) parlantes, preciosa edición en CD del sello español Luscinia Discos que recoge composiciones de los 90 hasta la fecha, y que el músico presentará hoy, a las 20, en el Auditorio Kraft de la calle Florida. En un escenario rodeado por parlantes para representar la experiencia acusmática (la sensación del movimiento sonoro en el espacio), Sad se sitúa a un extremo del escenario con sampler, sintetizador y consola. Desde allí, reproduce los sonidos de sus obras e interactúa con los intérpretes, que circulan al otro extremo del escenario, como una especie de duelo entre la alquimia de las máquinas y la música ejecutada en vivo.

La primera parte del espectáculo reproduce aquellos tracks donde Sad interactúa en formato de dúos, y la segunda junto a un ensamble de viola, trompeta, guitarra, computadora y voz. A excepción de "Ave Roc", la primera pieza acusmática del disco (un collage frenético, que inicia con el grito I've got blisters on my fingers!, de Ringo Starr en "Helter Skelter"), todo el concierto se hará en el marco de este diálogo -sin espacio para la improvisación-, de lo que en el ámbito se conoce como medios mixtos (electroacústica más música en vivo).

"Me llevó tiempo decidir el orden de los temas y probablemente sea el efecto de acumulación de la escucha de piezas anteriores, que terminan cargándolas de significación a estas últimas -opina el compositor-. Las obras en un disco, diría un semiólogo, tienen un valor posicional. Por eso me gustó la idea de alternancia entre composiciones y piezas acusmáticas, integradas en una meta composición que sería el disco. Los tracks impares son acusmáticos y los pares son de obras mixtas."

-La gacetilla del disco dice que buscaste la energía del rock, y creo que eso se cumple sobre todo en las piezas acusmáticas. ¿Qué valorás del rock y de qué modo pensás que puede aplicarse a la música electroacústica?

-Mi interés pasa por cierto tipo de gestualidad, la negación de las categorías sacras de la música culta, una aproximación salvaje a lo sonoro. Pienso que el rock es una música principalmente electroacústica y por eso no me canso de redescubrir a Los Beatles y a Prince, pero también a Dhomont, a Luc Ferrari y a Bernard Parmegiani, quienes comprendieron mucho antes que la música clásica contemporánea los rasgos novedosos de la música como soporte. Creo que muchos compositores de mi generación hemos sido influidos por ese momento histórico que fue el rock de los 70, procesado a veces como una cita lejana y otras con la posibilidad de abrir horizontes perceptivos.

-Te formaste en el Laboratorio de investigación y producción musical del Centro Cultural Recoleta (LIPM) durante el histórico período de los 80, bajo la dirección de Francisco Kröpfl. ¿Qué recordás de aquella época?

-Kröpfl es una figura capital en la historia de la música argentina. Aparte de su importantísima obra, abrió un espacio fundamental para que muchos compositores jóvenes tuviéramos acceso a tecnologías imposibles de conseguir. Y no sólo eso. La noción de laboratorio, ahora diluida, porque trabajamos mayormente en nuestro estudio, es fundamental. El laboratorio es un espacio en donde varios compositores confluyen e interactúan. Haber compartido charlas con compositores de la talla de Carmelo Saitta y Julio Viera, o técnicos como Luis Corazza, más las visitas internacionales, hicieron del LIPM un lugar de enorme aprendizaje.

-¿Cómo es trabajar en el GRM (Groupe de recherches musicales, bastión de la música concreta fundado por Pierre Schaeffer en 1958)?

-Las posibilidades de este estudio en Radio France son tan maravillosas que comencé a componer sonidos, provenientes de materiales que se mueven en el espacio a distintas velocidades, con giros de impresionante realismo y contundencia, en un sistema de sonido octofónico. El estudio está dirigido por el compositor Daniel Teruggi, también argentino. La obra se titula Va(au)tour(s), Patria o buitres, en español, y por supuesto tiene que ver con la realidad del país. Fue una epifanía idiomática darme cuenta de que va au tours (gira, da vueltas) suena igual que la palabra buitres, en francés. El proyecto se completará durante mi segunda residencia en el GRM, y la obra será estrenada el 22 de enero en París.

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