Personal Fest 2016: entre la nostalgia y la parafernalia millennial

La primera fecha del festival tuvo un esperado debut y un ansiado regreso, de la mano de Richard Ashcroft y Andrés Calamaro
Martín Artigas
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23 de octubre de 2016  • 02:54

Entre los sonidos nuevos y los momentos de nostalgia plena, la primera jornada del Personal Fest 2016 tuvo un cierre con doble atracción: por un lado, el debut en el país de Richard Ashcroft, ex líder de la banda britpop The Verve; por el otro, Andrés Calamaro , en su triunfal regreso a los escenarios locales.

Como es costumbre en este tipo de festivales, la grilla fue de menor a mayor. Los que estuvieron a primera hora frente a la entrada del club GEBA -las puertas abrieron puntualmente a las 13.30- tuvieron no sólo la posibilidad de ver el predio llenarse poco a poco, sino también de disfrutar de los sets de los artistas que abrieron los tres escenarios bajo un sol primaveral.

La prohibición de venta de bebidas alcohólicas le dio al festival un espíritu familiar: padres e hijos fueron una constante durante toda esta primera jornada, como una muestra de la oferta transgeneracional que persiguen sus organizadores. La clave millennial, de hecho, fue otro de los fuertes en esta edición del festival. Escenas montadas especialmente para selfies y videos de snapchat y un espacio dedicado a los juegos y las aplicaciones para celulares fueron muy concurridos en los ratos libres que iba dejando la grilla de shows.

Una de las grandes atracciones de la jornada por fuera de lo musical fue Alexander Caniggia , la “cara” de la edición 2016 del festival en cuestiones publicitarias. Ataviado con un tapado de piel y una boa de plumas rosada, el hijo del futbolista Claudio Caniggia y Mariana Nannis recibió a quienes hacían fila para sacarse una selfie con él, sobre una suerte de falsa torta gigante. Sí, la gente hacía fila para sacarse una selfie y él les correspondía con una sonrisa.

Los vendedores de algodones de azúcar, pochoclos y gaseosas se movían entre el público, como para sumarle espíritu pop a la jornada. En los puestos gastronómicos ubicados en los pasillos del club reinó el fast food: panchos (a 60 pesos), hamburguesas (90) y papas fritas (50) eran las opciones más requeridas para saciar el hambre a medida que corrían las horas. También era posible comprar merchandising oficial, remeras (entre 200 y 400 pesos, dependiendo del modelo) y demás prendas de ropa de inspiración rocker, como para estar a tono con el convite.

Que sea rock

Meteoros, la banda liderada por Ale Sergi, Cachorro López y Rosario Ortega –en reemplazo de la siempre ausente Julieta Venegas- fue una de las primeras en captar la atención del público “tempranero”. Para el final de su set se guardaron dos hits ajenos que fueron muy bienvenidos: “Buscando un símbolo de paz”, de Charly García, y “Lunes por la madrugada”, de Los Abuelos de la Nada. Ese sería un breve adelanto del homenaje que, horas más tarde, tendría a Calamaro como anfitrión.

A pocos metros, otro escenario presentaba un line up orientado hacia el segmento adolescente, con shows de Agustín Almeyda, Smile, Olivia Viggiano y Nico Domini.

Cuando caía la tarde llegó The Magic Numbers, uno de los shows más esperados por los amantes de la música indie. Distendidos, presentaron un recital plagado de pegadizos hits, como “Love’s a game” y “Forever lost”, y su líder, Romeo Stodart, buscó todo el tiempo interactuar con el público; tampoco tuvo reparo en ponerse a afinar su guitarra, brindándole así frescura a la presentación. Angela Gannon y Michele Stodart pusieron a prueba sus armonías y salieron más que airosas.

Otro de los más celebrados fue Jamie Cullum, el músico inglés que experimenta con el amplio espectro que va del jazz al pop. Sentado al piano o de pie junto al micrófono, sorprendió con su entrega, bailó, pidió palmas, jugó con la cámara y puso a gritar al público femenino con su estilo de crooner descontracturado. Además de hacer un repaso por los puntos más altos de su discografía, se despachó con su relectura de ese hit de Radiohead que fue "High & Dry" y se llevó una ovación.

El debut y la despedida

Mientras la temperatura descendía vertiginosamente, el público se preparaba para disfrutar del segmento más “nostálgico” de la jornada. Richard Ashcroft llegó, finalmente, a un escenario argentino para validar su carrera solista, pero también para traer de regreso el espíritu britpop. "Tomó 20 años estar acá", dijo con la languidez intacta, para luego apoyarse el micrófono en el corazón.

Sí, el tiempo ha pasado, pero la actitud del británico revoltoso permaneció indemne: fue imperdible el momento en que, enojado por un "pifie" que cometió con la guitarra, culpó a un técnico que estaba detrás de escena y le hizo saber que él era "uno de los mejores cantantes del maldito mundo".

Canciones como "Break the night with colour" o "A song for the lovers", sonaron enormes y potentes, pero no pudieron con esos himnos de los 90 que supo componer al frente de The Verve, como "Sonnet", "Lucky man", “The drugs don’t work” o “Bittersweet symphony”, la elegida para cerrar su show de bautismo en tierras argentinas.

El gran final, claro, quedó a manos de Calamaro. Poco después de las 22, el cantante tomó el escenario para reencontrarse con su público argentino, luego de casi dos años de ausencia. La apertura quedó en manos de la siempre efectiva "Alta suciedad", seguida por una versión algo descolorida de "Día de la mujer mundial", con una breve aproximación a "Starway to Heaven", de Led Zeppelin. La banda descargaba rock con una enorme precisión.

Lo que vino luego fue un despliegue de hits: "Cuando no estás" -con video en pantalla gigante de Micaela Breque, su novia, como protagonista-, "Crímenes perfectos", "Algún lugar encontraré" y "Tuyo siempre". Su disco Honestidad Brutal volvió al primer plano con "La parte de adelante", que se conjugó felizmente con "Loco" y puso a todo el mundo a bailar. "7 segundos", de Los Rodriguez sonó particularmente profunda, y la "versión salmón" de "El día que me quieras" terminó de abrir la puerta a la nostalgia.

Con Cachorro López, Gustavo Bazterrica y Daniel Melingo, los sobrevivientes de Los Abuelos de la Nada se reunieron por primera vez sobre un escenario. Tras una versión ultra funky de "No te enamores nunca de aquél marinero bengalí", la evocación de Miguel Abuelo invitó al aplauso cerrado y emotivo. Luego llegó la infaltable "Costumbres argentinas" y el cierre de ese gran momento que tuvo gusto a poco.

El setilist volvió repentinamente al pasado más cercano con "Carnaval de Brasil", para luego abrir paso a la rockera "Output Input " y la muy celebrada "El salmón". La era Los Rodríguez volvió con "A los ojos" y "Sin documentos", para luego pasar a "Los chicos" y su evocación a esos amigos "que se fueron antes". Las imágenes de Federico Moura, Luca Prodan, Aníbal Troilo, Pappo, Luis Alberto Spinetta, Juan Gabriel, David Bowie y Gustavo Cerati, entre otros, se sucedieron en la pantalla, antes de hacer un breve paso por "De música Ligera". Punto para Andrés, que la sigue jugando de humilde pese a ser una de las figuras más convocantes del rock nacional.

El primer final llegó con "Flaca", pero el público pidió más y tuvo más. "Estadio Azteca" y "Paloma" fueron las elegidas, ahora sí, para la despedida. Calamaro, feliz, se abrazó con sus músicos mientras sonaba de fondo "All you need is love", de The Beatles. La primera jornada del Personal Fest estaba cerrada.

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