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Dos líderes, dos modos de entender el poder

Norberto Frigerio
Norberto Frigerio LA NACION
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24 de octubre de 2016  

La 72° Asamblea General de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), realizada en estos días en la ciudad de México, permitió observar cómo dos políticos viven y actúan frente a esa sensual voz que entraña la palabra "poder".

Sin proponérselo, el presidente de los estados únicos de México, Enrique Peña Nieto, y su par, el ex presidente de la República Oriental del Uruguay, José Mujica, terciaron en un duelo implícito.

Enrique Peña Nieto, delgado, tímidamente sonriente, impecable casi hasta lo atildado, con 50 años recientemente cumplidos, se presentó frente al auditorio como un presidente inalcanzable, entregado al más riguroso de los protocolos, solemne y seguro. Lo rodeaba tal cantidad de custodios, edecanes, escoltas, asistentes y secretarios que en sí mismo, era un cuerpo casi blindado. Cuando aún le faltan un par de años para concluir su mandato, en este momento es el líder que ha llegado a los más bajos índices de popularidad de la historia de su país. Seguramente, contribuyó a ese declive su mansión de más de ocho millones de dólares que, se sospecha, es producto de una devolución de un magnate de la obra pública. Su disertación ante tan magna asamblea fue en lo enunciativo perfecta, y previsible: el Estado, afirmó, es una caja de cristal que necesita transparencia; las instituciones deben proteger a los periodistas; deberá encontrarse a los responsables de las muertes o desapariciones de profesionales del periodismo que se cuentan por cientos; la democracia debe actuar rápidamente en atender las necesidades del pueblo para no desprestigiarse.

José "Pepe" Mujica, como se lo reconoce, ya conforma esa pléyade de celebrities internaciones que recorren el mundo y llenan estadios cual rutilantes estrellas de rock. Se saca selfies a pedido, reúne admiradores de la derecha y la izquierda o convoca, como sucedió recientemente en Estambul, centenares de admiradores. Genio y figura, Mujica se presenta manso, campechano, estrictamente prolijo, siempre observado de cerca por su esposa Lucía. Cuando ingresó en el recinto, sonriente y cordial, casi nadie se dio cuenta. A la primera pregunta del periodista, se acomodó sobre su prominente abdomen -se veían sus cortos calcetines caídos-, se acercó corporalmente a su público y con el tono de quien se siente ya de vuelta, recordó su edad,81 años, y el incierto y breve camino que le resta andar. Por una hora el silencio de la audiencia fue absoluto, sólo interrumpido por el suave jadeo de su respiración. Mujica no reniega de su historia de tupamaro, sus incansables pasos por las cárceles y las verificables heridas corporales que su cuerpo registra. Habla también de su amor por las nuevas generaciones y de su preocupación por el incierto destino que la sociedad ha de proveerle en un futuro inmediato a los más jóvenes. Se refiere a su rancho y su viejo auto -ya adquirido por un museo- como sus glamorosos bienes terrenales y testimonio de sus opulencias materiales. Solidario con el que sufre, enemigo de las leyes del mercado, admirador de Mandela, y con algo del Mahatma Gandhi, la experiencia de escucharlo es un privilegio inolvidable. Su presencia de líder sin duda está detrás del éxito de su libro Una oveja negra al poder, que ya vendió más de 250.000 ejemplares en poco más de un par de semanas y fue traducido a cinco idiomas.

Firme en sus principios éticos y convencido de que camina con paso pequeño, con su propio estilo, por la ruta de la historia, Mujica tiene hoy tal popularidad en su país que hasta el Partido Blanco lo acoge con veneración en su condición de senador.

En la exposición en la SIP, también se mostró preocupado por el machismo, confesó que todos los mexicanos le recuerdan al inolvidable cómico Cantinflas, por el modo en que hablan, y que por eso escucharlos le genera profunda ternura. Sostuvo enfáticamente que jamás los diarios dejarán el papel, más allá de los nuevos tiempos y el online mediante. Dijo también que le produce horror que el ejército se haga cargo de la guerra contra el narcotráfico, porque presiente que no resistirá los granadazos de los dólares.

No es el caso hacer comparaciones vacías entre ambos líderes, pero la experiencia de verlos y escucharlos permite comprobar que no hay una sola manera de vivir el poder y de encarnarlo. Y lleva a pensar en cuánto puede tener el poder de bicéfalo o simplemente de esquizofrénico.

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