Tecnología nuclear: el país sale a la conquista de Europa

En 2017, la empresa argentina le vendería un reactor a Holanda y negocia otros acuerdos
Javier Drovetto
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25 de octubre de 2016  

Frente al lago Nahuel Huapi, el Invap se levanta como un hito tecnológico
Frente al lago Nahuel Huapi, el Invap se levanta como un hito tecnológico Fuente: Archivo

Todas las mañanas, frente al lago Nahuel Huapi, a cuatro kilómetros del centro de Bariloche, 1400 personas van a trabajar a la empresa estatal rionegrina Invap. Unas 400, la mayoría ingenieros y físicos, tienen un objetivo común: desarrollar tecnología nuclear. Y no se trata de experimentar con técnicas de países desarrollados; todo lo contrario. En Invap producen tecnología innovadora a nivel internacional. Es tan así que la Argentina y otros seis países son los únicos exportadores del sector nuclear.

Como señal de competitividad, este año Invap acordó exportaciones por US$ 200 millones: construye un reactor en Arabia, amplía la potencia del reactor exportado a Argelia hace dos décadas, y levanta una planta de producción de radioisótopos en la India. Mientras que con los Estados Unidos, Holanda, Brasil y Sudáfrica negocia la venta de otros reactores.

Francia, China, Estados Unidos, Rusia, Japón y Corea del Sur son los países que actualmente también exportan tecnología nuclear y los únicos que construyen centrales nucleares, como son Atucha I y II, que sirven para generar energía.

Entre estos países, desde hace casi 40 años, la Argentina logró mantenerse activa en la tecnología nuclear. Lo hizo al especializarse en fabricar reactores pequeños, que se usan principalmente para producir radioisótopos, un elemento radiactivo para el diagnóstico y el tratamiento de enfermedades. Son reactores 100 veces menos potentes y por lo menos 10 veces menos costosos. Pero que trabajan con la misma tecnología.

Si prosperara una serie de negociaciones de Invap, la Argentina conseguiría varios hitos en 2017, como venderle un reactor a Estados Unidos y desembarcar por primera vez en Europa, con un reactor para Holanda. Y hay proyectos para Sudáfrica y Brasil. Está en juego un ingreso de divisas de US$ 800 millones.

Es probable que Invap logre cerrar varios de esos negocios. En 2006 le vendió a Australia un reactor por US$ 200 millones, lo que representó la mayor exportación de tecnología llave en mano de la historia argentina. Ese reactor multipropósito -sirve para producir radioisótopos, realizar investigaciones, irradiar materiales para uso industrial y entrenar personal- es señalado a nivel mundial como uno de los reactores más versátiles y complejos del mundo.

"Los proyectos de Argelia, la India y Arabia Saudita se terminarán de construir en entre dos y tres años", confirmó Juan Pablo Ordóñez, subgerente general de Invap, que nació en 1976 y que dos años después colaboró en la primera exportación de un reactor, hecha a Perú por la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA). La CNEA exportó otro reactor a Perú en 1988 y finalmente depositó ese papel en Invap, que construyó y vendió los tres siguientes: a Argelia (1989), a Egipto (1998) y a Australia (2006).

Ordóñez explicó que para el reactor de Brasil el gobierno de ese país los contrató para hacer la ingeniería básica del equipo y esperan adjudicarse la etapa de la ingeniería de detalle. Para el reactor de Estados Unidos, que será financiado por privados y lo usará un laboratorio, aguardan un inversor que reemplace a otro que se retiró.

Para el de Holanda, Invap competirá contra una empresa de Corea del Sur en la licitación por fabricar un reactor que reemplazará uno que en 10 años debe dejar de operar. Y para el de Sudáfrica, se asoció a la firma francesa Areva para competir en una licitación que se definirá en 2017.

Lla Argentina ocupa un lugar de vanguardia en tecnología nuclear por un proceso que lleva casi siete décadas y que comenzó en 1950, cuando se creó la CNEA, institución que ocho años después inauguró el reactor de investigación RA-1, el primero de América latina, fabricado íntegramente en el país.

Desde 1950, y más allá de que la construcción de la tercera central nuclear del país estuvo detenida por decisión del Estado entre 1995 y 2006, la industria nuclear nunca se paralizó por completo. O, para ser más justos, los científicos e investigadores lograron mantener viva la industria aun en los años en los que la inversión del Estado era casi nula.

De hecho, Invap exportó un reactor a Egipto en 1998, tres años después de que el entonces presidente Carlos Menem paralizó el plan nuclear y lógicamente la construcción de Atucha II, obra que se retomó en 2006 y se pudo inaugurar en 2014.

"Las razones por las cuales la Argentina es competitiva en el mercado de las tecnologías nucleares son múltiples y sólo puedo esbozar algunas. El nudo de la cuestión está, me parece, en la creación de la CNEA. En su desarrollo y sostenimiento a lo largo de gobiernos con diferente orientación, algunos de los cuales tuvieron políticas muy negativas para el sector", reflexionó Carla Notari, fundadora y decana del Instituto de Tecnología Nuclear Dan Beninson, una de las tres instituciones que dependen de la CNEA -junto con los institutos Balseiro y Sabato- y que forman técnicos, licenciados e ingenieros con orientación en tecnologías nucleares. "Es decir, a pesar de esas políticas y sus nefastas consecuencias, la dinámica misma de la institución, fuertemente sostenida por los recursos humanos, los grupos de investigación y desarrollo y su doble conexión con la investigación básica y con el sector productivo, produjeron este fenómeno de permanencia y evolución que a veces nos sorprende como la mosca blanca de las instituciones de ciencia y tecnología argentinas", añadió .

Para Ordóñez, la competitividad del sector se da por varias cuestiones en simultáneo: "Existe una continuidad de políticas, pero también a nivel de dirigentes. La CNEA no ha tenido fuertes variaciones de conducción y, en general, la gente que la ha conducido ha sido experta. Y en Invap, en 40 años hemos tenido sólo dos gerentes generales. A esa continuidad se suma la disponibilidad de gente capaz, de materia gris".

El sector nuclear nacional tiene expectativas en torno de la posibilidad de abrirse más a la exportación: se trata de la construcción, en Lima, de la Central Argentina de Elementos Modulares (Carem), un prototipo de reactor nuclear de baja potencia para abastecimiento eléctrico de zonas de 100.000 habitantes, alejadas de grandes centros urbanos. La obra está en marcha desde febrero de 2014. "De ese tipo, denominado SMR, (por sus siglas en inglés Small Modular Reactor), es el reactor que a nivel mundial está más avanzado en cuanto a su construcción. La primera criticidad -reacción nuclear en cadena- está prevista para el primer semestre de 2019", adelantaron desde la CNEA, donde afirmaron que será un reactor 100% de diseño argentino y con un 70% de componentes nacionales. "Estamos incentivados porque vamos a ser los primeros en desarrollar este tipo de reactores y vamos a poder absorber parte del mercado mundial de este segmento", se entusiasmó Osvaldo Calzetta, presidente de la CNEA.

Acuerdos para la construcción de Atucha III

  • La Argentina tiene tres centrales nucleares: Atucha I y Atucha II, en Lima;, y Embalse, en Córdoba. Generan el 4,2% de la matriz energética nacional. Ese porcentaje crecerá con Atucha III. La particularidad de esa futura central es que tendrá gran participación nacional. El diseñador, constructor y operador será Nucleoeléctrica Argentina, sociedad del Estado, que opera las tres centrales.
  • "Tendrá una participación local superior al 60%", prometen en la empresa. El plan surgió en 2014, cuando se firmó un acuerdo con la Corporación Nacional Nuclear de China, que se compromete a cooperar con equipos, componentes y materiales. En 2015, China acordó financiar el 85% de los US$ 5800 millones para la obra, contratos que revisa el Gobierno. "Si logramos firmar los contratos en el primer trismestre, sería lógico pensar que en el primer semestre de 2017 estaremos viendo movimiento de la actividad", dijo Omar Semmoloni, presidente de Nucleoeléctrica Argentina.

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