Richard Ashcroft se despidió de Buenos Aires con un gran show en el Gran Rex

Ashcroft, anoche en el Gran Rex
Ashcroft, anoche en el Gran Rex
Tocó los clásicos de The Verve, canciones de su período solista y se sintió muy a gusto por la respuesta del público
Alejandro Lingenti
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25 de octubre de 2016  • 15:18

Después de seis años de silencio discográfico, Richard Ashcroft asomó la cabeza de nuevo hace unos meses con la edición de These People, un disco musicalmente más inspirado y menos disperso que su predecesor, el decepcionante RPA & The United Nations of Sound, pero también bastante sobrecargado de arengas políticamente correctas, una tendencia que el ex líder de The Verve fue agudizando con el paso del tiempo. Con una envidiable confianza en sí mismo, Aschroft canta en el tema que le da el nombre a ese nuevo álbum "I’m feeling like a number one again", toda una definición. La canción de autoayuda no fue parte del repertorio de anoche, en el sideshow que ofreció luego de una celebrada performance en el Personal Fest , pero de algún modo simboliza el presente de un artista con una carrera irregular y accidentada (problemas con los sellos y con las drogas, acusaciones de plagio, disputas internas en The Verve) que parece haberse puesto de nuevo de pie.

Justamente para pisar sobre seguro, la lista de temas del Gran Rex estuvo apoyada en la sólida base de Urban Hymns (1997). Sonaron los cuatro singles de ese muy buen disco, que además fue un éxito -diez millones de copias vendidas-: "Sonnet", "Lucky Man" (un tema que perfectamente podría confundirse con uno de Oasis), "The Drugs Don't Work" y, obviamente, "Bitter Sweet Simphony". Y también lo mejor de Human Conditions (2003) y Keys to the World (2006): "Science of Silence" y "Music is Power". Para terminar de meterse en el bolsillo a una audiencia enfervorizada que colmó el teatro, Ashcroft apeló un ratito a la demagogia (la camiseta de la Selección argentina, otra vez), pero también a la enorme energía que sabe transmitir sobre el el escenario. Su banda tiene groove, solidez y contundencia, y por fortuna es muy poco apegada al despliegue de virtuosismo. En plena era de la explosión britpop, The Verve se destacaba por la vehemencia de su vivo. Y esa llama se mantiene encendida en manos de Ashcroft. "Es bueno estar en casa", dijo cuando percibió, ya en el primer tramo del concierto, que había buen ida y vuelta con la gente. Más allá de la poca atención prestada en esta oportunidad al flamante These People, está claro que la receta actual de Aschcroft responde a la probada fórmula que patentó con el grupo que lo hizo famoso: canciones de tono épico y trasfondo soul barnizadas de una leve psicodelia, con los omnipresentes arreglos orquestales que elevan su dramatismo esta vez disparados desde la consola. Como dicen los futboleros, para asegurar el penal hay que patear fuerte y al medio.

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