Horacio Cabak: “La TV abierta está muy efectista”

«Tener un poco de nervios [al conducir] y me parece que te hace estar sumamente a la expectativa y despierto con lo que va a pasar»
«Tener un poco de nervios [al conducir] y me parece que te hace estar sumamente a la expectativa y despierto con lo que va a pasar»
El conductor habló de su trabajo en la pantalla chica y, además, reflexionó sobre el medio y repasó su carrera
Malen Lesser
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5 de noviembre de 2016  • 00:41

Horacio Cabak pertenece a la generación de conductores que vinieron a descontracturar la televisión. Con su look canchero y su sonrisa de publicidad, el ex modelo ofreció a la pantalla un plus que pegó y se transformó en su marca registrada. Hoy, conduce La jaula de la moda y Horas, minutos y segundos (un programa sobre lujo y alta relojería), ambos por Magazine, y en radio lleva adelante Un ciudadano común. Su próximo reto es en las grandes ligas de la televisión por cable, al frente de un certamen global. Se trata de Miss Universo Argentina, un mega show emitido por TNT, con musicales incluidos que develarán la finalista nacional que nos representará en el concurso internacional. El vértigo del vivo que tanto agita el corazón de los que enfrentan las cámaras dirá presente mañana, a las 22,[ se repetirá la emisión al día siguiente].

Camino al andar

Horacio acaba de cumplir 46 años y recuerda con orgullo sus primeros pasos. “Lo que más me enorgullece es no haber defraudado a cada una de las personas que me abrió una puerta, siempre me lo tomé en serio, me formé, fui respetuoso con el público y le puse garra”, sintetiza a LA NACION. Pero no siempre fue así. Hubo algunos palos en la rueda. Cuenta la anécdota que sus profesores de arquitectura de la universidad no le creían mucho porque vivía viajando y faltando a clases - ya trabajaba como modelo a los 19 años para la firma Calvin Klein-, sin embargo se ganó su respeto cuando, antes de abandonar la carrera de arquitectura, esperó a entregar un trabajo final en grupo para que sus compañeros pudieran aprobar la materia. Luego, la dejó. “Mis compañeros que siguieron me contaban que me ponían de ejemplo al año siguiente”. Sin arrepentimientos, después de consolidarse al año siguiente como modelo para comerciales, disfrutó un tiempo de ser mannequin, pero no duró.

Inquieto por naturaleza, siempre supo que quería ser más que “una cara bonita”. Así, reconoce: “Tenía que darle cause a algo más que había en mí". Tenía curiosidad innata y algo heredada por parte de abuelo materno, por las tendencias, la comunicación y el diseño. Más tarde surgió su amor por la publicidad. Juan Gujis le dio su primer oportunidad en El show creativo y fue la llave de lo que vino después. El resultado es el conductor todo terreno que es hoy.

-¿Qué te interesó de ser el conductor de una gala como Miss Universo Argentina?

-Me pareció un interesante desafío por la importancia de esta transmisión a nivel mundial y porque TNT estuviera detrás de todo esto. Si bien es cierto que es la primera vez que participo de un concurso de belleza, trabajo hace 20 años como modelo y me siguen vinculando al mundo de la moda, además conduzco un programa que tiene que ver con la moda. Lo que particularmente me divierte es lo que implica el desafío de los grandes shows, más allá de que es un concurso de belleza es un gran show televisivo con la presencia de las participantes, del jurado y la repercusión que esto genera. Hay mucha producción. Yo me siento un piloto a la hora de subirme a un avión y de todas las categorías de avión me parece que este es un Jumbo, es uno super grande y me gusta el desafío de subirme y finalmente pilotearlo.

-¿Sentís nervios todavía?

-Siempre están. Sobre todo porque a diferencia de un programa que uno hace habitualmente y ya lo venís conociendo, esto es más parecido a estrenar una obra de teatro, algo nuevo cada día. Más allá de que venimos trabajando los días previos y tenemos varios ensayos generales, al momento de salir al aire y sobre todo siendo un programa en vivo, tenés un poquito de nervios y me parece que eso es lo que te hace estar sumamente a la expectativa y despierto con lo que va a pasar.

-¿Tuviste algún un error de esos inolvidables al aire?

-Yo trabajo con empresas y comparto escenario con directivos que no están habituados a hablar, siempre los asesoro y sobre los errores les digo que lo más importante es que la gente no se dé cuenta que te equivocaste. Al hacer un programa estás permanentemente expuesto al error. No hay posibilidad de frenar y volver atrás, estoy hablando y comunicando y por ahí no es exactamente como lo había pensado o hay un pequeño error que lo sé yo y alguien de producción, pero la clave es no dudar. Yo nunca tuve un error grave al aire, pero me parece que es parte del trabajo, tiene cierta imperfección. Lo importante es llevarlo con naturalidad. Pueden existir mil fallas producto de los engranajes que componen un programa, tu trabajo es hacer de eso un momento divertido, algo gracioso y que el público termine dudando si lo hicieron a propósito como parte del show o ni se entere. Antes la TV no lo permitía, todo era más acartonado y estaba el famoso "estirá, estirá". Esa perfección tan dramática de hace 30 años atrás ya pasó. La tele actual te permite capitalizar estas cosas y divertirte.

El gran anfitrión
El gran anfitrión

-¿Creés que esta naturalidad es algo así como el secreto de tu éxito?

-Lo que yo intenté siempre fue adaptarme a la situación. El trabajo, mi vínculo con los canales y la subsistencia o no de determinados formatos hizo que terminara trabajando en muchos diferentes, no sé si evaluarlo como el secreto de mi éxito. Amo mi trabajo, lo hago hace mucho e intento habitar las cámaras de la forma más natural posible, en dos sentidos: en que se vea natural y en no forzar un personaje. Lo que mejor me hace sentir en cuanto a hacer televisión es que no hago un personaje impostado ni distinto a cómo soy en mi vida diaria. Por ahí, en mi vida cotidiana soy un poco más callado o no me la paso sacando tema de conversación, pero finalmente la forma de vincularme con la gente es en esencia la misma.

-Con respecto a la tele, ¿hay alguna crítica que tengas para hacerle?

-Creo que la pantalla argentina tiene mucha oferta. En demasiadas ocasiones cuando se hace el análisis de la tele se limita a los canales de aire y el cable ha crecido muchísimo y ha brindado muchísimas opciones al público. En cuanto al contenido, creo que está lo que la gente quiere ver. Eso sí, sobre todo en los canales de aire que son los que están más acotados o atentos al minuto a minuto. Mi crítica es que por ahí, en esa búsqueda, caes en el impacto y sostener eso no siempre es fácil. La TV abierta está muy efectista, todo el tiempo pensando en la reacción de la gente, de los portales, de las redes y con la zanahoria de visualizar lo que está pasando, lo que repercuta. Entonces se hacen los programas no sólo pensando en la gente que los ve porque ahora ya no alcanza, también hay que pensar en la gente que lo está tuiteando, en los que están titulando los portales, en los periodistas que buscan el cierre de la edición para el día siguiente... La veo muy necesitada del efectismo.

-¿Cuál es tu relación personal con las redes?

-Tengo Twitter y tengo Instagram. Cualquier red social que aparezca lo primero que hago es tomarla para que nadie se apropie de ni nombre. Después hay algunas que las uso más y otras menos. En la red del pajarito tengo vínculos laborales, lo uso para informarme de diversos temas que me interesan, tecnología, música, tendencias en diseño, etc. No soy de publicar mucho, ni de decir "Buen día, miren el café que me estoy tomando". A nivel personal no las uso ni publico mi vida privada, fotos de mis hijos ni nada.

-¿Cómo lográs que este perfil bajo conviva con una carrera que se tata de exponerte?

-Bueno, las redes no estaban en auge cuando empecé y lo demás fue un proceso natural. El haber empezado a vincularme con este medio antes de la locura de las redes sociales y la demanda de información privada ayudó. Yo era modelo y la repercusión de mi trabajo era por el trabajo en sí mismo, no por escándalos ni trascendidos. Cuando pasé a conductor fue igual, gradual y siempre intenté que ni mi mujer ni mis hijos se vieran afectados por mi lugar de exposición porque ellos no trabajan para este medio, y yo sí. Mi relación con la prensa fue siempre respetuosa y jamás tuve un problema de nada. Creo que las reglas siempre fueron claras.

-En este contexto de Ni una menos , ¿cómo ves el lugar de la mujer en le tele?

-Claramente es un reflejo de cómo se la trata en la sociedad. Creo que es posible admirar su belleza, que tiene que ver no sólo con lo que se ve sino con su fuerza y su magia y respetarla, no cosificarla. Tenemos como sociedad un largo camino por recorrer y es algo que como padre de una hija de 11 años me preocupa, como hombre cada vez más consciente también. Creo que la visibilidad que tiene ahora el tema está muy bien, pero veo alarmante que esto no modifica las cosas. No se toman cartas en el asunto. La clase política, quienes tienen cargos legislativos, ejecutivos y judiciales permanecen aletargados con este tema. Levantan el cartelito de Ni una menos y son los que tienen que levantar la mano para votar leyes que resuelvan estas cosas, que actúen rápidamente para proteger a las víctimas y para brindar herramientas que signifiquen soluciones. Yo vengo de una familia en la que somos todos hermanos varones y con el tiempo, descubrís lo diferente que puede ser el simple hecho de caminar por la calle siendo un varón que siendo una mujer y tomás dimensión del problema. Hay un serio problema cultural a cambiar de raíz y cuánto más tarde empecemos, más tarde vamos a cambiarlo. Todos estamos involucrados y desde todos los espacios, no sólo desde los medios, hay que hacer el trabajo entre todos.

-¿Te queda algún pendiente? ¿Algo que te gustaría hacer y aún no hiciste?

-Me encantaría hacer un late night, ese formato que tanto se usa en los Estados Unidos, con invitados que vengan a divertirse, a participar de un buen momento, terminar el día con humor, un poco de ironía y algo de actualidad, que las estrellas vengan a divertirse y no a promocionar sólo un trabajo, acá somos bastante vagos para eso, no sé si funcionaría, aunque afuera sí pasa y es un éxito.

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