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La ciudad se expresa en cada ventana

Diana Fernández Irusta
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30 de octubre de 2016  

No hay otro paisaje de la Modernidad que no sea el de lo urbano. Y probablemente tampoco lo haya para estos tiempos aún sin nombre demasiado establecido (¿post-posmodernos?). Lo urbano marca nuestros ritmos, construye sentido, impregna incluso el intangible universo de lo digital.

Somos la ciudad y la ciudad es, en su dimensión más sutil y enigmática, sus ventanas. Como la carta robada de Poe, la cifra de cada gran urbe está en esos recuadritos que salpican los edificios, a la vista y escondidos de todos. Así lo percibe la fotógrafa norteamericana Gail Albert Halaban, autora del proyecto Out of My Windows y dedicada desde hace un tiempo precisamente a eso: registrar el pulso de dos ciudades paradigmáticas -París y Nueva York- a partir de la fibra secreta de sus ventanas abiertas.

Colaboradora de The Guardian, The New York Times y Le Monde, egresada de Yale y autora de una tesis sobre la historia de la fotografía documental, la autora publica algunas de estas imágenes en un sitio web, donde también hay videos que amplían la perspectiva del proyecto. Podría decirse que su indagación tiene algo de antropológico, pero no sería hacerle total justicia. Hay, por supuesto, búsqueda de lo humano: las imágenes bucean en el entorno, las construcciones, el modo en que la especie sigue recreando aquel lugar mítico, la cueva ancestral. Las ventanas horadan lo compacto del cemento y, tras ellas, asoma la fragilidad de alguna que otra vida repentinamente descubierta por la fotógrafa.

Pero hay también un trabajo con la luz. Las ventanas de una ciudad tienden a abrirse a la mirada del voyeur sólo cuando mengua la furia solar: por la mañana, mientras los restos nocturnos apenas insisten y en ese instante exquisito del atardecer, diáfano y levemente inclinado hacia la noche, que algunos llaman la "hora dorada". Es entonces cuando la mirada de Halaban comienza a funcionar; es en esos momentos del día, cuando los interiores de las viviendas iluminan más que el exterior, cuando asoman los gestos que importan: la intimidad de quien se desviste o alza a un niño, la mirada perdida del hombre que mira hacia afuera (pero no en dirección a la cámara), los cuadros, afiches, muebles; el color de una pared, la sombra de alguna cortina.

En los textos que reflexionan sobre Out of My Window hay una referencia casi omnipresente: el film La ventana indiscreta, de Alfred Hitchcock. Sin embargo, en su sitio web la fotógrafa apela a otro célebre antecedente. "Lo que vemos a la luz del sol siempre es menos interesante que lo que podemos percibir tras el vidrio de una ventana." Sí, la gran voz de la era moderna. Sí, Baudelaire.

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