Adrián Iaies: "El circuito de jazz porteño es riquísimo"

El pianista habla de sus viajes y sus regresos
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6 de noviembre de 2016  

-¿Qué es lo que más te entusiasma de la situación de estar de viaje?

-No soy muy amante de viajar. Creo que lo que más me entusiasma es saber que vuelvo a casa. Fuera de broma, siempre asocié viajar con trabajo, con llegar a un lugar nuevo a dar conciertos. De todos modos, he redescubierto el placer de simplemente viajar por mi mujer, que para eso es una campeona.

-¿Cuál es el hotel más jazzero en el que te hayas hospedado?

-Qué difícil. Creo que el hotel María Cristina, en San Sebastián, cuando fui a tocar hace ya muchos años. Porque en los pasillos te cruzabas a todos, de Chick Corea a Andrew Hill. Durante el festival es un hotel tomado por las huestes jazzeras. Suena esa música, podías encontrarte en el lobby a Dave Douglas y Jorge Pardo zapando a dúo, cosas así.

-¿Si pudieras conformar una banda de jazz con músicos de todas partes y de todos los tiempos, a quiénes elegirías?

-Se me ocurren mil, pero un buen quinteto podría ser con Art Farmer en trompeta, Stan Getz en saxo tenor, Charlie Haden en contrabajo y Paul Motian en batería. Me sentaría en el piano sólo para escucharlos de bien cerca, ni se me ocurriría interrumpirlos molestando con el piano.

-¿Cinco discos de jazz para escuchar en la ruta?

-Affinity, de Bill Evans y Toots Thielemans; Joao Gilberto, voz y violao, Nocturne, de Charlie Haden, People Time, de Kenny Barron y Stan Getz y Live at Bimhuis, de Fred Hersch.

-¿Cómo ves el circuito de jazz en Buenos Aires, comparado con otras ciudades del mundo?

-El circuito porteño es riquísimo y variado. Tenés por lo menos cinco o seis clubes que programan jazz varios días a la semana, todos tienen pianos razonables, y en todos se ve mucho público. Y no es fácil encontrar clubes de jazz tan lindos como, por ejemplo, Thelonious, en otras partes del mundo. Hay muchos músicos, de estilos variadísimos, hay desde pibes muy jóvenes hasta veteranos tocando, y hay un público que es particularmente conocedor y respetuoso.

-¿Cuál es el destino más exótico que haya visitado alguna vez?

-Creo que Oslo. Fui en 2005 a un festival muy grande. Lo que me sorprendió particularmente es que el público era muy parecido al porteño y la cantidad de músicos noruegos interesados en tocar música argentina. Y fui en pleno invierno así que todo el tiempo era de noche. Una maravilla.

-¿A dónde partirías hoy para hacer una escapada de fin de semana?

-Probablemente a Montevideo. Porque está cerca y me encantan esa ciudad y los uruguayos. Si tuviera un par de días más, Brasil, Brasil, Brasil.

-¿Viajaste alguna vez a un all inclusive?

-Nunca. Ni en la peor de mis pesadillas.

-¿Alguna anécdota en el camino?

-En Cádiz, después de una prueba de sonido, nos fuimos con Horacio Fumero a un bar medio de mala muerte a tomar algo. Entramos, sonaba un disco de un trío que claramente parecía ser el de Bill Evans. Nos sentamos en la barra y empecé a conjeturar qué disco era, el repertorio, los músicos, superseguro y agrandado. Ya en esa época yo tendría en mi discoteca más de 60 o 70 discos de Evans. Y el tipo que estaba del otro lado de la barra, que era una caricatura de un mozo español que parecía no estar interesado en nada, atendía, secaba copas, preparaba café y sin amago de corregirme me dejó hablar, cada tanto me miraba, pero no decía nada. Hasta que un momento se sonrío apenas y sin hacer ningún gesto de entusiasmo ni poner mayor énfasis nos dijo: "Parece Bill Evans, pero es el trío de Larry Willis", y siguió con sus cosas como si nada. Creo que Fumero aún hoy se ríe. Luego me enteré de que el sentido de humor de los gaditanos es famoso.

-¿Un día de vacaciones perfecto?

-Un hotel lindo en el norte de Brasil, de Recife hacia arriba. Un hotel que no permita niños. Hace poco estuvimos en uno así en Porto de Galinhas. Es una maravilla por lo silencioso. Desayuno brasileño del bueno y luego a caminar por la playa hasta encontrar una barraquinha para la primera caipirinha, que no puede ser mas allá de las 11.30 de la mañana. Almorzar peixe en otra barraquinha al borde del mar, hacer fiaca, y volver caminando. Meterme al mar una vez cada media hora y no ser avaro con la cantidad de caipirinhas. Cenar peixe y simplemente esperar que el día termine. No excursiones, no paseos a puntos de interés turístico, no guías de viaje, no paseos en buggy ni avistamiento de clase alguna de animal, nada de eso.ß

Para más datos: pianista y compositor, Adrián Iaies presenta por estos días dos nuevos discos: Como si te estuviese viendo y La vida elige. Además, dirige el Festival de Jazz de Buenos Aires, que se llevará a cabo este mes.

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