La victoria de Donald Trump: un terremoto con sabor a fin de ciclo

Silvia Pisani
Silvia Pisani LA NACION
Donald Trump sorprendió y ganó la presidencia de Estados Unidos
Donald Trump sorprendió y ganó la presidencia de Estados Unidos Fuente: Archivo
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9 de noviembre de 2016  • 05:02

WASHINGTON.- Lo ocurrido en Estados Unidos tiene aroma a fin de ciclo. No es solamente la derrota de Hillary Clinton , que lo es. Es también el cierre de la forma política que abrió la llegada de Barack Obama a la Casa Blanca, hace ocho años.

La llegada del antisistema Donald Trump a la Casa Blanca abre una etapa de incertidumbre. Un cambio de paradigma. Un nuevo orden que es como una Caja de Pandora. Detesta a los políticos y “aborrece” la idea de que lo confundan como tal.

Era tal la sorpresa anoche en este país que más que preguntarse por qué había ganado Trump muchos se preguntaban por qué había perdido la favorita Hillary Clinton .

Lo que queda claro es que la candidata menos popular y más resistida en la historia política del país recibió un voto de rechazo mucho mayor de lo esperado y aún de los sectores de los que esperaba apoyo.

El tsunami político experimentado aquí no se explica solamente por el voto de los blancos empobrecidos del Medio Oeste, considerado el tradicional respaldo del magnate. Aquí hubo un fuerte voto transversal a favor de Trump y ese es el mensaje.

El voto vergonzante, el voto oculto, el voto que no apareció en los sondeos era mucho más fuerte que lo estimado. Había más gente dentro del armario de la que se quiso ver.

El voto a favor de Trump reconoce importantes cucharadas de respaldo en sectores que los demócratas creían propios. Como las minorías hispana y afroamericana. Ese es otro mensaje para la cantidad de promesas incumplidas.

El resultado muestra también un país dividido. El triunfo de Trump implica un terremoto político. Pero llega con lo justo.

Hay medio país que lo rechaza, así como hay otro medio país que rechaza lo que Clinton representa: el sistema. La política de siempre.

Hay, también, una sociedad profundamente desencantada con su sistema de administración. Con sus instituciones de gobierno. Con lo que esa administración le da a cambio de los impuestos que paga.

Es un cóctel pesado. Sociedad fracturada, polarización y desencanto, como movilizadores para un gobierno que llega con la identidad antisistema y que reconoce no saber mucho de los temas que tiene por delante.

Nada de lo que ocurre en Estados Unidos es indiferente al mundo. Las elecciones de esta noche zanjaron algo más que la presidencia de este país. Un nuevo orden parece asomar y nadie tiene muy en claro con qué valores y con qué forma cobrará cuerpo.

La noche cerró con una sorpresa más. Clinton no concedió públicamente la derrota. Un llamativo cambio de papeles. Hasta hace unas horas, era Trump el sospechoso de caer en una actitud de ese tipo.

Sin embargo, fue la política experimentada. La figura con treinta años en la esfera pública la que regaló esa última cucharada de sospechosa pirotecnia.

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