Actores magníficos que interpretan a mujeres

Natalia Laube
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11 de noviembre de 2016  

Gurisa / Autoría y dirección: Toto Castiñeiras / Intérpretes: Juan Azar, Francisco Bertín, Nicolás Deppetre, Marcelo Estebecorena, Pablo Palavecino, Fred Raposo / Vestuario: Daniela Taiana / Coreografía: Valeria Narváez / Funciones: viernes, a las 23 / Sala: El Portón de Sánchez / Duración: 65 minutos / Nuestra opinión: buena

Digamos, por empezar a describirla de algún modo, que Gurisa es la deconstrucción de una tragedia gauchesca. La trama nunca se ofrecerá de un modo demasiado accesible al espectador ni quedará del todo clara al final de la función, por lo que hay que atenerse a otras evidencias escénicas para llegar a esa conclusión: mucho más que en su argumento, el espíritu gaucho de la obra puede rastrearse en los personajes (la gurisa, la esclava, la inglesa), las problemáticas que se ponen en juego (la dicotomía civilización/barbarie) y los motivos del texto (la invocación al Tata, los chanchos, la Pampa). Hay, para tranquilidad de quienes no pueden disfrutar sin claves de lectura, una sinopsis en el programa de mano. Pero poco, o casi nada de todo eso que se anuncia, puede rastrearse en escena. Ese texto deconstruido y estallado del que parte Gurisa parece más bien una excusa para disparar una maquinaria escénica potente, en la que el juego de luces es lo primero que sorprende (ni tachos ni reflectores: los actores se iluminan con lámparas de piso y la oscuridad, por momentos, se vuelve tan protagonista como la claridad).

Pero hay más: los sonidos y la música de diversos géneros atraviesan las escenas con fuerza arrolladora, como si cada sonido que se escucha se hubiera creado para acompañar ese, y ningún otro, momento de la obra. Dirigida por Toto Castiñeiras, clown y actor del Cirque Du Soleil, Gurisa es una pieza extraña de danza-teatro, un género del que no siempre se hallan buenos exponentes en cartelera. Parte de su fuerza radica en su conjunto de actores masculinos magníficos, que interpretan personajes femeninos con frescura, pero sin perderse en esos gestos que les son ajenos; que zapatean con la fuerza del pampero y se dejan llevar, también, por el ritmo de la electrónica. Porque jugar con los géneros y el género es lo que les divierte, o al menos eso es lo que parece.

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